Voy en un globo de aire caliente, surco el cielo.
Atravieso sueños, arcoíris, tormentas.
A veces el peso de mis decisiones me hace perder altura, y, preocupada, busco la manera de desprenderlo, pensando en que pronto se hará de noche. Olvidando mirar hacia adelante para descubrir los rayos de luz que se atreven aún a asomar tras un horizonte lejano cruzando el cielo naranja, despidiéndose del día.
Mi globo flota suavemente recortando su perfil en el cielo. Por debajo, grandes campos de fresas se extienden hasta donde alcanza la vista, bañando colinas y laderas de un verde tan cálido que se acentúa con la luz del atardecer, y me hacen sentir segura a pesar de la altura.
Sueño con bajar; parar en mi viaje y ser una niña, y tirarme rodando por las verdes faldas de las montañas riendo a carcajadas con una amiga. Correr y esconderme, apretarme mucho al piso para que nadie me vea y sentir el olor de la tierra y las fresas. Acabar acostada, boca arriba, mirando el lento desfile de las nubes de algodón rosado y encontrar que tienen forma de estrella, o de pato enorme. Y soñar. Sueño con soñar.
Mi globo flota suavemente en el cielo, y tengo todo un mundo por delante.