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Ausente

Si a alguien le importa, no he podido escribir porque he estado algo ocupada. De hecho, ahora no debería de estar escribiendo, pero no quiero seguir atrasándome con las entradas, así que escribo....


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Estoy como ausente. Como si no supiera bien dónde estoy, como si no terminara de estar.
Mis pies están en el suelo, pero los veo desde el aire, como si mi mente flotara. 
Todo da vueltas. No me encuentro. No entiendo. No me concentro. No sé qué pasa.
Nada me parece lógico y no termino de entender qué hago aquí, o en cualquier lado.
Todo parece una imagen extraña, como ver a través de la ventana de un coche que va a toda velocidad en un día de lluvia. Imágenes borrosas que no terminan de durar siquiera un instante, repetidas en cada gota que se pega al cristal. En cada parpadeo todo cambia y no soy capaz de entender.
Y como no entiendo y no me da tiempo a intentarlo siquiera, no soy capaz de decir nada. Sólo palabras o frases absurdas, inconexas. Me gustaría poder permanecer en silencio, observando. 
Poder olvidarlo todo. Parar el coche. Abrir la ventanilla y dejar entrar el agua y el viento. Saborear este momento raro, sin hacer nada más.
Me gustaría que todo se detuviese por un segundo para poder hacerme amiga del mundo otra vez.

Un segundo antes.

Decir adiós suavemente a lo que fue o lo que pudo ser. Como si cerraras una cajita de recuerdos para guardarla bien y no pensar en ella hasta que vuelvas a encontrarla, casi por casualidad, cuando ya has olvidado que existe.
Abrazar unos recuerdos y unos sueños por última vez, antes de dejarlos atrás, bien escondidos bajo la cama.
Y hacerlo en paz, sin pena. Si acaso, con algo de nostalgia, pero sin dejarte hundir. Pues la vida sigue, y llenarás mil cajas como esta de momentos inigualables. 
Dejar atrás y no anclarse en las posibilidades, porque sabes que es lo mejor.
En la milésima de segundo en que terminas de cerrar la tapa, casi notas en la piel el tacto de lo que guardas. Una caricia fantasma, fugaz... perdida allá lejos, en el tiempo. En el raro, corto, largo tiempo.
Quisieras quedarte en ese segundo para siempre, pero ya has decidido. Sabes que ha sucedido lo que debía, sabes que las cosas seguirán su curso y que la vida continúa.
Mejor no preguntarse más por las posibilidades. No serviría de nada, lo único que conseguirías con ello en estos casos es confundir más lo que te rodea. Volverlo todo más borroso. Más imágenes que se juntan sin sentido.
Ya está cerrada. Te preguntas cómo harás para continuar sin pensar en todo lo que hay dentro. Qué harás cuando sin quererlo, recuerdes. Cómo eres capaz de cerrarla y ya está.
Sin embargo, está ahora todo tan claro dentro de la confusión, estás tan seguro de que has hecho bien que lo dejas estar.


En mi caso me doy cuenta de que a veces corto más los hilos que me atan a todo esto más de lo que debería. Intento fingir que no sucede nada, y que no ha cambiado nada, pero levanto una barrera invisible para el mundo ante los recuerdos. Y sigo adelante.
Alguna vez me arrepiento, porque se pierden cosas. Es como si abriera las manos al viento, y dejara que se llevara lo que hay en ellas, cerrando los ojos para no ver que está sucediendo eso. Pero por mucho que no mire, noto el viento rozando la piel, revolviéndome el pelo, haciendo volar las memorias. Y respiro hondo para olvidarlo todo.
Mi problema es que no sé hacerlo de otra manera.

Inútil

Muchas veces me planteo lo inútil que soy en muchos sentidos. No es que esté en plan depresivo-auto-compasivo (creo), sino que simplemente, lo siento así. Como por ejemplo cuando me piden consejo, o en esos momentos en los que ves cómo alguien que aprecias muchísimo se viene abajo, y no sabes hacer nada por detenerlo.
Me pasa a menudo, y no lo soporto. Pienso que merecen a alguien mejor que sea capaz de sacarlos adelante, que sea capaz de tirar de ellos, de darles una idea genial, y no aguanto no ser capaz de ser esa persona que hace falta, capaz de sacar una sonrisa, como hacen ellos conmigo. De animar las cosas, de hacer que no parezca tan grave, o incluso de abrirles los ojos si es necesario, como hicieron conmigo en su momento. De aliviarlo todo por un segundo y que la vida no parezca la mierda que está siendo entonces, o que al menos tenga mejor pinta. Aunque sea un poco.
Pero una y otra vez me pasa lo mismo, que me siento una completa estúpida, una inútil. Comprender no es suficiente. Y lo que importa no es eso, que me sienta idiota. Sino que me da la sensación de que realmente no soy capaz de devolverles lo que ellos me han dado. 
Quizás es una gilipollez, pero últimamente no paro de pensarlo. Me siento como una imbécil emocional -creo que estos días, más de uno me lo ha oído un par de veces. 
Y no me apetece que me digan que no es así. No quiero. Lo único que me apetece es tener la solución a sus problemas, o al menos la clave para hacerles sentir mejor. ¡Joder! Simplemente hacer por ellos lo que hacen por mí, como mínimo. Para sentir que mi amistad les vale de algo, para verles sonreír un poco. Yo que sé. Para hacerles entender lo que me importan, y conseguir mejorar un poquito sus vidas, como hacen conmigo.
Es tantísimo lo que tengo que agradecerles que me parece fatal por mi parte no poder ofrecerles como mínimo, lo mismo.
Y sin embargo, aquí estoy, perdida y sin saber por dónde buscar la solución...
Supongo que algo aprenderé de ellos, de mis amigos, de mi familia, con el tiempo.
Hasta entonces intentaré todo lo que pueda, aunque sea torpe y, sinceramente, se me de fatal.
Aguantadme hasta entonces, ¡si podéis! Espero que en este caso, la intención cuente.
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PD: Joder, ¡bien de tacos que he escrito hoy! ¿De dónde han salido?

Seguir, seguir y seguir.

Hay algunos días en los que sin más, es difícil encontrar un sentido a seguir.
Por un segundo, siento que no entiendo qué hago aquí, en Madrid, haciendo lo que hago. Por un segundo me entran dudas y no veo sentido a seguir adelante. No tengo ganas de dar un salto y presentarme en clase como todos los días. Pienso que quizás no es mi sitio, que quizás no es mi profesión, que quizás no valga, que quizás no encontraré mi sitio, que quizás deba renunciar, y que quizás y quizás y quizás....
Y que si me importa algo ahora es simplemente mi familia, y esa gente con quien no comparto sangre pero sí unos lazos fortísimos.
Pero sin darme tiempo a pensar, me levanto, voy a clase, ensayo, pruebo, me esfuerzo, juego, actúo lo mejor que puedo. Disfruto. Me entrego. No me paro a pensar en si estoy satisfecha con lo que he hecho por miedo. Y sigo sin darme tiempo a pensar y voy a clases de inglés, y preparo el ejercicio de técnica, y el ensayo que tenga al día siguiente, y sigo adelante. Y sigo y sigo y sigo. Hasta agotarme.
Y me doy cuenta de que, a pesar de lo que pueda costarme, de todas las inseguridades, los días malos, la frustración, el peso de todo... Sigo aquí. Y no podría irme.
Es como una relación amor-odio con lo que hago. 
Pero encuentro que aunque haya días que esté desmotivada, hay días increíbles en los que simplemente me doy cuenta de que vale la pena, cuando veo que a alguien le ha llegado el trabajo que hemos hecho, cuando veo cosas increíbles suceder en clase como por primera vez, cuando trabajo en algo a fondo, y me he pasado semanas sin pensar en otra cosa que en mi personaje y mi escena, y sin dormir, y veo que sirve de algo, que hay un cambio... Cuando se me enciende la bombilla y por fin entiendo a mi personaje completamente, cuando no pienso en nada y me dejo llevar por la escena, cuando termino y estoy aturdida y no sé qué he hecho... O simplemente cuando miro atrás y me doy cuenta de todo lo que he aprendido del teatro y de todo.
Es que me estoy quedando corta con todo lo bonito que tiene el teatro para mí. Supongo que es cuestión del día.
Hoy escribo esto para recordarme a mí misma por qué sigo, por qué no abandono aunque a veces parezca que todo es... una mierda. O peor, que me deja casi indiferente.
Porque hay días en los que simplemente parece que nada vale la pena.

¡Gracias por leer mis estupideces!