¿No tienes días en los que simplemente quisieras desaparecer del mapa?
Apagar todo. Ordenador. Móvil.
Y caminar hasta que desaparezca atrás todo lo que conoces. Hasta que no puedas más.
Ir a la montaña o al campo, a respirar aire por fin.
Dejar todo atrás sin preocuparse de nada.
Un día. Con eso bastaría.
Deshacerse de todo el peso que te carga el mundo.
Tener tiempo para pensar sin más.
Sin juzgarte. Sin prisa.
Y tumbarte en el suelo simplemente a esperar la noche, mirando al cielo. Viendo cómo cambia de color, cómo se lleva todos los problemas, toda la impotencia, todos los gritos en silencio que el mundo se ha tragado.
Y al mirar la luna creciente, pensar que ella te observa igual, con su media sonrisa. Y estar en paz.
Pero es un deseo muy egoísta y muy imposible. Y hay cosas más urgentes y más importantes a las que atender.
Y hay problemas más grandes en el mundo como para centrarse en algo tan simple.
Sin embargo cuando pienso en escribir en lo que siento y teniendo en cuenta que es domingo...
Recapitulo en la semana, y quitando el "subidón" de la manifestación, que fue increíble... Lo que queda es esto.
Esta sensación que me aplasta, me agobia y me ahoga.
Esta sensación de haber gastado toda tu energía emocional durante la semana y no haber podido estallar, y sentirlo de golpe el último día. Sólo queda cansancio y ganas de olvidar y alejarse de todo.
Pero mañana comienza la vida de nuevo. Hay que madrugar y hacer lo de siempre, retando al mundo para no caer en la rutina.
Luchar otra vez con energías renovadas, que no sé muy bien de dónde voy a sacar.
Supongo que no seré la única, así que a todo el que lea esto le envío todos mis ánimos para empezar la semana.
Yo me he propuesto no dejar que sea una semana más en mi vida, llena de monotonía y obligaciones. Cambiar mi manera de ver las cosas. ¿Qué harás tú?
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Miedos
Un ejercicio en clase me ha dejado pensando. Consistía simplemente en dejarte caer hacia atrás desde una mesa, y el resto te sujetaban antes de llegar al suelo. Al principio da miedo, pero en el momento simplemente te inclinas y sucede. Y no pasa nada.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.
Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.
Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.
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