La luz del atardecer es naranja, y se ve la silueta de una niña con vestido avanzando por la cuerda floja. Pone un pie delante del otro una y otra vez; a veces su mirada es como la de una autómata.
Da un paso en falso y sus ojos despiertan. No se cae. Se mantiene a salvo y continúa caminando. Caminando, caminando, caminando.
La cuerda se alarga a cada paso que da, y se afloja cada vez que duda.
Ella no quiere estar ahí, pero traga saliva y mira poco hacia abajo, donde la tierra se ha abierto para dejar una herida abierta de color verde que sangra agua cristalina.
El paisaje es hermoso, todo verde bañado en luz de sol.
Nadie sabe quién es o por qué está ahí. Se la ve cerrar los ojos con fuerza un segundo, queriendo retener emociones que le impiden ver su camino y avanzar.
Es como un personaje de Chéjov, pero sin encanto. Es insignificante. Es polvo.
La cuerda cada vez se afloja más. El peso de la responsabilidad la obliga a continuar, ya que si no avanza, cae con todo.
A veces sus labios se mueven, cuando susurra que quisiera dejar de ser polvo y ser una pluma, y caer sóla y aún más insignificantemente. Caer lentamente, inadvertidamente, suavemente. Arrastrada por la corriente de aire fresco que le revuelve el pelo suelto que se enreda en sus pestañas, como queriendo acariciar sus ojos y decirle: "basta, basta".
Susurra, pero el viento traga sus palabras que nunca serán oídas.
Basta, basta.
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Carta a Nina
"Querida Nina,
Han caído unas gotas, las primeras del otoño.
Tenía la ventana abierta y entonces entró olor a tierra mojada. Y por algún motivo, me sentí como si me hubieran trasladado un segundo a casa. Sí, a CASA. En mayúsculas. No aquí.
Era un olor extraño para estar en la ciudad; no me lo esperaba. No en este edificio en el que vivo.
Así que el olor ha venido flotando y se ha colado entre las cortinas blancas de encaje que se ondearon unos segundos con el viento. Comenzaba también el frío.
La lluvia ha parado tan súbitamente como empezó, pero ha dejado todo un río de dudas y pensamientos que no sé cómo contarte.
Aquí en el futuro todo va bien, al menos dentro de lo que se puede esperar. Estás persiguiendo tus sueños, viviendo aventuras y conociendo lugares y personas únicas.
Aún así, no va bien.
Por algún motivo, has encontrado que no deberías de estar donde estás y aún así tienes la seguridad de que no hay vuelta atrás.
Estás viendo cómo tus esfuerzos se escurren por el más pequeño agujero, que pasó desapercibido. No hay camino hacia adelante, pero tampoco puedes volver.
No quieres decepcionarte, quieres terminar lo que empezaste, lo sé.
Nina, te juro que hay momentos en los que me gustaría que leyeras esto y cambiaras de idea. Quizás fuera doloroso no perseguir este sueño. Puede que me dieras una bofetada si te dijera estas palabras; tú siempre creíste firmemente en tirarse a por todas. Pero ¿qué dirías su supieras con seguridad que no lo estás consiguiendo?
Bueno, dirías que lo intentara más fuerte.
Pero te aseguro que hoy, justamente hoy, no entiendo qué haces tú aquí. No deberías. Quisiera protegerte.
Ya es tarde.
Te lo cuento a ti, y sólo a ti, porque no quiero palabras de ánimo. No quiero palabras vacías. No quiero que me digan que puedo con todo y más. Sé que puedo sobrevivir, ¡claro que puedo, joder!
Y tampoco quiero decepcionarte. Quiero terminar lo que he empezado.
Aún así... ¿Cómo cojones piensas sobrevivir aquí? Si te decepcionas cada día por no estar ni aquí ni allá; por haber venido para nada; por ser una carga...
Lo siento, no quiero hacer que te sientas mal. De hecho te admiro. Admiro tu determinación y tu energía y tus ganas... pero a mí todo esto se me está agotando y me odio por ello.
Nina... quisiera volver a verte pronto. Creo que me haces falta, porque no aguanto estar aquí en medio de la nada.
Un abrazo enorme; sé que lo necesitarás."
Han caído unas gotas, las primeras del otoño.
Tenía la ventana abierta y entonces entró olor a tierra mojada. Y por algún motivo, me sentí como si me hubieran trasladado un segundo a casa. Sí, a CASA. En mayúsculas. No aquí.
Era un olor extraño para estar en la ciudad; no me lo esperaba. No en este edificio en el que vivo.
Así que el olor ha venido flotando y se ha colado entre las cortinas blancas de encaje que se ondearon unos segundos con el viento. Comenzaba también el frío.
La lluvia ha parado tan súbitamente como empezó, pero ha dejado todo un río de dudas y pensamientos que no sé cómo contarte.
Aquí en el futuro todo va bien, al menos dentro de lo que se puede esperar. Estás persiguiendo tus sueños, viviendo aventuras y conociendo lugares y personas únicas.
Aún así, no va bien.
Por algún motivo, has encontrado que no deberías de estar donde estás y aún así tienes la seguridad de que no hay vuelta atrás.
Estás viendo cómo tus esfuerzos se escurren por el más pequeño agujero, que pasó desapercibido. No hay camino hacia adelante, pero tampoco puedes volver.
No quieres decepcionarte, quieres terminar lo que empezaste, lo sé.
Nina, te juro que hay momentos en los que me gustaría que leyeras esto y cambiaras de idea. Quizás fuera doloroso no perseguir este sueño. Puede que me dieras una bofetada si te dijera estas palabras; tú siempre creíste firmemente en tirarse a por todas. Pero ¿qué dirías su supieras con seguridad que no lo estás consiguiendo?
Bueno, dirías que lo intentara más fuerte.
Pero te aseguro que hoy, justamente hoy, no entiendo qué haces tú aquí. No deberías. Quisiera protegerte.
Ya es tarde.
Te lo cuento a ti, y sólo a ti, porque no quiero palabras de ánimo. No quiero palabras vacías. No quiero que me digan que puedo con todo y más. Sé que puedo sobrevivir, ¡claro que puedo, joder!
Y tampoco quiero decepcionarte. Quiero terminar lo que he empezado.
Aún así... ¿Cómo cojones piensas sobrevivir aquí? Si te decepcionas cada día por no estar ni aquí ni allá; por haber venido para nada; por ser una carga...
Lo siento, no quiero hacer que te sientas mal. De hecho te admiro. Admiro tu determinación y tu energía y tus ganas... pero a mí todo esto se me está agotando y me odio por ello.
Nina... quisiera volver a verte pronto. Creo que me haces falta, porque no aguanto estar aquí en medio de la nada.
Un abrazo enorme; sé que lo necesitarás."
Miedos
Un ejercicio en clase me ha dejado pensando. Consistía simplemente en dejarte caer hacia atrás desde una mesa, y el resto te sujetaban antes de llegar al suelo. Al principio da miedo, pero en el momento simplemente te inclinas y sucede. Y no pasa nada.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.
Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.
Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.
¡Despierta!
Estoy harta de esta pasividad social casi contagiosa. El mundo va fatal, y todos tan tranquilos.
En días como hoy, sólo me apetece tomar las calles y hacer algo. Algo que sirva. Protestar y remover conciencias, hacer entender a la masa que lo que se ve en las noticias no sólo es una mínima parte de lo que sucede en realidad, sino que es REAL, que no es simplemente una imagen en nuestros televisores que está tan lejos de nosotros y que no nos afecta.
Que no debemos, que no podemos desentendernos, que si no somos parte de la solución estamos siendo parte del problema.
¡Qué impotencia más grande! Y yo aquí, escribiendo. Cada segundo que paso sin hacer algo me parece un desperdicio.
En esta sociedad parece que estamos atolondrados.
Lo que no da un resultado inmediato no se aprecia, así que no hacemos nada. No cambiamos nada.
Y eso es lo que falta. ¡Faltan ganas de cambiar el mundo! ¡Falta sangre en las venas! ¿Qué nos pasa?
Todas las generaciones babeando frente a la tele, y el mundo se nos va al garete. ¿Dónde han quedado las ganas de luchar? ¿Dónde el apoyo del pueblo al pueblo? ¿Dónde?
Fijamos la vista en la propia nariz y olvidamos que hay algo más allá de nosotros mismos.
Luego nos da "penita" la pequeña parte de información que nos llega por el telediario acerca de las guerras, el hambre, la contaminación, ... Y a cambiar de canal, que no pasa nada, que está la Esteban en el otro canal.
Y luego están las ONGs -no todas- que se estafan, como mínimo, la mitad de lo que sacan haciendo sentir culpable a la gente. Se aprovechan de las ganas de mejorar el mundo, o al menos, de las conciencias de alguna gente. Hay que ser cabrones.
Y así seguimos, con los ojos entrecerrados, sin querer mirar a lo evidente.
Todos víctimas sin poner oposición de lobotomías sociales.
Y hablo de "nosotros" porque en el fondo ¡nos afecta a todos! Aunque no queramos, aunque nos neguemos. Así es, nos afecta, nos aliena.
Sólo pido a quien lea esto que recupere algo de su sangre, algo de fuerza, de opinión, de ganas de luchar y de cambiar las cosas. Y que no abandone, aunque la cosa esté para tirarla. Que aunque parezca que no hay nada que hacer, todo cuenta, que lo peor es no hacer nada.
Y que si nos unimos, siempre podemos hacer algo, aunque parezca poco.
En días como hoy, sólo me apetece tomar las calles y hacer algo. Algo que sirva. Protestar y remover conciencias, hacer entender a la masa que lo que se ve en las noticias no sólo es una mínima parte de lo que sucede en realidad, sino que es REAL, que no es simplemente una imagen en nuestros televisores que está tan lejos de nosotros y que no nos afecta.
Que no debemos, que no podemos desentendernos, que si no somos parte de la solución estamos siendo parte del problema.
¡Qué impotencia más grande! Y yo aquí, escribiendo. Cada segundo que paso sin hacer algo me parece un desperdicio.
En esta sociedad parece que estamos atolondrados.
Lo que no da un resultado inmediato no se aprecia, así que no hacemos nada. No cambiamos nada.
Y eso es lo que falta. ¡Faltan ganas de cambiar el mundo! ¡Falta sangre en las venas! ¿Qué nos pasa?
Todas las generaciones babeando frente a la tele, y el mundo se nos va al garete. ¿Dónde han quedado las ganas de luchar? ¿Dónde el apoyo del pueblo al pueblo? ¿Dónde?
Fijamos la vista en la propia nariz y olvidamos que hay algo más allá de nosotros mismos.
Luego nos da "penita" la pequeña parte de información que nos llega por el telediario acerca de las guerras, el hambre, la contaminación, ... Y a cambiar de canal, que no pasa nada, que está la Esteban en el otro canal.
Y luego están las ONGs -no todas- que se estafan, como mínimo, la mitad de lo que sacan haciendo sentir culpable a la gente. Se aprovechan de las ganas de mejorar el mundo, o al menos, de las conciencias de alguna gente. Hay que ser cabrones.
Y así seguimos, con los ojos entrecerrados, sin querer mirar a lo evidente.
Todos víctimas sin poner oposición de lobotomías sociales.
Y hablo de "nosotros" porque en el fondo ¡nos afecta a todos! Aunque no queramos, aunque nos neguemos. Así es, nos afecta, nos aliena.
Sólo pido a quien lea esto que recupere algo de su sangre, algo de fuerza, de opinión, de ganas de luchar y de cambiar las cosas. Y que no abandone, aunque la cosa esté para tirarla. Que aunque parezca que no hay nada que hacer, todo cuenta, que lo peor es no hacer nada.
Y que si nos unimos, siempre podemos hacer algo, aunque parezca poco.
Cambios
Estoy a poco más de un mes de acabar mi primer curso en la escuela de teatro. A poco más de un mes de mi primer curso viviendo fuera de casa -y digo "casa" porque sigue siendo mi hogar".
Es increíble lo rápido que ha pasado el tiempo, aunque a la vez me da la sensación de que mi vida allí hace más o menos un año, queda increíblemente lejos. Tengo una sensación temporal muy, muy rara. Como si no terminara de creerme ni que esta sea mi vida ahora, ni que esa lo fuera hace tan poco tiempo -ni tanto.
Esto suena muy raro, quizás es difícil de entender cuando no lo has vivido.
Pero han habido tantos cambios en este tiempo que apenas me reconozco, pero sigo siendo la misma. Incluso cuando vuelvo a la isla hay momentos en los que parece que el tiempo no ha pasado, y momentos en los que estoy fuera de lugar por todo lo que he cambiado.
A veces recuerdo cómo era hace un año y pienso "¡era gilipollas!". Dando prioridad a nimiedades, preocupándome por estupideces. Otras veces pienso "Joder, pero cómo molaba todo", cuando me vienen a la mente imágenes de momentos con las personas más cercanas. Momentos que no sólo son irrepetibles, sino que aquí, hoy por hoy, son inimitables al no estar ellos cerca. Después reflexiono más y me acuerdo de que por estas fechas el año pasado ya estaba empezando a cambiar. Había madurado un poco, había reflexionado acerca de algunos temas en los que llevaba bloqueada muchísimo tiempo... Y en realidad tampoco era tan gilipollas. Pero cuando recuerdo los arranques idiotas de adolescencia no sé qué pensar. Y cosas de mi entorno que no entendí en su momento, hoy están claras y las agradezco muchísimo.
Bueno, y eso que sigo siendo adolescente, claro, pero... ¡venga ya! Nunca había sido tan adolescente como cuando estuve a punto de empezar a dejar atrás un poco de mi adolescencia.
Sin embargo, supongo que debía de pasar por esas cosas. Y tampoco es que ahora esté hecha toda una mujer -ni mucho menos, ¡por favor!-, ni que tenga las cosas totalmente claras, ni que sea el colmo de la madurez. Pero tantos cambios en tan poco tiempo me han hecho diferente en algunos aspectos...
Tampoco me arrepiento de cómo fui. Ahora no sirve de nada.
Y ahora, después de escribir todo esto, me encantaría ver mi cara en un futuro si vuelvo a leerlo unos cuantos años después, o puede que no tantos. Seguramente vuelva a pensar que era bastante idiota...
Es increíble lo rápido que ha pasado el tiempo, aunque a la vez me da la sensación de que mi vida allí hace más o menos un año, queda increíblemente lejos. Tengo una sensación temporal muy, muy rara. Como si no terminara de creerme ni que esta sea mi vida ahora, ni que esa lo fuera hace tan poco tiempo -ni tanto.
Esto suena muy raro, quizás es difícil de entender cuando no lo has vivido.
Pero han habido tantos cambios en este tiempo que apenas me reconozco, pero sigo siendo la misma. Incluso cuando vuelvo a la isla hay momentos en los que parece que el tiempo no ha pasado, y momentos en los que estoy fuera de lugar por todo lo que he cambiado.
A veces recuerdo cómo era hace un año y pienso "¡era gilipollas!". Dando prioridad a nimiedades, preocupándome por estupideces. Otras veces pienso "Joder, pero cómo molaba todo", cuando me vienen a la mente imágenes de momentos con las personas más cercanas. Momentos que no sólo son irrepetibles, sino que aquí, hoy por hoy, son inimitables al no estar ellos cerca. Después reflexiono más y me acuerdo de que por estas fechas el año pasado ya estaba empezando a cambiar. Había madurado un poco, había reflexionado acerca de algunos temas en los que llevaba bloqueada muchísimo tiempo... Y en realidad tampoco era tan gilipollas. Pero cuando recuerdo los arranques idiotas de adolescencia no sé qué pensar. Y cosas de mi entorno que no entendí en su momento, hoy están claras y las agradezco muchísimo.
Bueno, y eso que sigo siendo adolescente, claro, pero... ¡venga ya! Nunca había sido tan adolescente como cuando estuve a punto de empezar a dejar atrás un poco de mi adolescencia.
Sin embargo, supongo que debía de pasar por esas cosas. Y tampoco es que ahora esté hecha toda una mujer -ni mucho menos, ¡por favor!-, ni que tenga las cosas totalmente claras, ni que sea el colmo de la madurez. Pero tantos cambios en tan poco tiempo me han hecho diferente en algunos aspectos...
Tampoco me arrepiento de cómo fui. Ahora no sirve de nada.
Y ahora, después de escribir todo esto, me encantaría ver mi cara en un futuro si vuelvo a leerlo unos cuantos años después, o puede que no tantos. Seguramente vuelva a pensar que era bastante idiota...
Decisiones
Yo soy de las que creen que, de alguna manera, somos nosotros mismos quienes construimos nuestras vidas, al menos hasta cierto punto.
También creo que influye mucho, claro está, nuestro entorno. Quiero decir, cómo es lo que nos rodea social y materialmente, las circunstancias que se nos han presentado, las personas que están alrededor de nosotros...
Hay toda una serie de factores interminable que nos convierte en lo que somos, sí. Pero lo que quiero decir es que no somos sujetos pasivos ante el mundo. No es sólo lo de fuera lo que cuenta, importa también lo que nosotros hacemos ante tales circunstancias, cómo reaccionamos, aunque incluso nuestro comportamiento se derive en gran parte de éstas.
Eso es lo que hace que seamos diferentes entre nosotros, que la vida sea interesante. Y no vale justificarse sólo con lo que hemos vivido, pero sí que ayuda a que entendamos qué pasa por la mente de los otros.
Dicho esto, hay que decir que a veces en nuestra vida tenemos que tomar decisiones. A veces es una idiotez, como simplemente irte, o decir algo. A veces va más allá.
Supongo que todos nos hemos hecho, de manera consciente o inconsciente, preguntas como: ¿qué tipo de persona queremos ser? ¿cómo nos gustaría -si es que nos gustaría- influir en el mundo y en nuestro entorno? ¿cómo queremos vivir? ¿cómo seremos en unos años?... Y de alguna manera tomamos la decisión de seguir nuestros planes. Y si no te lo has preguntado, es interesante hacerlo... Lo cumplas o no, creo que es una manera de echar una ojeada a lo que somos realmente, de conocernos un poco más. Incluso, si eres sincero, puede que la respuesta te llegue a sorprender, pero hay que hacerlo sin miedo. Es lo que somos.
En cuanto a las decisiones más banales, a veces cambian tu vida aunque no lo esperes en absoluto. De repente, con el tiempo, cobran importancia. Por poner un ejemplo, yo cuando era aún una cría -más que ahora, ¡que sólo tengo 18 años!- de 13 años me atreví a comentar que no estaría mal hacer teatro.
Antes no lo habría hecho jamás por vergüenza. Yo era mil veces más tímida que ahora, pero por una vez me atreví a decir un poco lo que pensaba y gracias a eso, poco después se enteró el que por aquel entonces daba teatro en mi instituto y prácticamente me apuntó. Y por una vez, sorprendiéndome a mí misma, me atreví. Y eso cambió mi vida hasta un punto que si en ese momento me llegan a decir que a los 18 no viviría en casa de mis padres y estaría en Madrid estudiando teatro no me lo hubiera creído ni por un segundo.
Pero el caso es que me arriesgué, y si no lo hubiera hecho no sólo no estaría aquí, sino que no habría conocido a la gente más importante para mí fuera de mi familia, no habría perdido al menos una parte de mi vergüenza, no conocería el valor del riesgo, no sería quien soy hoy, no me hubiera enganchado con el teatro... y todo lo que esto trajo a mi vida.
Vamos, que me habría perdido demasiadas cosas. Probablemente, a día de hoy estaría en casa y sería una persona totalmente diferente. Mucho más encerrada en mí misma (y eso es mucho decir) y más solitaria. Y dudo seriamente que fuera feliz -tampoco es que mi vida sea maravillosa, pero hay por donde tirar-.
Esto es sólo una reflexión de la importancia de nosotros mismos en nuestras vidas, incluso en lo más pequeño de todo, y que me surgió por un tema que nada tiene que ver con esto.
Sólo quiero que lo pienses, quien seas. Que tengas en cuenta que la vida no te va a comer, que te actives, que vale la pena arriesgarse y que hasta la más mínima cosa que hagas puede cambiarte drásticamente.
Y que no hay que tener miedo.
También creo que influye mucho, claro está, nuestro entorno. Quiero decir, cómo es lo que nos rodea social y materialmente, las circunstancias que se nos han presentado, las personas que están alrededor de nosotros...
Hay toda una serie de factores interminable que nos convierte en lo que somos, sí. Pero lo que quiero decir es que no somos sujetos pasivos ante el mundo. No es sólo lo de fuera lo que cuenta, importa también lo que nosotros hacemos ante tales circunstancias, cómo reaccionamos, aunque incluso nuestro comportamiento se derive en gran parte de éstas.
Eso es lo que hace que seamos diferentes entre nosotros, que la vida sea interesante. Y no vale justificarse sólo con lo que hemos vivido, pero sí que ayuda a que entendamos qué pasa por la mente de los otros.
Dicho esto, hay que decir que a veces en nuestra vida tenemos que tomar decisiones. A veces es una idiotez, como simplemente irte, o decir algo. A veces va más allá.
Supongo que todos nos hemos hecho, de manera consciente o inconsciente, preguntas como: ¿qué tipo de persona queremos ser? ¿cómo nos gustaría -si es que nos gustaría- influir en el mundo y en nuestro entorno? ¿cómo queremos vivir? ¿cómo seremos en unos años?... Y de alguna manera tomamos la decisión de seguir nuestros planes. Y si no te lo has preguntado, es interesante hacerlo... Lo cumplas o no, creo que es una manera de echar una ojeada a lo que somos realmente, de conocernos un poco más. Incluso, si eres sincero, puede que la respuesta te llegue a sorprender, pero hay que hacerlo sin miedo. Es lo que somos.
En cuanto a las decisiones más banales, a veces cambian tu vida aunque no lo esperes en absoluto. De repente, con el tiempo, cobran importancia. Por poner un ejemplo, yo cuando era aún una cría -más que ahora, ¡que sólo tengo 18 años!- de 13 años me atreví a comentar que no estaría mal hacer teatro.
Antes no lo habría hecho jamás por vergüenza. Yo era mil veces más tímida que ahora, pero por una vez me atreví a decir un poco lo que pensaba y gracias a eso, poco después se enteró el que por aquel entonces daba teatro en mi instituto y prácticamente me apuntó. Y por una vez, sorprendiéndome a mí misma, me atreví. Y eso cambió mi vida hasta un punto que si en ese momento me llegan a decir que a los 18 no viviría en casa de mis padres y estaría en Madrid estudiando teatro no me lo hubiera creído ni por un segundo.
Pero el caso es que me arriesgué, y si no lo hubiera hecho no sólo no estaría aquí, sino que no habría conocido a la gente más importante para mí fuera de mi familia, no habría perdido al menos una parte de mi vergüenza, no conocería el valor del riesgo, no sería quien soy hoy, no me hubiera enganchado con el teatro... y todo lo que esto trajo a mi vida.
Vamos, que me habría perdido demasiadas cosas. Probablemente, a día de hoy estaría en casa y sería una persona totalmente diferente. Mucho más encerrada en mí misma (y eso es mucho decir) y más solitaria. Y dudo seriamente que fuera feliz -tampoco es que mi vida sea maravillosa, pero hay por donde tirar-.
Esto es sólo una reflexión de la importancia de nosotros mismos en nuestras vidas, incluso en lo más pequeño de todo, y que me surgió por un tema que nada tiene que ver con esto.
Sólo quiero que lo pienses, quien seas. Que tengas en cuenta que la vida no te va a comer, que te actives, que vale la pena arriesgarse y que hasta la más mínima cosa que hagas puede cambiarte drásticamente.
Y que no hay que tener miedo.
Seguir, seguir y seguir.
Hay algunos días en los que sin más, es difícil encontrar un sentido a seguir.
Por un segundo, siento que no entiendo qué hago aquí, en Madrid, haciendo lo que hago. Por un segundo me entran dudas y no veo sentido a seguir adelante. No tengo ganas de dar un salto y presentarme en clase como todos los días. Pienso que quizás no es mi sitio, que quizás no es mi profesión, que quizás no valga, que quizás no encontraré mi sitio, que quizás deba renunciar, y que quizás y quizás y quizás....
Y que si me importa algo ahora es simplemente mi familia, y esa gente con quien no comparto sangre pero sí unos lazos fortísimos.
Y que si me importa algo ahora es simplemente mi familia, y esa gente con quien no comparto sangre pero sí unos lazos fortísimos.
Pero sin darme tiempo a pensar, me levanto, voy a clase, ensayo, pruebo, me esfuerzo, juego, actúo lo mejor que puedo. Disfruto. Me entrego. No me paro a pensar en si estoy satisfecha con lo que he hecho por miedo. Y sigo sin darme tiempo a pensar y voy a clases de inglés, y preparo el ejercicio de técnica, y el ensayo que tenga al día siguiente, y sigo adelante. Y sigo y sigo y sigo. Hasta agotarme.
Y me doy cuenta de que, a pesar de lo que pueda costarme, de todas las inseguridades, los días malos, la frustración, el peso de todo... Sigo aquí. Y no podría irme.
Es como una relación amor-odio con lo que hago.
Pero encuentro que aunque haya días que esté desmotivada, hay días increíbles en los que simplemente me doy cuenta de que vale la pena, cuando veo que a alguien le ha llegado el trabajo que hemos hecho, cuando veo cosas increíbles suceder en clase como por primera vez, cuando trabajo en algo a fondo, y me he pasado semanas sin pensar en otra cosa que en mi personaje y mi escena, y sin dormir, y veo que sirve de algo, que hay un cambio... Cuando se me enciende la bombilla y por fin entiendo a mi personaje completamente, cuando no pienso en nada y me dejo llevar por la escena, cuando termino y estoy aturdida y no sé qué he hecho... O simplemente cuando miro atrás y me doy cuenta de todo lo que he aprendido del teatro y de todo.
Es que me estoy quedando corta con todo lo bonito que tiene el teatro para mí. Supongo que es cuestión del día.
Hoy escribo esto para recordarme a mí misma por qué sigo, por qué no abandono aunque a veces parezca que todo es... una mierda. O peor, que me deja casi indiferente.
Porque hay días en los que simplemente parece que nada vale la pena.
Oscar Wilde. Vivir o existir.
"Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo."
Oscar Wilde.
Miro a mi alrededor y me impresiona ver la poca gente que de verdad guarda entusiasmo en la vida. En lograr sus sueños.
Me parece como si la sociedad que me rodea en general ya no tuviera interés en arreglar el mundo, en sacarlo adelante, en luchar contra las injusticias y en favor de mejorar las cosas.
Incluso en luchar por sus sueños. Hoy en día parece que está mal visto soñar.
La gente se cree mejor por buscar un trabajo estable y no hacer nada por seguir sus sueños.
No quiero decir que me parezca mal tener un trabajo estable y aburrido. A veces aunque no sea lo que más te apasione, es necesario.
Y tampoco quiero decir que todos los oficinistas, por ejemplo, tengan que estar descontentos con su vida... Puede que les encante su trabajo.
Lo que quiero decir es que si tu sueño es otro, ¿por qué no haces nada por lograrlo, ahora que ya tienes tu vida resuelta?
¿Por qué no te arriesgas para ser feliz de una vez?
Pero no, porque es inútil. Porque no da dinero. ¡DINERO! Venga ya. ¿De verdad es tan importante?
Vale que de algo hay que vivir. Que no soy estúpida por querer ser actriz ¿vale? No significa que no piense en el futuro, que crea que me va a caer del cielo una casa en la que vivir y alimento que comer (qué escena tan gore... eso de la casa cayendo sobre mí es un poco violento... bueno, pero se entiende lo que quiero decir, ¿no?).
Pero si ya tienes tu vida arreglada, ¿por qué no haces algo por hacerla mejor, al margen del dinero? ¿Por qué no estudias esa carrera que siempre quisiste pero supiste que no tenía salidas, o por qué no ahorras para hacer el viaje que siempre soñaste? ¿Por qué no vas a clases de lo que sea que más te apetezca, por qué no te entrenas para lograr tu meta? ¡¿Por qué no tienes la fuerza suficiente como para vivir tu vida, y no para sobrevivir en ella?!
¡La vida es bella!
Vale, la vida no es fácil. Puede que ni tenga ningún sentido, que simplemente existamos por existir. Pero... ¡Estás vivo! Aprovecha tu vida. No digo que todo vaya a salir bien. Puede que salga estrepitosamente mal. Pero... ¿no es peor no intentarlo siquiera? ¿Quedarte perteneciendo a la masa, insatisfecho con tu vida y fingiendo que estás satisfecho por hacer lo que todos esperan de ti?
¿Por qué la gente no tiene fuerza para vivir? ¡¿Qué pasa?!
¡Que soñar no es de idiotas!
¡Que no siempre hay que hacer lo que se espera de ti!
¡Que existir no es suficiente!
¡Que podemos cambiar las cosas mucho más de lo que creemos!
Por favor, dad una oportunidad a vuestros sueños. Con conciencia, sí, pero... en serio, vale la pena.
Quizás soy demasiado idealista, quizás soy una simple joven demasiado idealista... Pero sinceramente, vale la pena vivir.
Oscar Wilde.
Miro a mi alrededor y me impresiona ver la poca gente que de verdad guarda entusiasmo en la vida. En lograr sus sueños.
Me parece como si la sociedad que me rodea en general ya no tuviera interés en arreglar el mundo, en sacarlo adelante, en luchar contra las injusticias y en favor de mejorar las cosas.
Incluso en luchar por sus sueños. Hoy en día parece que está mal visto soñar.
La gente se cree mejor por buscar un trabajo estable y no hacer nada por seguir sus sueños.
No quiero decir que me parezca mal tener un trabajo estable y aburrido. A veces aunque no sea lo que más te apasione, es necesario.
Y tampoco quiero decir que todos los oficinistas, por ejemplo, tengan que estar descontentos con su vida... Puede que les encante su trabajo.
Lo que quiero decir es que si tu sueño es otro, ¿por qué no haces nada por lograrlo, ahora que ya tienes tu vida resuelta?
¿Por qué no te arriesgas para ser feliz de una vez?
Pero no, porque es inútil. Porque no da dinero. ¡DINERO! Venga ya. ¿De verdad es tan importante?
Vale que de algo hay que vivir. Que no soy estúpida por querer ser actriz ¿vale? No significa que no piense en el futuro, que crea que me va a caer del cielo una casa en la que vivir y alimento que comer (qué escena tan gore... eso de la casa cayendo sobre mí es un poco violento... bueno, pero se entiende lo que quiero decir, ¿no?).
Pero si ya tienes tu vida arreglada, ¿por qué no haces algo por hacerla mejor, al margen del dinero? ¿Por qué no estudias esa carrera que siempre quisiste pero supiste que no tenía salidas, o por qué no ahorras para hacer el viaje que siempre soñaste? ¿Por qué no vas a clases de lo que sea que más te apetezca, por qué no te entrenas para lograr tu meta? ¡¿Por qué no tienes la fuerza suficiente como para vivir tu vida, y no para sobrevivir en ella?!
¡La vida es bella!
Vale, la vida no es fácil. Puede que ni tenga ningún sentido, que simplemente existamos por existir. Pero... ¡Estás vivo! Aprovecha tu vida. No digo que todo vaya a salir bien. Puede que salga estrepitosamente mal. Pero... ¿no es peor no intentarlo siquiera? ¿Quedarte perteneciendo a la masa, insatisfecho con tu vida y fingiendo que estás satisfecho por hacer lo que todos esperan de ti?
¿Por qué la gente no tiene fuerza para vivir? ¡¿Qué pasa?!
¡Que soñar no es de idiotas!
¡Que no siempre hay que hacer lo que se espera de ti!
¡Que existir no es suficiente!
¡Que podemos cambiar las cosas mucho más de lo que creemos!
Por favor, dad una oportunidad a vuestros sueños. Con conciencia, sí, pero... en serio, vale la pena.
Quizás soy demasiado idealista, quizás soy una simple joven demasiado idealista... Pero sinceramente, vale la pena vivir.
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