No escribo mucho últimamente. No sé si eso es algo bueno o malo. Suelo escribir cuando me carcome algo por dentro y soy incapaz de expresarlo abiertamente.
Por lo general, he tenido dos motivos en mi vida para no escribir. El primero, es sentir que no logro nada haciéndolo. Que no soy capaz de arrancar de mis sesos las ideas absurdas que se enganchan con sus uñas afiladas hasta hacerlos trizas. Y que no vale nada ni una sola palabra que salga de estas manos conectadas a un cerebro inútil.
Esta sensación me ha acompañado muchos días encaramada a mi espalda, susurrándome al oído, apretándome el cuello. Admito que cumplió la función de no dejarme sentir sola.
Mi otro motivo no sé muy bien explicarlo. Es como si aplicara una anestesia a esos pequeños demonios insistentes y se quedaran simplemente durmiendo en el mismo sitio.
Absurdo. No preocuparme me hace sentir que no estoy utilizando completamente mi cerebro. ¿No es como una prueba más de que la ignorancia hace la felicidad?
Lucho contra esos pensamientos cada día y voy ganando la batalla. Creo que he tomado la inteligente decisión de no tener miedo a sentirme estúpida.
Aun así, no doy la guerra por ganada. No aguanto siempre en pie. A veces ellos despiertan y me golpean con sus pequeños puños hasta que soy un amasijo de carne acurrucada en el suelo.
Pero cada vez son menos estos días.
Y no negaré que tengo miedo. Temo no preocuparme, temo estar con la guardia baja cuando llegue el momento de caer. Me siento ciega, como disfrutando de una caída con los ojos cerrados creyendo que el paracaídas se abrirá solo en el momento justo, pero sabiendo, en el fondo de mi mente, que esto no va a ocurrir.
Sin embargo, ¿no es eso la vida?
Disfrutar con los ojos cerrados de la caída sin temer el golpe final.
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Hola.
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Impotencia
Es como navegar en un colador. Entra agua por todas partes.
Todo decide darte la espalda. Incluso tu propia mente. Qué digo. Sobre todo tu propia mente.
Tengo ganas de lanzarme a la vida con un cartel de "No estoy" colgado en la frente.
Que todos se traguen sus palabras y sus juicios. Creedme, bastante tengo con los que me hago a mí misma.
Mi cabeza y mi cuerpo se niegan a colaborar conmigo.
Y el reloj continúa con su discurso. "No puedes rendirte, tic; no puedes rendirte, tac".
Es difícil salir ileso, los enemigos se esconden en todas partes. Son más peligrosos de lo que crees. Y más cuando descubres que eres tú el mayor enemigo que tienes. No hay escapatoria.
Qué contradictorio. Uno debe ser a sí mismo su mayor apoyo, pero es a la vez la mayor fuerza opuesta.
Me gustaría ser coherente, pero no escribo para serlo. Escribo para tapar agujeros, o al menos para olvidar un rato que existen. Y son ellos mismos quienes se niegan a ser coherentes...
Árbol en otoño
Hoy he mirado al suelo por primera vez en mucho tiempo y está más lejos de lo que recordaba, cubierto de mis propias hojas.
No me había dado cuenta de lo marrones y quebradizas que se ven mis ramas sin ellas.
Es mi primer otoño.
Antes era casi verde al completo. Mis hojas eran verdes y tiernas, y disfrutaban la caricia del rocío por la mañana.
Antes la tierra húmeda refrescaba mis raíces, que hoy se agarran con aún más fuerza a la sequedad de este prado. Ahora el viento me golpea.
Acabo de recordar que una vez tuve flores blancas. Las abejas me hacían cosquillas al posarse en ellas.
El amanecer era entonces un bien esperado. Me permitía a mí mismo disfrutar de la luz durante el día. Me refrescaba en la noche.
Estoy cansado. Ahora nada es bueno. El sol es escaso de día y me horroriza ver que es insuficiente, y por eso temo siempre que llegue el albor. Pero la noche tampoco me agrada: es tan fría y silenciosa que me hiere.
Me gustaría poder cerrar los ojos y dejarme morir. Sin embargo, los ojos siempre terminan por abrirse para demostrarme que sigo vivo. Y seguir vivo se ha convertido en un castigo inevitable...
Un día se me acercó un hombre.
Se colgó de mi rama más fuerte intentando morir.
Mi rama se partió. Se partió mi rama, y él seguía vivo.
Recogió su cuerda. No lloró. La recogió y susurró, como si supiera que yo le oía: "Lo más trágico de la muerte es seguir vivo". Y se fue.
Esa noche llovió, por primera vez en muchísimo tiempo. Mi rama seguía tirada en el suelo, y fui consciente de que con el tiempo sería mi propio alimento.
Y aún así, yo seguía vivo.
No me había dado cuenta de lo marrones y quebradizas que se ven mis ramas sin ellas.
Es mi primer otoño.
Antes era casi verde al completo. Mis hojas eran verdes y tiernas, y disfrutaban la caricia del rocío por la mañana.
Antes la tierra húmeda refrescaba mis raíces, que hoy se agarran con aún más fuerza a la sequedad de este prado. Ahora el viento me golpea.
Acabo de recordar que una vez tuve flores blancas. Las abejas me hacían cosquillas al posarse en ellas.
El amanecer era entonces un bien esperado. Me permitía a mí mismo disfrutar de la luz durante el día. Me refrescaba en la noche.
Estoy cansado. Ahora nada es bueno. El sol es escaso de día y me horroriza ver que es insuficiente, y por eso temo siempre que llegue el albor. Pero la noche tampoco me agrada: es tan fría y silenciosa que me hiere.
Me gustaría poder cerrar los ojos y dejarme morir. Sin embargo, los ojos siempre terminan por abrirse para demostrarme que sigo vivo. Y seguir vivo se ha convertido en un castigo inevitable...
Un día se me acercó un hombre.
Se colgó de mi rama más fuerte intentando morir.
Mi rama se partió. Se partió mi rama, y él seguía vivo.
Recogió su cuerda. No lloró. La recogió y susurró, como si supiera que yo le oía: "Lo más trágico de la muerte es seguir vivo". Y se fue.
Esa noche llovió, por primera vez en muchísimo tiempo. Mi rama seguía tirada en el suelo, y fui consciente de que con el tiempo sería mi propio alimento.
Y aún así, yo seguía vivo.
Basta
La luz del atardecer es naranja, y se ve la silueta de una niña con vestido avanzando por la cuerda floja. Pone un pie delante del otro una y otra vez; a veces su mirada es como la de una autómata.
Da un paso en falso y sus ojos despiertan. No se cae. Se mantiene a salvo y continúa caminando. Caminando, caminando, caminando.
La cuerda se alarga a cada paso que da, y se afloja cada vez que duda.
Ella no quiere estar ahí, pero traga saliva y mira poco hacia abajo, donde la tierra se ha abierto para dejar una herida abierta de color verde que sangra agua cristalina.
El paisaje es hermoso, todo verde bañado en luz de sol.
Nadie sabe quién es o por qué está ahí. Se la ve cerrar los ojos con fuerza un segundo, queriendo retener emociones que le impiden ver su camino y avanzar.
Es como un personaje de Chéjov, pero sin encanto. Es insignificante. Es polvo.
La cuerda cada vez se afloja más. El peso de la responsabilidad la obliga a continuar, ya que si no avanza, cae con todo.
A veces sus labios se mueven, cuando susurra que quisiera dejar de ser polvo y ser una pluma, y caer sóla y aún más insignificantemente. Caer lentamente, inadvertidamente, suavemente. Arrastrada por la corriente de aire fresco que le revuelve el pelo suelto que se enreda en sus pestañas, como queriendo acariciar sus ojos y decirle: "basta, basta".
Susurra, pero el viento traga sus palabras que nunca serán oídas.
Basta, basta.
Da un paso en falso y sus ojos despiertan. No se cae. Se mantiene a salvo y continúa caminando. Caminando, caminando, caminando.
La cuerda se alarga a cada paso que da, y se afloja cada vez que duda.
Ella no quiere estar ahí, pero traga saliva y mira poco hacia abajo, donde la tierra se ha abierto para dejar una herida abierta de color verde que sangra agua cristalina.
El paisaje es hermoso, todo verde bañado en luz de sol.
Nadie sabe quién es o por qué está ahí. Se la ve cerrar los ojos con fuerza un segundo, queriendo retener emociones que le impiden ver su camino y avanzar.
Es como un personaje de Chéjov, pero sin encanto. Es insignificante. Es polvo.
La cuerda cada vez se afloja más. El peso de la responsabilidad la obliga a continuar, ya que si no avanza, cae con todo.
A veces sus labios se mueven, cuando susurra que quisiera dejar de ser polvo y ser una pluma, y caer sóla y aún más insignificantemente. Caer lentamente, inadvertidamente, suavemente. Arrastrada por la corriente de aire fresco que le revuelve el pelo suelto que se enreda en sus pestañas, como queriendo acariciar sus ojos y decirle: "basta, basta".
Susurra, pero el viento traga sus palabras que nunca serán oídas.
Basta, basta.
El reloj
"Se encontraba en un pequeño claro del bosque, su lugar favorito. Iba allí siempre que necesitaba escapar de la ajetreada vida en casa, con sus adultos y sus problemas.
Sus pasos en el suelo recubierto de flores y hojas secas eran ágiles y silenciosos; sin embargo hoy iba distraída y tuvo que apartar sus pie con rapidez antes de aplastar lo que al parecer era un pequeño objeto que se había interpuesto en su camino.
Miró hacia el suelo para descubrir qué era y vio un pequeño reloj, como de bolsillo, abierto, reflejando la luz del sol de la tarde.
Con sus delicados dedos a modo de pinzas, tiró con suavidad de la cadena y la alzó hasta que el reloj quedó a la altura de sus ojos.
Estaba parado, a las cinco menos cinco minutos y treinta segundos.
Se puso de puntillas y alcanzó a ver la hora que marcaba el reloj del campanario. Las cinco en punto.
Dirigió de nuevo su vista al reloj y lo agarró con su mano libre, y lo notó cálido. Como si alguien lo hubiera dejado caer allí y se hubiera ido sin más.
Se quedó muy quieta esperando oír los pasos del dueño del diminuto reloj, al cual aferraba entre sus manos.
Sin embargo, todo lo que oyó fue un tic-tac que afloraba de entre sus dedos.
Abrió las manos sonriendo: el reloj estaba en marcha de nuevo."
Sus pasos en el suelo recubierto de flores y hojas secas eran ágiles y silenciosos; sin embargo hoy iba distraída y tuvo que apartar sus pie con rapidez antes de aplastar lo que al parecer era un pequeño objeto que se había interpuesto en su camino.
Miró hacia el suelo para descubrir qué era y vio un pequeño reloj, como de bolsillo, abierto, reflejando la luz del sol de la tarde.
Con sus delicados dedos a modo de pinzas, tiró con suavidad de la cadena y la alzó hasta que el reloj quedó a la altura de sus ojos.
Estaba parado, a las cinco menos cinco minutos y treinta segundos.
Se puso de puntillas y alcanzó a ver la hora que marcaba el reloj del campanario. Las cinco en punto.
Dirigió de nuevo su vista al reloj y lo agarró con su mano libre, y lo notó cálido. Como si alguien lo hubiera dejado caer allí y se hubiera ido sin más.
Se quedó muy quieta esperando oír los pasos del dueño del diminuto reloj, al cual aferraba entre sus manos.
Sin embargo, todo lo que oyó fue un tic-tac que afloraba de entre sus dedos.
Abrió las manos sonriendo: el reloj estaba en marcha de nuevo."
Monólogo de la pianista
"Toco desde que tengo memoria. Al parecer, siendo muy pequeñita, en una de las fiestas de mi madre, la oí tocar. Dice que me acerqué tanto al piano que tuvo que pedirme que me apartara un poco porque no la dejaba seguir. Yo miraba embobada cómo sus dedos largos pulsaban las teclas y cómo subían solas… Supongo que fue lo que llaman “amor a primera vista”. Mamá me subió a su falda y me puso las manitas encima del piano, y jugando con ellas como con las de una marioneta me hizo tocar una melodía. Me sentí casi como una diosa, creando música con unas manos tan chiquititas como eran, que cabían las dos enteras en una mano de mi madre.
Ese año, por mi cumpleaños, tío Johann me regaló un piano chiquitito. Ahí aprendí todo lo básico; mamá me enseñó las notas y algunas canciones que tocaba ella de muy pequeña. Aún lo guardo, y cada vez que lo saco lo encuentro más minúsculo.
Hacía años que no tocaba el piano. Pero cuando he visto este… ¿Sabes? Es igual al que tocaba mi madre. Igual. Es precioso… Pensé que no volvería a ver un piano así, con los tiempos que corren. Debe de ser muy antiguo. El nuestro quedó destrozado cuando… Bueno, ya sabes. Y yo no pude tocar desde entonces. Qué tontería ¿no? Quiero decir, que hasta entonces el piano había sido algo así como mi escape…
Pero mejor no hablar más de estas cosas. Si vine a tu casa fue para poder dejarlas atrás… Disculpa que te contara todo esto. Verás, para serte sincera, me da la sensación de que eres la única persona cuerda que hay aquí y supongo que llevaba demasiados días en silencio. Y te agradezco tanto que me dejes estar aquí… Quisiera ayudarte, porque no hace mucho que yo estuve en tu situación o algo parecido. Y tu padre fue siempre muy bueno con mi familia; siento que te debo algo.
Sigo sin creer que ya no estén, ni tu padre ni mi madre. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo dejamos que pasara?"
Ese año, por mi cumpleaños, tío Johann me regaló un piano chiquitito. Ahí aprendí todo lo básico; mamá me enseñó las notas y algunas canciones que tocaba ella de muy pequeña. Aún lo guardo, y cada vez que lo saco lo encuentro más minúsculo.
Hacía años que no tocaba el piano. Pero cuando he visto este… ¿Sabes? Es igual al que tocaba mi madre. Igual. Es precioso… Pensé que no volvería a ver un piano así, con los tiempos que corren. Debe de ser muy antiguo. El nuestro quedó destrozado cuando… Bueno, ya sabes. Y yo no pude tocar desde entonces. Qué tontería ¿no? Quiero decir, que hasta entonces el piano había sido algo así como mi escape…
Pero mejor no hablar más de estas cosas. Si vine a tu casa fue para poder dejarlas atrás… Disculpa que te contara todo esto. Verás, para serte sincera, me da la sensación de que eres la única persona cuerda que hay aquí y supongo que llevaba demasiados días en silencio. Y te agradezco tanto que me dejes estar aquí… Quisiera ayudarte, porque no hace mucho que yo estuve en tu situación o algo parecido. Y tu padre fue siempre muy bueno con mi familia; siento que te debo algo.
Sigo sin creer que ya no estén, ni tu padre ni mi madre. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo dejamos que pasara?"
Carta a Nina
"Querida Nina,
Han caído unas gotas, las primeras del otoño.
Tenía la ventana abierta y entonces entró olor a tierra mojada. Y por algún motivo, me sentí como si me hubieran trasladado un segundo a casa. Sí, a CASA. En mayúsculas. No aquí.
Era un olor extraño para estar en la ciudad; no me lo esperaba. No en este edificio en el que vivo.
Así que el olor ha venido flotando y se ha colado entre las cortinas blancas de encaje que se ondearon unos segundos con el viento. Comenzaba también el frío.
La lluvia ha parado tan súbitamente como empezó, pero ha dejado todo un río de dudas y pensamientos que no sé cómo contarte.
Aquí en el futuro todo va bien, al menos dentro de lo que se puede esperar. Estás persiguiendo tus sueños, viviendo aventuras y conociendo lugares y personas únicas.
Aún así, no va bien.
Por algún motivo, has encontrado que no deberías de estar donde estás y aún así tienes la seguridad de que no hay vuelta atrás.
Estás viendo cómo tus esfuerzos se escurren por el más pequeño agujero, que pasó desapercibido. No hay camino hacia adelante, pero tampoco puedes volver.
No quieres decepcionarte, quieres terminar lo que empezaste, lo sé.
Nina, te juro que hay momentos en los que me gustaría que leyeras esto y cambiaras de idea. Quizás fuera doloroso no perseguir este sueño. Puede que me dieras una bofetada si te dijera estas palabras; tú siempre creíste firmemente en tirarse a por todas. Pero ¿qué dirías su supieras con seguridad que no lo estás consiguiendo?
Bueno, dirías que lo intentara más fuerte.
Pero te aseguro que hoy, justamente hoy, no entiendo qué haces tú aquí. No deberías. Quisiera protegerte.
Ya es tarde.
Te lo cuento a ti, y sólo a ti, porque no quiero palabras de ánimo. No quiero palabras vacías. No quiero que me digan que puedo con todo y más. Sé que puedo sobrevivir, ¡claro que puedo, joder!
Y tampoco quiero decepcionarte. Quiero terminar lo que he empezado.
Aún así... ¿Cómo cojones piensas sobrevivir aquí? Si te decepcionas cada día por no estar ni aquí ni allá; por haber venido para nada; por ser una carga...
Lo siento, no quiero hacer que te sientas mal. De hecho te admiro. Admiro tu determinación y tu energía y tus ganas... pero a mí todo esto se me está agotando y me odio por ello.
Nina... quisiera volver a verte pronto. Creo que me haces falta, porque no aguanto estar aquí en medio de la nada.
Un abrazo enorme; sé que lo necesitarás."
Han caído unas gotas, las primeras del otoño.
Tenía la ventana abierta y entonces entró olor a tierra mojada. Y por algún motivo, me sentí como si me hubieran trasladado un segundo a casa. Sí, a CASA. En mayúsculas. No aquí.
Era un olor extraño para estar en la ciudad; no me lo esperaba. No en este edificio en el que vivo.
Así que el olor ha venido flotando y se ha colado entre las cortinas blancas de encaje que se ondearon unos segundos con el viento. Comenzaba también el frío.
La lluvia ha parado tan súbitamente como empezó, pero ha dejado todo un río de dudas y pensamientos que no sé cómo contarte.
Aquí en el futuro todo va bien, al menos dentro de lo que se puede esperar. Estás persiguiendo tus sueños, viviendo aventuras y conociendo lugares y personas únicas.
Aún así, no va bien.
Por algún motivo, has encontrado que no deberías de estar donde estás y aún así tienes la seguridad de que no hay vuelta atrás.
Estás viendo cómo tus esfuerzos se escurren por el más pequeño agujero, que pasó desapercibido. No hay camino hacia adelante, pero tampoco puedes volver.
No quieres decepcionarte, quieres terminar lo que empezaste, lo sé.
Nina, te juro que hay momentos en los que me gustaría que leyeras esto y cambiaras de idea. Quizás fuera doloroso no perseguir este sueño. Puede que me dieras una bofetada si te dijera estas palabras; tú siempre creíste firmemente en tirarse a por todas. Pero ¿qué dirías su supieras con seguridad que no lo estás consiguiendo?
Bueno, dirías que lo intentara más fuerte.
Pero te aseguro que hoy, justamente hoy, no entiendo qué haces tú aquí. No deberías. Quisiera protegerte.
Ya es tarde.
Te lo cuento a ti, y sólo a ti, porque no quiero palabras de ánimo. No quiero palabras vacías. No quiero que me digan que puedo con todo y más. Sé que puedo sobrevivir, ¡claro que puedo, joder!
Y tampoco quiero decepcionarte. Quiero terminar lo que he empezado.
Aún así... ¿Cómo cojones piensas sobrevivir aquí? Si te decepcionas cada día por no estar ni aquí ni allá; por haber venido para nada; por ser una carga...
Lo siento, no quiero hacer que te sientas mal. De hecho te admiro. Admiro tu determinación y tu energía y tus ganas... pero a mí todo esto se me está agotando y me odio por ello.
Nina... quisiera volver a verte pronto. Creo que me haces falta, porque no aguanto estar aquí en medio de la nada.
Un abrazo enorme; sé que lo necesitarás."
Elise
"Elise se sentía poco especial aquel día.
Sentada en su pequeño sillón blanco como la nieve, miraba por la ventana de su habitación sintiendo una especie de miedo irracional a ser una persona quizás no del montón, pero sí poco importante.
Tenía miedo a que no la quisieran, de que no notaran su presencia o su ausencia. Últimamente incluso tenía la sensación de que los mayores jamás miraban abajo para mirarla a los ojos, y no se atrevía a participar en sus conversaciones porque temía parecer tonta -aunque, no pocas veces, ellos dijeran lo que ella estaba pensando un segundo antes.
Decidió dar un paseo por el jardín, y, a la sombra de su roble favorito, pensó que todos en este mundo tenían algo especial, y que ella también debía tenerlo.
Elise arrancaba el césped con una mano mientras observaba pensativa a una mariquita que trataba de escalar por una flor. Reflexionando, buscaba qué era ese algo que la convertía en especial, pero era incapaz de encontrarlo. Y aunque a veces parecía vislumbrarlo, se le escapaba de la mente al segundo.
Una hoja del roble se desprendió, y de golpe, le pareció mucho más delicado de lo que le había parecido nunca aquel árbol tan fuerte y que tanta seguridad le aportaba. Así que agarró la hoja del suelo y decidió guardarla. Pensó que quizás era cuestión de tiempo descubrir lo que la convertía en una persona especial, porque a veces nos cuesta ver más las cosas que están justamente frente a nuestros ojos."
Sentada en su pequeño sillón blanco como la nieve, miraba por la ventana de su habitación sintiendo una especie de miedo irracional a ser una persona quizás no del montón, pero sí poco importante.
Tenía miedo a que no la quisieran, de que no notaran su presencia o su ausencia. Últimamente incluso tenía la sensación de que los mayores jamás miraban abajo para mirarla a los ojos, y no se atrevía a participar en sus conversaciones porque temía parecer tonta -aunque, no pocas veces, ellos dijeran lo que ella estaba pensando un segundo antes.
Decidió dar un paseo por el jardín, y, a la sombra de su roble favorito, pensó que todos en este mundo tenían algo especial, y que ella también debía tenerlo.
Elise arrancaba el césped con una mano mientras observaba pensativa a una mariquita que trataba de escalar por una flor. Reflexionando, buscaba qué era ese algo que la convertía en especial, pero era incapaz de encontrarlo. Y aunque a veces parecía vislumbrarlo, se le escapaba de la mente al segundo.
Una hoja del roble se desprendió, y de golpe, le pareció mucho más delicado de lo que le había parecido nunca aquel árbol tan fuerte y que tanta seguridad le aportaba. Así que agarró la hoja del suelo y decidió guardarla. Pensó que quizás era cuestión de tiempo descubrir lo que la convertía en una persona especial, porque a veces nos cuesta ver más las cosas que están justamente frente a nuestros ojos."
Fleetingness
¿Qué es la vida en sí?
Existimos, venimos a este mundo sin ningún fin más que el de transmitir nuestros genes. No somos nada, ni una mota de polvo, para el universo.
Somos frágiles, efímeros. Nos damos más importancia de la que tenemos, y nos duele descubrir que nuestras ínfimas vidas pueden acabar, que podemos sufrir, que nos puede pasar cualquier cosa. No queremos darnos cuenta de que todo lo malo es parte de la vida, de que no hay nada más. No hay suerte, no hay nadie jugando con nosotros. Nada se oculta tras lo que llamamos trascendental. Por eso además siempre nos pilla por sorpresa el que la vida nos ataque con algo.
Somos frágiles, efímeros. Nos damos más importancia de la que tenemos, y nos duele descubrir que nuestras ínfimas vidas pueden acabar, que podemos sufrir, que nos puede pasar cualquier cosa. No queremos darnos cuenta de que todo lo malo es parte de la vida, de que no hay nada más. No hay suerte, no hay nadie jugando con nosotros. Nada se oculta tras lo que llamamos trascendental. Por eso además siempre nos pilla por sorpresa el que la vida nos ataque con algo.
Además, creamos lazos entre nosotros. Lazos que, en el fondo, no son más que trucos de la evolución para perpetuar la especie. Y sufrimos por ellos.
Hoy me siento muy pequeña; insignificante. Me paro a pensar y encuentro que todo carece de sentido, incluso esta reflexión. Siento que todo lo que pienso, que el mundo, que la existencia en sí, que todo lo que me rodea es algo casi intangible, fugaz. Algo que morirá conmigo.
¿Cómo prepararnos?
Parece que en la vida, debemos situarnos de alguna manera en todo.
En un rol, en un lugar, en una relación. Todo debe de estar ordenado de alguna manera.
No vale escaparte sin más, no vale olvidar.
De hecho, nos acostumbramos a ello. Y es difícil salir del contexto.
De hecho, nos acostumbramos a ello. Y es difícil salir del contexto.
A veces es una aventura, emocionante. Te descolocas, te vuelves nada, y volviéndote nada, te vuelves tú mismo.
Sin embargo hay veces en las que te preguntas cuándo cambió...
Al tiempo, te encuentras de frente con la realidad sin estar mentalmente preparada... ¿Pero cómo se hace eso? ¡Y no sabes reaccionar! Y es que no es posible mentalizarte para algo así. Nunca sabes lo que pasará hasta que pase.
Yo estaba tan acostumbrada a todo, y a la vez no sabía acostumbrarme. Y cuando dejé atrás todo, no pensé en que tarde o temprano tendría que haber silencios incómodos, que sería todo tan desconcertante.
De hecho, en el momento te parece absurdo que las cosas no sean como eran, y tienes que esforzarte en recordar por qué tomaste las decisiones que tomaste.
Y encuentras la respuesta ¡claro! pero... La lógica a veces no es suficiente cuando te topas de frente con la vida. Siempre hay algo debajo de la piel que parece pensar por su cuenta, escapar y decidir por sí mismo.
Como una especie de fiera interior, como tener a un dragón bombeando la sangre, llenándola de llamas que te queman desde dentro. En ese momento respiras fuego. Pero te obligas a apagarte, y tragas aire, y agua, que apaga el fuego, y el humo te hiere por un ratito.
Es entonces cuando te das cuenta de que las cosas seguirán así.
Me gustaría que no hubiera salido todo de esta forma, que todo fuera para mejor.
Me gustaría que no hubiera salido todo de esta forma, que todo fuera para mejor.
Me gustaría poder solucionar asuntos que han quedado atrás.
Me gustaría ser capaz de abrir la boca y decir todo lo que tenga que decir, sin tapujos.
Pero las palabras nunca quisieron venir a mi mente, y si vinieron, se atascaron en mi garganta, o como mucho en mis labios, cortando la respiración. No quisieron salir, o no pudieron.
En fin, no hay que darle más vueltas. Ahora toca seguir, y de una manera u otra la vida se irá colocando sola a sí misma, asentándose, y para poner de mi parte no debo estancarme en lo que ya ha pasado.
En fin, no hay que darle más vueltas. Ahora toca seguir, y de una manera u otra la vida se irá colocando sola a sí misma, asentándose, y para poner de mi parte no debo estancarme en lo que ya ha pasado.
Raíces, sueños, y pensamientos varios
Ya en casa, siento como si todo fuera un sueño.
Lo que pasó y lo que pasa, mi vida fuera y mi vida aquí.
Estoy en el punto en el que aún no crees que has vuelto y aún así parece que nunca te hubieras marchado. Como eso, un sueño semi-borroso en el que el tiempo no existe. Es sólo un concepto extraño y empañado creado por el ser humano, una irrealidad abstracta que quiere darse forma en un reloj.
Hoy me creo que es verdad eso de que la vida es sueño.
El simple hecho de estar aquí me llena de energía, y ya las sensaciones de desánimo y cansancio que aguaban mis últimos días allá lejos -y digo lejos, porque ahora todo me pinta lejos- parecen manchas de tinta en una vieja carta -de esas de papel que se usaban antes.
Supongo que ya me siento en mi sitio, no como un gato callejero que no tiene mucho que deber a una ciudad que no quiere darle sitio.
Supongo que es lo que tiene echar raíces.
También me pregunto hasta qué punto encuentro mi hogar aquí por haber crecido en este sitio y hasta qué punto es porque coincide con mi manera de ser.
Quiero decir ¿Hasta qué punto es el medio el que nos hace como somos? ¿Hasta qué punto influyen las circunstancias en nuestra manera de ser? ¿Hasta qué punto transforma el exterior nuestra manera de enfrentarnos a las cosas?
José Ortega y Gasset dijo: "Yo soy yo y mis circunstancias".
Creo que es una buena manera de simplificar lo que creo, que nuestra forma de ser no sólo está condicionada por el exterior, ya que somos nosotros quienes nos enfrentamos a los factores externos.
Pero siempre -o al menos desde que tengo uso de razón y me lo planteé- he querido saber hasta qué punto influye cada cosa.
Supongo que es una de esas preguntas que nunca sabré con exactitud su respuesta, ya que puede que dependa de cada una de las personas, que varíe.
Y además porque veo difícil que me puedan dar una solución exacta que pueda creer. Ahora mismo, el cerebro y la mente humana son un misterio en su mayoría.
Aún así, no puedo evitar indagar en estas cosas en ese tipo de momentos en los que mi mente decide tomarse unas vacaciones por sí sola y viajar entre preguntas existenciales de estas a las que nunca encuentro una respuesta concreta.
Sin embargo, ¿no es verdad que de lo que hay que disfrutar es del viaje, de la "Odisea" y no sólo de "Ítaca"?
Lo que pasó y lo que pasa, mi vida fuera y mi vida aquí.
Estoy en el punto en el que aún no crees que has vuelto y aún así parece que nunca te hubieras marchado. Como eso, un sueño semi-borroso en el que el tiempo no existe. Es sólo un concepto extraño y empañado creado por el ser humano, una irrealidad abstracta que quiere darse forma en un reloj.
Hoy me creo que es verdad eso de que la vida es sueño.
El simple hecho de estar aquí me llena de energía, y ya las sensaciones de desánimo y cansancio que aguaban mis últimos días allá lejos -y digo lejos, porque ahora todo me pinta lejos- parecen manchas de tinta en una vieja carta -de esas de papel que se usaban antes.
Supongo que ya me siento en mi sitio, no como un gato callejero que no tiene mucho que deber a una ciudad que no quiere darle sitio.
Supongo que es lo que tiene echar raíces.
También me pregunto hasta qué punto encuentro mi hogar aquí por haber crecido en este sitio y hasta qué punto es porque coincide con mi manera de ser.
Quiero decir ¿Hasta qué punto es el medio el que nos hace como somos? ¿Hasta qué punto influyen las circunstancias en nuestra manera de ser? ¿Hasta qué punto transforma el exterior nuestra manera de enfrentarnos a las cosas?
José Ortega y Gasset dijo: "Yo soy yo y mis circunstancias".
Creo que es una buena manera de simplificar lo que creo, que nuestra forma de ser no sólo está condicionada por el exterior, ya que somos nosotros quienes nos enfrentamos a los factores externos.
Pero siempre -o al menos desde que tengo uso de razón y me lo planteé- he querido saber hasta qué punto influye cada cosa.
Supongo que es una de esas preguntas que nunca sabré con exactitud su respuesta, ya que puede que dependa de cada una de las personas, que varíe.
Y además porque veo difícil que me puedan dar una solución exacta que pueda creer. Ahora mismo, el cerebro y la mente humana son un misterio en su mayoría.
Aún así, no puedo evitar indagar en estas cosas en ese tipo de momentos en los que mi mente decide tomarse unas vacaciones por sí sola y viajar entre preguntas existenciales de estas a las que nunca encuentro una respuesta concreta.
Sin embargo, ¿no es verdad que de lo que hay que disfrutar es del viaje, de la "Odisea" y no sólo de "Ítaca"?
Tiempo y distancia.
"El tiempo es la distancia más larga entre dos lugares."
Tennessee Williams
A veces la unidad de medida no se corresponde con aquello que mide en lo más mínimo, no al menos en nuestra cabeza.
Yo hoy tengo la sensación de que la distancia se mide en tiempo.
Es el tiempo lo que nos hace separarnos. Es el tiempo lo que marca la distancia entre dos personas.
Llevo toda la vida dándome cuenta.
Hay veces en que reencuentras a un familiar, o a un amigo después de muchos años... Y parece que no hubiera pasado el tiempo.
En ese momento, la distancia no tiene el mismo valor. Es algo relativo
Otras veces uno no reconoce al otro. Como si se hubiera vivido en dimensiones diferentes.
Y el tiempo se hace evidente, y pesa.
Y si habláramos de distancia, a pesar de estar uno frente al otro, hay kilómetros entre los dos.
Te das cuenta de que lo llevas a la espalda y de que lo cargas sin darte cuenta, pero te hace más mella de lo que pensabas.
Además, ¿qué importaría la distancia si llegásemos a cualquier lado en cuestión de segundos?
¿Importaría en sí?
Yo creo que desaparecería. La distancia física sería algo difuminado, algo perdido.
En parte ese es su encanto. Aunque a veces sea frustrante, la distancia. Aunque a veces den ganas de agarrar al mundo por la maldita teoría de la relatividad y estrujar el espacio-tiempo hasta que tenga la forma que te dé la gana.
Pero también enseña mucho la lejanía. Te hace entender un poco más valores como la amistad o la familia -o al menos eso creo.
Es como que al no tener la fuerza de lo que une la cercanía, descubres lazos más potentes que la vida diaria.
Hoy, pensando en todo esto, me doy cuenta de que valoro al espacio en sí más de lo que debería.
Tennessee Williams
A veces la unidad de medida no se corresponde con aquello que mide en lo más mínimo, no al menos en nuestra cabeza.
Yo hoy tengo la sensación de que la distancia se mide en tiempo.
Es el tiempo lo que nos hace separarnos. Es el tiempo lo que marca la distancia entre dos personas.
Llevo toda la vida dándome cuenta.
Hay veces en que reencuentras a un familiar, o a un amigo después de muchos años... Y parece que no hubiera pasado el tiempo.
En ese momento, la distancia no tiene el mismo valor. Es algo relativo
Otras veces uno no reconoce al otro. Como si se hubiera vivido en dimensiones diferentes.
Y el tiempo se hace evidente, y pesa.
Y si habláramos de distancia, a pesar de estar uno frente al otro, hay kilómetros entre los dos.
Te das cuenta de que lo llevas a la espalda y de que lo cargas sin darte cuenta, pero te hace más mella de lo que pensabas.
Además, ¿qué importaría la distancia si llegásemos a cualquier lado en cuestión de segundos?
¿Importaría en sí?
Yo creo que desaparecería. La distancia física sería algo difuminado, algo perdido.
En parte ese es su encanto. Aunque a veces sea frustrante, la distancia. Aunque a veces den ganas de agarrar al mundo por la maldita teoría de la relatividad y estrujar el espacio-tiempo hasta que tenga la forma que te dé la gana.
Pero también enseña mucho la lejanía. Te hace entender un poco más valores como la amistad o la familia -o al menos eso creo.
Es como que al no tener la fuerza de lo que une la cercanía, descubres lazos más potentes que la vida diaria.
Hoy, pensando en todo esto, me doy cuenta de que valoro al espacio en sí más de lo que debería.
¡RÍE!
"Un día sin reír es un día perdido."
Charles Chaplin
Siguiendo en la línea de mis anteriores entradas, continúo con la intención de que cada día sea lo mejor posible.
Y me doy cuenta de que reír es una de las mejores maneras de endulzar la vida sin tener que disfrazar los problemas.
Reír de la realidad, tal cual es, reír de lo bueno y de lo malo.
Sin huir, afrontando la vida, llorando cuando haga falta ¡por supuesto! Toda emoción es bienvenida.
Pero no dejar que el mundo te robe la capacidad de encontrar algo por lo que reír.
La risa cura. Despierta. Hace que los problemas parezcan menos graves una vez nos hemos decidido a encararlos, y entonces podemos hacerlo sin miedo.
Y, por supuesto, aprender a reírnos de nosotros mismos.
El mundo y la vida se hacen menos dolorosos y más llevaderos si decidimos afrontarlos con humor... Incluso aunque te consideres un adulto.
Mucha gente parece confundir ser adulto con ser serio. Como si al crecer tuviéramos que volvernos mustios y grises. Como si no hacerlo significara no crecer.
Pero a mí me parece darle demasiada importancia a un mundo en el que somos menos que un grano de arena.
Y creo que así no se disfruta la vida. Al menos no en mi caso.
Por supuesto que hay momentos que no son de risa. No me malinterprete nadie, no hablo de convertir en frívolas las cosas importantes...
Sólo digo que cuando sucede algo malo hay que hacerle frente, buscar una solución. Y una vez se soluciona, dejar de sufrir.
Y si no hay solución, superarlo también. La cosa es no quedarse sufriendo para siempre sin hacer nada.
Se trata de vivir, no de existir, no de sobrevivir.
Y creo que de lo más triste que nos puede pasar es olvidar de reírnos.
Así que sonríe, descojónate del mundo -por muy palabrota que sea-, ríe a carcajadas y con ganas hasta que no puedas más, y entonces... ¡sigue riendo!
Hay quien al oírme decir estas cosas piensa que es simplemente porque soy joven, que ya cambiaré.
Quizás tengan razón, pero espero no caer en la trampa y equivocarme tanto.
Charles Chaplin
Siguiendo en la línea de mis anteriores entradas, continúo con la intención de que cada día sea lo mejor posible.
Y me doy cuenta de que reír es una de las mejores maneras de endulzar la vida sin tener que disfrazar los problemas.
Reír de la realidad, tal cual es, reír de lo bueno y de lo malo.
Sin huir, afrontando la vida, llorando cuando haga falta ¡por supuesto! Toda emoción es bienvenida.
Pero no dejar que el mundo te robe la capacidad de encontrar algo por lo que reír.
La risa cura. Despierta. Hace que los problemas parezcan menos graves una vez nos hemos decidido a encararlos, y entonces podemos hacerlo sin miedo.
Y, por supuesto, aprender a reírnos de nosotros mismos.
El mundo y la vida se hacen menos dolorosos y más llevaderos si decidimos afrontarlos con humor... Incluso aunque te consideres un adulto.
Mucha gente parece confundir ser adulto con ser serio. Como si al crecer tuviéramos que volvernos mustios y grises. Como si no hacerlo significara no crecer.
Pero a mí me parece darle demasiada importancia a un mundo en el que somos menos que un grano de arena.
Y creo que así no se disfruta la vida. Al menos no en mi caso.
Por supuesto que hay momentos que no son de risa. No me malinterprete nadie, no hablo de convertir en frívolas las cosas importantes...
Sólo digo que cuando sucede algo malo hay que hacerle frente, buscar una solución. Y una vez se soluciona, dejar de sufrir.
Y si no hay solución, superarlo también. La cosa es no quedarse sufriendo para siempre sin hacer nada.
Se trata de vivir, no de existir, no de sobrevivir.
Y creo que de lo más triste que nos puede pasar es olvidar de reírnos.
Así que sonríe, descojónate del mundo -por muy palabrota que sea-, ríe a carcajadas y con ganas hasta que no puedas más, y entonces... ¡sigue riendo!
Hay quien al oírme decir estas cosas piensa que es simplemente porque soy joven, que ya cambiaré.
Quizás tengan razón, pero espero no caer en la trampa y equivocarme tanto.
Hoy, no sé
Me siento incapaz de escribir hoy.
Ha sido un día de agotamiento en todos los sentidos, demasiadas cosas en la cabeza y poco consultar con la almohada...
Mucha reflexión, pero no soy capaz de traducir lo que pasa por mi cabeza en palabras, ni siquiera en gestos. Puede que ni en la mirada.
Sin embargo he hecho que mi día fuera diferente, y de eso no me arrepiento.
Puede que el mundo empiece a darse cuenta de que soy una chalada, pero poco importa.
Es más, es liberador. No quiero expectativas sobre mí. No quiero convenciones sociales.
No quiero perder años intentando dejar claro quién soy por timidez, o por encontrarme tan fuera de sitio.
En fin, no tengo mucho más que contar por hoy.
Disculpe aquel a quien le importa, ¡si a alguien le importa!
Ha sido un día de agotamiento en todos los sentidos, demasiadas cosas en la cabeza y poco consultar con la almohada...
Mucha reflexión, pero no soy capaz de traducir lo que pasa por mi cabeza en palabras, ni siquiera en gestos. Puede que ni en la mirada.
Sin embargo he hecho que mi día fuera diferente, y de eso no me arrepiento.
Puede que el mundo empiece a darse cuenta de que soy una chalada, pero poco importa.
Es más, es liberador. No quiero expectativas sobre mí. No quiero convenciones sociales.
No quiero perder años intentando dejar claro quién soy por timidez, o por encontrarme tan fuera de sitio.
En fin, no tengo mucho más que contar por hoy.
Disculpe aquel a quien le importa, ¡si a alguien le importa!
Desaparecer
¿No tienes días en los que simplemente quisieras desaparecer del mapa?
Apagar todo. Ordenador. Móvil.
Y caminar hasta que desaparezca atrás todo lo que conoces. Hasta que no puedas más.
Ir a la montaña o al campo, a respirar aire por fin.
Dejar todo atrás sin preocuparse de nada.
Un día. Con eso bastaría.
Deshacerse de todo el peso que te carga el mundo.
Tener tiempo para pensar sin más.
Sin juzgarte. Sin prisa.
Y tumbarte en el suelo simplemente a esperar la noche, mirando al cielo. Viendo cómo cambia de color, cómo se lleva todos los problemas, toda la impotencia, todos los gritos en silencio que el mundo se ha tragado.
Y al mirar la luna creciente, pensar que ella te observa igual, con su media sonrisa. Y estar en paz.
Pero es un deseo muy egoísta y muy imposible. Y hay cosas más urgentes y más importantes a las que atender.
Y hay problemas más grandes en el mundo como para centrarse en algo tan simple.
Sin embargo cuando pienso en escribir en lo que siento y teniendo en cuenta que es domingo...
Recapitulo en la semana, y quitando el "subidón" de la manifestación, que fue increíble... Lo que queda es esto.
Esta sensación que me aplasta, me agobia y me ahoga.
Esta sensación de haber gastado toda tu energía emocional durante la semana y no haber podido estallar, y sentirlo de golpe el último día. Sólo queda cansancio y ganas de olvidar y alejarse de todo.
Pero mañana comienza la vida de nuevo. Hay que madrugar y hacer lo de siempre, retando al mundo para no caer en la rutina.
Luchar otra vez con energías renovadas, que no sé muy bien de dónde voy a sacar.
Supongo que no seré la única, así que a todo el que lea esto le envío todos mis ánimos para empezar la semana.
Yo me he propuesto no dejar que sea una semana más en mi vida, llena de monotonía y obligaciones. Cambiar mi manera de ver las cosas. ¿Qué harás tú?
Apagar todo. Ordenador. Móvil.
Y caminar hasta que desaparezca atrás todo lo que conoces. Hasta que no puedas más.
Ir a la montaña o al campo, a respirar aire por fin.
Dejar todo atrás sin preocuparse de nada.
Un día. Con eso bastaría.
Deshacerse de todo el peso que te carga el mundo.
Tener tiempo para pensar sin más.
Sin juzgarte. Sin prisa.
Y tumbarte en el suelo simplemente a esperar la noche, mirando al cielo. Viendo cómo cambia de color, cómo se lleva todos los problemas, toda la impotencia, todos los gritos en silencio que el mundo se ha tragado.
Y al mirar la luna creciente, pensar que ella te observa igual, con su media sonrisa. Y estar en paz.
Pero es un deseo muy egoísta y muy imposible. Y hay cosas más urgentes y más importantes a las que atender.
Y hay problemas más grandes en el mundo como para centrarse en algo tan simple.
Sin embargo cuando pienso en escribir en lo que siento y teniendo en cuenta que es domingo...
Recapitulo en la semana, y quitando el "subidón" de la manifestación, que fue increíble... Lo que queda es esto.
Esta sensación que me aplasta, me agobia y me ahoga.
Esta sensación de haber gastado toda tu energía emocional durante la semana y no haber podido estallar, y sentirlo de golpe el último día. Sólo queda cansancio y ganas de olvidar y alejarse de todo.
Pero mañana comienza la vida de nuevo. Hay que madrugar y hacer lo de siempre, retando al mundo para no caer en la rutina.
Luchar otra vez con energías renovadas, que no sé muy bien de dónde voy a sacar.
Supongo que no seré la única, así que a todo el que lea esto le envío todos mis ánimos para empezar la semana.
Yo me he propuesto no dejar que sea una semana más en mi vida, llena de monotonía y obligaciones. Cambiar mi manera de ver las cosas. ¿Qué harás tú?
Spanish Revolution!
Hoy la ciudad es otra, la gente es otra, el país es otro.
Por una vez, parece que la gente se levanta y se decide a protestar en favor de sus derechos.
Y no sólo eso. Además se está haciendo con una increíble muestra de civismo.
He ido a Sol, y el ambiente de lucha y de unión popular era contagioso, increíble.
Lo primero que llama la atención es, por supuesto, la multitud. Es enorme, bestial. Un montón de gente unida para luchar por una causa. Gente variada, de todas las edades. Desde familias con hijos a jóvenes con vestimenta punk. Todos juntos, sin peleas, sin botellones.
Simplemente protestando pacíficamente, con respeto pero con energía y sin descanso.
Fue impresionante ver la implicación de todos para que hubiera limpieza y todo tipo de servicios básicos: comida, bebida, lavabos, una especia de enfermería, zona de descanso, zona infantil...
Todo ello bien separado, y organizado, incluso un mapa representaba a qué se destinaba cada zona.
También en los altavoces resonaban discursos de los líderes y de más ciudadanos de a pie, que manifestaban sus opiniones, sus propuestas.
El público estaba implicadísimo, escuchaba en silencio y al acabar, aplaudía fervientemente.
Era emocionante.
Por momentos toda la plaza del Sol se llenaba de gritos al unísono al estilo de "¡El pueblo unido jamás será vencido!", que comenzaban en alguna parte y pronto se extendían a todas partes. La sensación era de pueblo, de unión. Éramos uno, y a la vez miles de voces, todos juntos.
Otras veces toda la plaza se llenaba de silencio, y el aplauso era mudo.
Pronto perdí la cuenta de las veces que me arrepentí de ser tan torpe de llevar mi cámara sin batería, pero no quise volver a casa.
Cada segundo allí era impresionante, a pesar de que la multitud pudiera ser agobiante.
No tenía desperdicio. Por fin la revolución de las mentes, por fin los ciudadanos se levantan.
Hemos traspasado fronteras. Por fin hemos hecho algo grande, y se está haciendo bien.
Por primera vez me siento orgullosa de este país, porque estaba harta de tanta pasividad.
Todo lo que sé es que ha sido lo más bonito que he vivido en el sentido social.
Ahora no podemos abandonar. ¡Tenemos que lograr que esto sirva de algo! ¡Que no se pierda en el tiempo!
Hemos hecho historia, y es precioso estar viviendo este momento.
¡Arriba el pueblo!
¡Democracia real, ya!
----
PD: Ayer no escribí por falta de inspiración y de tiempo >.< Si a alguien le ha importado, ¡lo siento!
¡Un abrazo!
Por una vez, parece que la gente se levanta y se decide a protestar en favor de sus derechos.
Y no sólo eso. Además se está haciendo con una increíble muestra de civismo.
He ido a Sol, y el ambiente de lucha y de unión popular era contagioso, increíble.
Lo primero que llama la atención es, por supuesto, la multitud. Es enorme, bestial. Un montón de gente unida para luchar por una causa. Gente variada, de todas las edades. Desde familias con hijos a jóvenes con vestimenta punk. Todos juntos, sin peleas, sin botellones.
Simplemente protestando pacíficamente, con respeto pero con energía y sin descanso.
Fue impresionante ver la implicación de todos para que hubiera limpieza y todo tipo de servicios básicos: comida, bebida, lavabos, una especia de enfermería, zona de descanso, zona infantil...
Todo ello bien separado, y organizado, incluso un mapa representaba a qué se destinaba cada zona.
También en los altavoces resonaban discursos de los líderes y de más ciudadanos de a pie, que manifestaban sus opiniones, sus propuestas.
El público estaba implicadísimo, escuchaba en silencio y al acabar, aplaudía fervientemente.
Era emocionante.
Por momentos toda la plaza del Sol se llenaba de gritos al unísono al estilo de "¡El pueblo unido jamás será vencido!", que comenzaban en alguna parte y pronto se extendían a todas partes. La sensación era de pueblo, de unión. Éramos uno, y a la vez miles de voces, todos juntos.
Otras veces toda la plaza se llenaba de silencio, y el aplauso era mudo.
Pronto perdí la cuenta de las veces que me arrepentí de ser tan torpe de llevar mi cámara sin batería, pero no quise volver a casa.
Cada segundo allí era impresionante, a pesar de que la multitud pudiera ser agobiante.
No tenía desperdicio. Por fin la revolución de las mentes, por fin los ciudadanos se levantan.
Hemos traspasado fronteras. Por fin hemos hecho algo grande, y se está haciendo bien.
Por primera vez me siento orgullosa de este país, porque estaba harta de tanta pasividad.
Todo lo que sé es que ha sido lo más bonito que he vivido en el sentido social.
Ahora no podemos abandonar. ¡Tenemos que lograr que esto sirva de algo! ¡Que no se pierda en el tiempo!
Hemos hecho historia, y es precioso estar viviendo este momento.
¡Arriba el pueblo!
¡Democracia real, ya!
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PD: Ayer no escribí por falta de inspiración y de tiempo >.< Si a alguien le ha importado, ¡lo siento!
¡Un abrazo!
El viejo y el mar.
"Un hombre puede ser destruido,pero no derrotado."
Ernest Hemingway
Hace alrededor de un año que leí "El viejo y el mar". Es una lectura que recomiendo muchísimo. Para mí es uno de esos libros que cuando se terminan de leer gustan más de lo que se esperaba.
Sobre todo por el mensaje que expresa -o al menos lo que yo he entendido-, pero soy también consciente de que éste sólo se puede entender cuando estemos preparados y cuando queramos entenderlo.
Quiero decir, que es de esas cosas que nos han dicho toda la vida y nos suenan a tópico, pero no terminamos de entenderlas hasta que comprobamos que no son una estupidez.
Como eso de que la vida sigue pase lo que pase. Al menos a mí, me lo dices hace unos años y pienso: "Ya, ¿y qué? Si ni siquiera vale la pena".
Sin embargo tarde o temprano te das cuenta de que es verdad. De que hasta que no estás muerto, la vida sigue y hay que aguantar, llevarla adelante con el peso de todo lo vivido cargado a las espaldas. Que los problemas que no tienen solución no deben de detenernos porque no vale la pena, y los que sí la tienen no son problemas, sólo algo que hay que resolver.
Es un error quedarnos estancados en un punto de nuestra vida durante mucho tiempo. Claro que los malos momentos dejan cicatrices, pero dejar que la vida nos pase por encima no hace más que hacerlas más profundas para cuando al final descubras que sigues vivo y has desperdiciado tu tiempo.
Y claro que cuando recibes un golpe necesitas detenerte un momento para recuperar la compostura, y si te caes has de levantarte primero. Pero aunque de miedo al principio, hay que continuar el camino.
Hay quien dice que la vida es bella. Otra frase que antes me sonaba siempre a tópico. A la mínima salía algo mal, pensaba "¿y esto es bello?". Ahora he entendido que es verdad. Claro que la vida es bella, la vida es maravillosa. Otra cosa es que sea fácil... Pero siendo sincera, me parece mucho más interesante que una vida de color rosa -quitando el hecho de que el rosa no es uno de mis colores predilectos.
Me doy cuenta de que a veces me complico, pienso, me confundo... en vez de ser consciente que mi vida es mucho más simple. Hoy entiendo que no sé qué hago aquí, pero estoy viva. Y ya que lo estoy, tengo el derecho y casi el deber a aprovecharlo lo mejor que pueda.
Porque a veces me desperté y no entendí por qué amanecía. Pero amanecía.
Ernest Hemingway
Hace alrededor de un año que leí "El viejo y el mar". Es una lectura que recomiendo muchísimo. Para mí es uno de esos libros que cuando se terminan de leer gustan más de lo que se esperaba.
Sobre todo por el mensaje que expresa -o al menos lo que yo he entendido-, pero soy también consciente de que éste sólo se puede entender cuando estemos preparados y cuando queramos entenderlo.
Quiero decir, que es de esas cosas que nos han dicho toda la vida y nos suenan a tópico, pero no terminamos de entenderlas hasta que comprobamos que no son una estupidez.
Como eso de que la vida sigue pase lo que pase. Al menos a mí, me lo dices hace unos años y pienso: "Ya, ¿y qué? Si ni siquiera vale la pena".
Sin embargo tarde o temprano te das cuenta de que es verdad. De que hasta que no estás muerto, la vida sigue y hay que aguantar, llevarla adelante con el peso de todo lo vivido cargado a las espaldas. Que los problemas que no tienen solución no deben de detenernos porque no vale la pena, y los que sí la tienen no son problemas, sólo algo que hay que resolver.
Es un error quedarnos estancados en un punto de nuestra vida durante mucho tiempo. Claro que los malos momentos dejan cicatrices, pero dejar que la vida nos pase por encima no hace más que hacerlas más profundas para cuando al final descubras que sigues vivo y has desperdiciado tu tiempo.
Y claro que cuando recibes un golpe necesitas detenerte un momento para recuperar la compostura, y si te caes has de levantarte primero. Pero aunque de miedo al principio, hay que continuar el camino.
Hay quien dice que la vida es bella. Otra frase que antes me sonaba siempre a tópico. A la mínima salía algo mal, pensaba "¿y esto es bello?". Ahora he entendido que es verdad. Claro que la vida es bella, la vida es maravillosa. Otra cosa es que sea fácil... Pero siendo sincera, me parece mucho más interesante que una vida de color rosa -quitando el hecho de que el rosa no es uno de mis colores predilectos.
Me doy cuenta de que a veces me complico, pienso, me confundo... en vez de ser consciente que mi vida es mucho más simple. Hoy entiendo que no sé qué hago aquí, pero estoy viva. Y ya que lo estoy, tengo el derecho y casi el deber a aprovecharlo lo mejor que pueda.
Porque a veces me desperté y no entendí por qué amanecía. Pero amanecía.
Ausente
Si a alguien le importa, no he podido escribir porque he estado algo ocupada. De hecho, ahora no debería de estar escribiendo, pero no quiero seguir atrasándome con las entradas, así que escribo....
------
Estoy como ausente. Como si no supiera bien dónde estoy, como si no terminara de estar.
Mis pies están en el suelo, pero los veo desde el aire, como si mi mente flotara.
Todo da vueltas. No me encuentro. No entiendo. No me concentro. No sé qué pasa.
Nada me parece lógico y no termino de entender qué hago aquí, o en cualquier lado.
Todo parece una imagen extraña, como ver a través de la ventana de un coche que va a toda velocidad en un día de lluvia. Imágenes borrosas que no terminan de durar siquiera un instante, repetidas en cada gota que se pega al cristal. En cada parpadeo todo cambia y no soy capaz de entender.
Y como no entiendo y no me da tiempo a intentarlo siquiera, no soy capaz de decir nada. Sólo palabras o frases absurdas, inconexas. Me gustaría poder permanecer en silencio, observando.
Poder olvidarlo todo. Parar el coche. Abrir la ventanilla y dejar entrar el agua y el viento. Saborear este momento raro, sin hacer nada más.
Me gustaría que todo se detuviese por un segundo para poder hacerme amiga del mundo otra vez.
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Estoy como ausente. Como si no supiera bien dónde estoy, como si no terminara de estar.
Mis pies están en el suelo, pero los veo desde el aire, como si mi mente flotara.
Todo da vueltas. No me encuentro. No entiendo. No me concentro. No sé qué pasa.
Nada me parece lógico y no termino de entender qué hago aquí, o en cualquier lado.
Todo parece una imagen extraña, como ver a través de la ventana de un coche que va a toda velocidad en un día de lluvia. Imágenes borrosas que no terminan de durar siquiera un instante, repetidas en cada gota que se pega al cristal. En cada parpadeo todo cambia y no soy capaz de entender.
Y como no entiendo y no me da tiempo a intentarlo siquiera, no soy capaz de decir nada. Sólo palabras o frases absurdas, inconexas. Me gustaría poder permanecer en silencio, observando.
Poder olvidarlo todo. Parar el coche. Abrir la ventanilla y dejar entrar el agua y el viento. Saborear este momento raro, sin hacer nada más.
Me gustaría que todo se detuviese por un segundo para poder hacerme amiga del mundo otra vez.
Miedos
Un ejercicio en clase me ha dejado pensando. Consistía simplemente en dejarte caer hacia atrás desde una mesa, y el resto te sujetaban antes de llegar al suelo. Al principio da miedo, pero en el momento simplemente te inclinas y sucede. Y no pasa nada.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.
Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.
Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.
¡Festejo a la ñoñería y la hipercloridria!
Hay personas que aparecen en tu vida y lo cambian todo. Desde el punto en que aparecen en tu vida, todo se detiene un segundo y tu camino toma un sentido totalmente diferente al que hubiera esperado cualquiera.
A día de hoy, puedo decir que gracias a este tipo de personas soy afortunada. Muy, muy afortunada. He cometido errores, pero las cosas no han salido mal del todo al final. Y quien ha querido permanecer, ha permanecido conmigo. Simplemente a mi lado, sin que los cambios cambien nada -valga la redundancia.
Es como mirar a un horizonte de mar y atardecer naranja, con el sol calentando tu piel y una brisa abrazándote. Y girarte un segundo y encontrarte con que no estás solo, que hay alguien a tu lado mirando fijamente al frente sin apartarse un segundo de ti.
Se me hace imposible pensar que existan mejores personas en el mundo, al menos para mí y para mi mundo.
Yo que tengo un mundo tan interior y tan extraño, lleno de parajes inimaginables, de dudas, de cielos de todos los colores, repleto de estrellas inalcanzables y de una melodía cambiante y dulce. Y de agua, mucha agua reflejando la luz que queda.
Es increíble ver cómo han entrado sin miedo, o, al menos, sin demasiado miedo. Cómo se han metido de lleno y no han salido corriendo al descubrir lo que hay dentro. Cómo han aceptado mis rarezas como parte de mí, y no se han avergonzado ante el mundo de compartirlas.
Y cómo me han dejado entrar en sus mundos, y compartirlos. E imaginar cosas juntos, como si no hubiera tiempo del que preocuparnos.
No puedo evitar sentir como si tuviera un hogar interior vaya a donde vaya en donde estas personas tienen cabida. Un lugar cálido como un abrazo que siempre me acompaña, incluso en el día más solitario. Admito que he sido capaz de olvidarlo por instantes, pero en cuanto vuelvo a encontrar un resquicio, me inunda por completo.
Me han hecho entender tantas cosas, y crecer tanto. Me han hecho comprender qué es querer, qué es la amistad y la familia.
Quisiera con todas mis fuerzas poder darles las gracias, pero no hay nada que sea suficiente para que entiendan qué han hecho por mí.
Hoy estoy extrañamente cursi -lo cual hace que me odie un poco por dentro-, pero sólo quería hacer llegar este mensaje y a veces cuesta menos escribir idioteces así que decirlo sin más. A quienes dirijo estas palabras son personas muy, muy importantes. Espero que sepan por sí mismas quiénes son. Y que sigo aquí, que aunque haya que aguantarme seré incondicional. Quiero darles lo mejor de mí, porque me demuestran que me dan lo mejor de sí cada día.
Bueno, acabo ya con mi ñoñería. Espero que haya quedado claro.
A día de hoy, puedo decir que gracias a este tipo de personas soy afortunada. Muy, muy afortunada. He cometido errores, pero las cosas no han salido mal del todo al final. Y quien ha querido permanecer, ha permanecido conmigo. Simplemente a mi lado, sin que los cambios cambien nada -valga la redundancia.
Es como mirar a un horizonte de mar y atardecer naranja, con el sol calentando tu piel y una brisa abrazándote. Y girarte un segundo y encontrarte con que no estás solo, que hay alguien a tu lado mirando fijamente al frente sin apartarse un segundo de ti.
Se me hace imposible pensar que existan mejores personas en el mundo, al menos para mí y para mi mundo.
Yo que tengo un mundo tan interior y tan extraño, lleno de parajes inimaginables, de dudas, de cielos de todos los colores, repleto de estrellas inalcanzables y de una melodía cambiante y dulce. Y de agua, mucha agua reflejando la luz que queda.
Es increíble ver cómo han entrado sin miedo, o, al menos, sin demasiado miedo. Cómo se han metido de lleno y no han salido corriendo al descubrir lo que hay dentro. Cómo han aceptado mis rarezas como parte de mí, y no se han avergonzado ante el mundo de compartirlas.
Y cómo me han dejado entrar en sus mundos, y compartirlos. E imaginar cosas juntos, como si no hubiera tiempo del que preocuparnos.
No puedo evitar sentir como si tuviera un hogar interior vaya a donde vaya en donde estas personas tienen cabida. Un lugar cálido como un abrazo que siempre me acompaña, incluso en el día más solitario. Admito que he sido capaz de olvidarlo por instantes, pero en cuanto vuelvo a encontrar un resquicio, me inunda por completo.
Me han hecho entender tantas cosas, y crecer tanto. Me han hecho comprender qué es querer, qué es la amistad y la familia.
Quisiera con todas mis fuerzas poder darles las gracias, pero no hay nada que sea suficiente para que entiendan qué han hecho por mí.
Hoy estoy extrañamente cursi -lo cual hace que me odie un poco por dentro-, pero sólo quería hacer llegar este mensaje y a veces cuesta menos escribir idioteces así que decirlo sin más. A quienes dirijo estas palabras son personas muy, muy importantes. Espero que sepan por sí mismas quiénes son. Y que sigo aquí, que aunque haya que aguantarme seré incondicional. Quiero darles lo mejor de mí, porque me demuestran que me dan lo mejor de sí cada día.
Bueno, acabo ya con mi ñoñería. Espero que haya quedado claro.
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