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Impotencia

Es como navegar en un colador. Entra agua por todas partes.
Todo decide darte la espalda. Incluso tu propia mente. Qué digo. Sobre todo tu propia mente.
Tengo ganas de lanzarme a la vida con un cartel de "No estoy" colgado en la frente.
Que todos se traguen sus palabras y sus juicios. Creedme, bastante tengo con los que me hago a mí misma.
Mi cabeza y mi cuerpo se niegan a colaborar conmigo. 
Y el reloj continúa con su discurso. "No puedes rendirte, tic; no puedes rendirte, tac".
Es difícil salir ileso, los enemigos se esconden en todas partes. Son más peligrosos de lo que crees. Y más cuando descubres que eres tú el mayor enemigo que tienes. No hay escapatoria.
Qué contradictorio. Uno debe ser a sí mismo su mayor apoyo, pero es a la vez la mayor fuerza opuesta.
Me gustaría ser coherente, pero no escribo para serlo. Escribo para tapar agujeros, o al menos para olvidar un rato que existen. Y son ellos mismos quienes se niegan a ser coherentes...

Basta

La luz del atardecer es naranja, y se ve la silueta de una niña con vestido avanzando por la cuerda floja. Pone un pie delante del otro una y otra vez; a veces su mirada es como la de una autómata.

Da un paso en falso y sus ojos despiertan. No se cae. Se mantiene a salvo y continúa caminando. Caminando, caminando, caminando.

La cuerda se alarga a cada paso que da, y se afloja cada vez que duda.

Ella no quiere estar ahí, pero traga saliva y mira poco hacia abajo, donde la tierra se ha abierto para dejar una herida abierta de color verde que sangra agua cristalina.

El paisaje es hermoso, todo verde bañado en luz de sol.

Nadie sabe quién es o por qué está ahí. Se la ve cerrar los ojos con fuerza un segundo, queriendo retener emociones que le impiden ver su camino y avanzar.

Es como un personaje de Chéjov, pero sin encanto. Es insignificante. Es polvo.

La cuerda cada vez se afloja más. El peso de la responsabilidad la obliga a continuar, ya que si no avanza, cae con todo.

A veces sus labios se mueven, cuando susurra que quisiera dejar de ser polvo y ser una pluma, y caer sóla y aún más insignificantemente. Caer lentamente, inadvertidamente, suavemente. Arrastrada por la corriente de aire fresco que le revuelve el pelo suelto que se enreda en sus pestañas, como queriendo acariciar sus ojos y decirle: "basta, basta".

Susurra, pero el viento traga sus palabras que nunca serán oídas.

Basta, basta.

Carta a Nina

"Querida Nina,
Han caído unas gotas, las primeras del otoño.

Tenía la ventana abierta y entonces entró olor a tierra mojada. Y por algún motivo, me sentí como si me hubieran trasladado un segundo a casa. Sí, a CASA. En mayúsculas. No aquí.
Era un olor extraño para estar en la ciudad; no me lo esperaba. No en este edificio en el que vivo. 
Así que el olor ha venido flotando y se ha colado entre las cortinas blancas de encaje que se ondearon unos segundos con el viento. Comenzaba también el frío.
La lluvia ha parado tan súbitamente como empezó, pero ha dejado todo un río de dudas y pensamientos que no sé cómo contarte.


Aquí en el futuro todo va bien, al menos dentro de lo que se puede esperar. Estás persiguiendo tus sueños, viviendo aventuras y conociendo lugares y personas únicas.

Aún así, no va bien.
Por algún motivo, has encontrado que no deberías de estar donde estás y aún así tienes la seguridad de que no hay vuelta atrás.
Estás viendo cómo tus esfuerzos se escurren por el más pequeño agujero, que pasó desapercibido. No hay camino hacia adelante, pero tampoco puedes volver.
No quieres decepcionarte, quieres terminar lo que empezaste, lo sé.
Nina, te juro que hay momentos en los que me gustaría que leyeras esto y cambiaras de idea. Quizás fuera doloroso no perseguir este sueño. Puede que me dieras una bofetada si te dijera estas palabras; tú siempre creíste firmemente en tirarse a por todas. Pero ¿qué dirías su supieras con seguridad que no lo estás consiguiendo? 

Bueno, dirías que lo intentara más fuerte.
Pero te aseguro que hoy, justamente hoy, no entiendo qué haces tú aquí. No deberías. Quisiera protegerte. 

Ya es tarde.
Te lo cuento a ti, y sólo a ti, porque no quiero palabras de ánimo. No quiero palabras vacías. No quiero que me digan que puedo con todo y más. Sé que puedo sobrevivir, ¡claro que puedo, joder!
Y tampoco quiero decepcionarte. Quiero terminar lo que he empezado.

Aún así... ¿Cómo cojones piensas sobrevivir aquí? Si te decepcionas cada día por no estar ni aquí ni allá; por haber venido para nada; por ser una carga...
Lo siento, no quiero hacer que te sientas mal. De hecho te admiro. Admiro tu determinación y tu energía y tus ganas... pero a mí todo esto se me está agotando y me odio por ello.
Nina... quisiera volver a verte pronto. Creo que me haces falta, porque no aguanto estar aquí en medio de la nada.
Un abrazo enorme; sé que lo necesitarás."

Lost in thought

Me desperté y sin saber muy bien por qué, sentí que había perdido algo. Y con los ojos cerrados y la mente aún sin despertar, navegué entre recuerdos ligeramente borrosos de un sueño. Entonces descubrí que fue sólo eso, un sueño.
Pero mientras dormía, mi realidad era esa. Había perdido algo.
Me sentí absurda por tener miedo de una pesadilla.
Era uno de esos días en los que sólo necesitaba que me abrazaran fuerte y me hicieran sentir segura, y me trajeran un té calentito con leche y miel a la cama, y ver una película estúpida.
Ese día yo era una niña perdida en un mundo de adultos.
Y así como me sentía, tan pequeña, no fue fácil recuperarme. El miedo se me había metido ya en el cuerpo y se asentaba pasando a un plano más real, queriéndome hacer pensar algo así podría pasar.
Mantenía los ojos cerrados, muy apretados. Tuve miedo del mundo.
Me quedé así mucho tiempo. No sé cuanto. Con los ojos cerrados, el tiempo siempre transcurre de forma diferente.
Cuando me tranquilicé respiré profundamente y me dije a mí misma que no era real. Que cuando abriera los ojos, lo olvidaría. Se convertiría en una imagen cada vez más borrosa hasta que finalmente desaparecería, como suele pasar con los sueños.
Entonces abrí los ojos.
Y en ese momento descubrí que era verdad. Que el único sueño había sido pensar que era un sueño.
Y sentí la pérdida por segunda vez y como si fuera la primera.

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La verdad es que no sé muy bien de dónde ha salido este texto.
No es algo que me haya pasado, y encima ahora mismo tengo mil motivos para estar contenta. Y sin embargo hoy me desperté algo melancólica y mimosa y estúpida, y sólo me salía escribir esta cosa rara.
Supongo que en realidad sí que me gustaría que me abrazaran fuerte, y ver una película tonta con té calentito sin tener que decir nada de nada, y sentirme segura.

¿Cómo prepararnos?

Parece que en la vida, debemos situarnos de alguna manera en todo.
En un rol, en un lugar, en una relación. Todo debe de estar ordenado de alguna manera.
No vale escaparte sin más, no vale olvidar.
De hecho, nos acostumbramos a ello. Y es difícil salir del contexto. 
A veces es una aventura, emocionante. Te descolocas, te vuelves nada, y volviéndote nada, te vuelves tú mismo.
Sin embargo hay veces en las que te preguntas cuándo cambió...
Al tiempo, te encuentras de frente con la realidad sin estar mentalmente preparada... ¿Pero cómo se hace eso? ¡Y no sabes reaccionar! Y es que no es posible mentalizarte para algo así. Nunca sabes lo que pasará hasta que pase.
Yo estaba tan acostumbrada a todo, y a la vez no sabía acostumbrarme. Y cuando dejé atrás todo, no pensé en que tarde o temprano tendría que haber silencios incómodos, que sería todo tan desconcertante.
De hecho, en el momento te parece absurdo que las cosas no sean como eran, y tienes que esforzarte en recordar por qué tomaste las decisiones que tomaste.
Y encuentras la respuesta ¡claro! pero... La lógica a veces no es suficiente cuando te topas de frente con la vida. Siempre hay algo debajo de la piel que parece pensar por su cuenta, escapar y decidir por sí mismo.
Como una especie de fiera interior, como tener a un dragón bombeando la sangre, llenándola de llamas que te queman desde dentro. En ese momento respiras fuego. Pero te obligas a apagarte, y tragas aire, y agua, que apaga el fuego, y el humo te hiere por un ratito.
Es entonces cuando te das cuenta de que las cosas seguirán así.
Me gustaría que no hubiera salido todo de esta forma, que todo fuera para mejor.
Me gustaría poder solucionar asuntos que han quedado atrás.
Me gustaría ser capaz de abrir la boca y decir todo lo que tenga que decir, sin tapujos.
Pero las palabras nunca quisieron venir a mi mente, y si vinieron, se atascaron en mi garganta, o como mucho en mis labios, cortando la respiración. No quisieron salir, o no pudieron.
En fin, no hay que darle más vueltas. Ahora toca seguir, y de una manera u otra la vida se irá colocando sola a sí misma, asentándose, y para poner de mi parte no debo estancarme en lo que ya ha pasado.

¡RÍE!

"Un día sin reír es un día perdido."
Charles Chaplin



Siguiendo en la línea de mis anteriores entradas, continúo con la intención de que cada día sea lo mejor posible.
Y me doy cuenta de que reír es una de las mejores maneras de endulzar la vida sin tener que disfrazar los problemas.
Reír de la realidad, tal cual es, reír de lo bueno y de lo malo.

Sin huir, afrontando la vida, llorando cuando haga falta ¡por supuesto! Toda emoción es bienvenida.
Pero no dejar que el mundo te robe la capacidad de encontrar algo por lo que reír.
La risa cura. Despierta. Hace que los problemas parezcan menos graves una vez nos hemos decidido a encararlos, y entonces podemos hacerlo sin miedo.

Y, por supuesto, aprender a reírnos de nosotros mismos.
El mundo y la vida se hacen menos dolorosos y más llevaderos si decidimos afrontarlos con humor... Incluso aunque te consideres un adulto.
Mucha gente parece confundir ser adulto con ser serio. Como si al crecer tuviéramos que volvernos mustios y grises. Como si no hacerlo significara no crecer.
Pero a mí me parece darle demasiada importancia a un mundo en el que somos menos que un grano de arena.
Y creo que así no se disfruta la vida. Al menos no en mi caso.

Por supuesto que hay momentos que no son de risa. No me malinterprete nadie, no hablo de convertir en frívolas las cosas importantes...
Sólo digo que cuando sucede algo malo hay que hacerle frente, buscar una solución. Y una vez se soluciona, dejar de sufrir.
Y si no hay solución, superarlo también. La cosa es no quedarse sufriendo para siempre sin hacer nada.

Se trata de vivir, no de existir, no de sobrevivir. 
Y creo que de lo más triste que nos puede pasar es olvidar de reírnos.
Así que sonríe, descojónate del mundo -por muy palabrota que sea-, ríe a carcajadas y con ganas hasta que no puedas más, y entonces... ¡sigue riendo!

Hay quien al oírme decir estas cosas piensa que es simplemente porque soy joven, que ya cambiaré.
Quizás tengan razón, pero espero no caer en la trampa y equivocarme tanto.

El viejo y el mar.

"Un hombre puede ser destruido,pero no derrotado."
Ernest Hemingway


Hace alrededor de un año que leí "El viejo y el mar". Es una lectura que recomiendo muchísimo. Para mí es uno de esos libros que cuando se terminan de leer gustan más de lo que se esperaba.
Sobre todo por el mensaje que expresa -o al menos lo que yo he entendido-, pero soy también consciente de que éste sólo se puede entender cuando estemos preparados y cuando queramos entenderlo.
Quiero decir, que es de esas cosas que nos han dicho toda la vida y nos suenan a tópico, pero no terminamos de entenderlas hasta que comprobamos que no son una estupidez. 
Como eso de que la vida sigue pase lo que pase. Al menos a mí, me lo dices hace unos años y pienso: "Ya, ¿y qué? Si ni siquiera vale la pena".
Sin embargo tarde o temprano te das cuenta de que es verdad. De que hasta que no estás muerto, la vida sigue y hay que aguantar, llevarla adelante con el peso de todo lo vivido cargado a las espaldas. Que los problemas que no tienen solución no deben de detenernos porque no vale la pena, y los que sí la tienen no son problemas, sólo algo que hay que resolver.
Es un error quedarnos estancados en un punto de nuestra vida durante mucho tiempo. Claro que los malos momentos dejan cicatrices, pero dejar que la vida nos pase por encima no hace más que hacerlas más profundas para cuando al final descubras que sigues vivo y has desperdiciado tu tiempo.
Y claro que cuando recibes un golpe necesitas detenerte un momento para recuperar la compostura, y si te caes has de levantarte primero. Pero aunque de miedo al principio, hay que continuar el camino.
Hay quien dice que la vida es bella. Otra frase que antes me sonaba siempre a tópico. A la mínima salía algo mal, pensaba "¿y esto es bello?". Ahora he entendido que es verdad. Claro que la vida es bella, la vida es maravillosa. Otra cosa es que sea fácil... Pero siendo sincera, me parece mucho más interesante que una vida de color rosa -quitando el hecho de que el rosa no es uno de mis colores predilectos.
Me doy cuenta de que a veces me complico, pienso, me confundo... en vez de ser consciente que mi vida es mucho más simple. Hoy entiendo que no sé qué hago aquí, pero estoy viva. Y ya que lo estoy, tengo el derecho y casi el deber a aprovecharlo lo mejor que pueda.
Porque a veces me desperté y no entendí por qué amanecía. Pero amanecía.

Ausente

Si a alguien le importa, no he podido escribir porque he estado algo ocupada. De hecho, ahora no debería de estar escribiendo, pero no quiero seguir atrasándome con las entradas, así que escribo....


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Estoy como ausente. Como si no supiera bien dónde estoy, como si no terminara de estar.
Mis pies están en el suelo, pero los veo desde el aire, como si mi mente flotara. 
Todo da vueltas. No me encuentro. No entiendo. No me concentro. No sé qué pasa.
Nada me parece lógico y no termino de entender qué hago aquí, o en cualquier lado.
Todo parece una imagen extraña, como ver a través de la ventana de un coche que va a toda velocidad en un día de lluvia. Imágenes borrosas que no terminan de durar siquiera un instante, repetidas en cada gota que se pega al cristal. En cada parpadeo todo cambia y no soy capaz de entender.
Y como no entiendo y no me da tiempo a intentarlo siquiera, no soy capaz de decir nada. Sólo palabras o frases absurdas, inconexas. Me gustaría poder permanecer en silencio, observando. 
Poder olvidarlo todo. Parar el coche. Abrir la ventanilla y dejar entrar el agua y el viento. Saborear este momento raro, sin hacer nada más.
Me gustaría que todo se detuviese por un segundo para poder hacerme amiga del mundo otra vez.

Miedos

Un ejercicio en clase me ha dejado pensando. Consistía simplemente en dejarte caer hacia atrás desde una mesa, y el resto te sujetaban antes de llegar al suelo. Al principio da miedo, pero en el momento simplemente te inclinas y sucede. Y no pasa nada.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.


Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.

¡Gracias por leer mis estupideces!