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Basta

La luz del atardecer es naranja, y se ve la silueta de una niña con vestido avanzando por la cuerda floja. Pone un pie delante del otro una y otra vez; a veces su mirada es como la de una autómata.

Da un paso en falso y sus ojos despiertan. No se cae. Se mantiene a salvo y continúa caminando. Caminando, caminando, caminando.

La cuerda se alarga a cada paso que da, y se afloja cada vez que duda.

Ella no quiere estar ahí, pero traga saliva y mira poco hacia abajo, donde la tierra se ha abierto para dejar una herida abierta de color verde que sangra agua cristalina.

El paisaje es hermoso, todo verde bañado en luz de sol.

Nadie sabe quién es o por qué está ahí. Se la ve cerrar los ojos con fuerza un segundo, queriendo retener emociones que le impiden ver su camino y avanzar.

Es como un personaje de Chéjov, pero sin encanto. Es insignificante. Es polvo.

La cuerda cada vez se afloja más. El peso de la responsabilidad la obliga a continuar, ya que si no avanza, cae con todo.

A veces sus labios se mueven, cuando susurra que quisiera dejar de ser polvo y ser una pluma, y caer sóla y aún más insignificantemente. Caer lentamente, inadvertidamente, suavemente. Arrastrada por la corriente de aire fresco que le revuelve el pelo suelto que se enreda en sus pestañas, como queriendo acariciar sus ojos y decirle: "basta, basta".

Susurra, pero el viento traga sus palabras que nunca serán oídas.

Basta, basta.

Campos de fresas

Voy en un globo de aire caliente, surco el cielo.

Atravieso sueños, arcoíris, tormentas.

A veces el peso de mis decisiones me hace perder altura, y, preocupada, busco la manera de desprenderlo, pensando en que pronto se hará de noche. Olvidando mirar hacia adelante para descubrir los rayos de luz que se atreven aún a asomar tras un horizonte lejano cruzando el cielo naranja, despidiéndose del día.

Mi globo flota suavemente recortando su perfil en el cielo. Por debajo, grandes campos de fresas se extienden hasta donde alcanza la vista, bañando colinas y laderas de un verde tan cálido que se acentúa con la luz del atardecer, y me hacen sentir segura a pesar de la altura.

Sueño con bajar; parar en mi viaje y ser una niña, y tirarme rodando por las verdes faldas de las montañas riendo a carcajadas con una amiga. Correr y esconderme, apretarme mucho al piso para que nadie me vea y sentir el olor de la tierra y las fresas. Acabar acostada, boca arriba, mirando el lento desfile de las nubes de algodón rosado y encontrar que tienen forma de estrella, o de pato enorme. Y soñar. Sueño con soñar.

Mi globo flota suavemente en el cielo, y tengo todo un mundo por delante.

James Dean

Dream as if you'll live forever. Live as if you'll die today.
James Dean


Sueña como si fueses a vivir para siempre. Vive como su fueras a morir hoy.
Es una de las frases más conocidas del actor estadounidense James Dean.
Hace un rato estaba enganchada a una pequeña parte de un documental acerca de él -que es lo que alcancé a ver cuando decidí acercarme por el salón a hablar con mi madre y me di cuenta de que lo estaba viendo-, y cuando al final del todo salió esta frase se me quedó grabada.
Creo que alguna vez la oí y/o leí, pero hoy concretamente creo haberla entendido un poco más.
La verdad es que me gusta la idea que transmite.
Para empezar, soñar sin límites. Ahora mismo creo que vivimos mejor soñando aunque sea imposible.
Supongo que lo expresa mucho mejor Eduardo Galeano -periodista y escritor uruguayo- cuando nos habla de la utopía. Él dice:
"La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar."
Esa es la imagen que tengo yo de los sueños. A veces se cumplen, y surgen otros. A veces te acercas y ellos se alejan. Pero por mucho que se alejen, cada paso que has dado, cada esfuerzo, todo te ha acercado a ello de una manera u otra, y te ha hecho avanzar en tu vida.
Y repito que no es que crea que todo es de color rosa -y no sólo porque el rosa no sea uno de mis colores favoritos, desde pequeña le tenía manía por parecer tan "Barbie"-, no es que sea una simple soñadora con la cabeza en las nubes, o al menos me gusta pensar que no lo soy.
Solamente creo que no es excusa decir que no sirve de nada soñar para no avanzar. 

Avanzar es importante. Tenemos que crear caminos, vivir.
Lo cual nos lleva a la segunda parte de la frase. Vivir, como si murieras hoy.
Tampoco es que me aferre al no pensar en el mañana. Hay gente que malinterpreta ese Carpe Diem como si tuvieras que vivir autodestruyéndote y gastándote todo el dinero sin pensar en tu futuro.
Eso en mi opinión es una interpretación muy mala de un ideal tan bonito como el de querer vivir cada minuto de tu vida.

¿No sería precioso poder irnos a dormir cada día pensando que ha valido la pena despertarse?
Lo que quiero decir es que no estaría mal hacer un esfuerzo e intentar transformar hasta el día más inútil y poco productivo, pesado, triste y demás, de nuestras vidas en uno en el que haya valido la pena vivir.

Claro que no siempre es posible ya que todos tenemos días malos. Y estar triste no está prohibido por muy optimista que seas.
Pero mientras podamos deberíamos de tener esto en mente: hacer que cada día valga la pena.
Porque ya tenemos la suerte de sobrevivir. No todos la tienen. Y como he dicho mil veces, y lo seguiré diciendo -qué pesada que soy-, nadie muere hasta que muere.
No hay que estancarse en la mala energía, en la autocompasión... porque es muy tentador, y muy fácil. 
Hay que hacer un esfuerzo y reírnos, y mandar al mundo a la mierda por un ratito para disfrutar de la vida, y luego volver con fuerza.
Y con nuestros sueños en el horizonte, por supuesto.

¡Gracias por leer mis estupideces!