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Basta

La luz del atardecer es naranja, y se ve la silueta de una niña con vestido avanzando por la cuerda floja. Pone un pie delante del otro una y otra vez; a veces su mirada es como la de una autómata.

Da un paso en falso y sus ojos despiertan. No se cae. Se mantiene a salvo y continúa caminando. Caminando, caminando, caminando.

La cuerda se alarga a cada paso que da, y se afloja cada vez que duda.

Ella no quiere estar ahí, pero traga saliva y mira poco hacia abajo, donde la tierra se ha abierto para dejar una herida abierta de color verde que sangra agua cristalina.

El paisaje es hermoso, todo verde bañado en luz de sol.

Nadie sabe quién es o por qué está ahí. Se la ve cerrar los ojos con fuerza un segundo, queriendo retener emociones que le impiden ver su camino y avanzar.

Es como un personaje de Chéjov, pero sin encanto. Es insignificante. Es polvo.

La cuerda cada vez se afloja más. El peso de la responsabilidad la obliga a continuar, ya que si no avanza, cae con todo.

A veces sus labios se mueven, cuando susurra que quisiera dejar de ser polvo y ser una pluma, y caer sóla y aún más insignificantemente. Caer lentamente, inadvertidamente, suavemente. Arrastrada por la corriente de aire fresco que le revuelve el pelo suelto que se enreda en sus pestañas, como queriendo acariciar sus ojos y decirle: "basta, basta".

Susurra, pero el viento traga sus palabras que nunca serán oídas.

Basta, basta.

Días muy largos

Estoy muy perdida ahora mismo. Perdida y desmotivada y agotada.
Tampoco es algo que me impida continuar. Puedo seguir mi vida normalmente. Continuar con el día a día.
Eso es sencillo; simplemente no quiero quedarme atascada cuando la vida sigue.
Pero sinceramente no entiendo ya qué hago aquí. No pinto nada.
Debería estar allá. Quizás haya otra manera de perseguir un sueño.
Ahora no entiendo nada, y no sé si es porque ya queda poco y estoy cansada, o por qué... no sé.
Me pregunto si vale la pena. Y me da miedo el simple hecho de preguntarme estas cosas porque significa que tengo dudas ahora mismo sobre algo que creía tener seguro.
¿Vale la pena algo de lo que estoy haciendo realmente? ¿Vale la pena seguir aquí así?
Aquí no estoy dejando huella, podría irme sin dejar rastro.
De poco sirve lo que hago o no hago, y casi siento que más bien estorbo.
Me siento como un globo pinchado. Bastante inútil, prescindible, pero que al menos no revienta.
Como si la vida me inflara constantemente y yo me fuera haciendo agujeritos para poder continuar sin estallar, pero no tiene sentido.
Tampoco es que me importe mucho ahora mismo. Quiero decir que puedo seguir adelante y más o menos disfrutar de las cosas. Lo que pasa es que estoy muy, muy confundida y no tengo idea de cómo salir de aquí.
Ni sé pedir ayuda, ni sé si debo. Quizás es sólo una mala racha. Es más, seguramente lo sea.
Quizás deba dejar reposar las ideas, pero no hay tiempo...
Y escribo aquí porque estas ideas están ya haciendo presión adentro de mi cabeza y porque no sé expresar de otra manera qué sucede.

Miedos

Un ejercicio en clase me ha dejado pensando. Consistía simplemente en dejarte caer hacia atrás desde una mesa, y el resto te sujetaban antes de llegar al suelo. Al principio da miedo, pero en el momento simplemente te inclinas y sucede. Y no pasa nada.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.


Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.

Un segundo antes.

Decir adiós suavemente a lo que fue o lo que pudo ser. Como si cerraras una cajita de recuerdos para guardarla bien y no pensar en ella hasta que vuelvas a encontrarla, casi por casualidad, cuando ya has olvidado que existe.
Abrazar unos recuerdos y unos sueños por última vez, antes de dejarlos atrás, bien escondidos bajo la cama.
Y hacerlo en paz, sin pena. Si acaso, con algo de nostalgia, pero sin dejarte hundir. Pues la vida sigue, y llenarás mil cajas como esta de momentos inigualables. 
Dejar atrás y no anclarse en las posibilidades, porque sabes que es lo mejor.
En la milésima de segundo en que terminas de cerrar la tapa, casi notas en la piel el tacto de lo que guardas. Una caricia fantasma, fugaz... perdida allá lejos, en el tiempo. En el raro, corto, largo tiempo.
Quisieras quedarte en ese segundo para siempre, pero ya has decidido. Sabes que ha sucedido lo que debía, sabes que las cosas seguirán su curso y que la vida continúa.
Mejor no preguntarse más por las posibilidades. No serviría de nada, lo único que conseguirías con ello en estos casos es confundir más lo que te rodea. Volverlo todo más borroso. Más imágenes que se juntan sin sentido.
Ya está cerrada. Te preguntas cómo harás para continuar sin pensar en todo lo que hay dentro. Qué harás cuando sin quererlo, recuerdes. Cómo eres capaz de cerrarla y ya está.
Sin embargo, está ahora todo tan claro dentro de la confusión, estás tan seguro de que has hecho bien que lo dejas estar.


En mi caso me doy cuenta de que a veces corto más los hilos que me atan a todo esto más de lo que debería. Intento fingir que no sucede nada, y que no ha cambiado nada, pero levanto una barrera invisible para el mundo ante los recuerdos. Y sigo adelante.
Alguna vez me arrepiento, porque se pierden cosas. Es como si abriera las manos al viento, y dejara que se llevara lo que hay en ellas, cerrando los ojos para no ver que está sucediendo eso. Pero por mucho que no mire, noto el viento rozando la piel, revolviéndome el pelo, haciendo volar las memorias. Y respiro hondo para olvidarlo todo.
Mi problema es que no sé hacerlo de otra manera.

Inútil

Muchas veces me planteo lo inútil que soy en muchos sentidos. No es que esté en plan depresivo-auto-compasivo (creo), sino que simplemente, lo siento así. Como por ejemplo cuando me piden consejo, o en esos momentos en los que ves cómo alguien que aprecias muchísimo se viene abajo, y no sabes hacer nada por detenerlo.
Me pasa a menudo, y no lo soporto. Pienso que merecen a alguien mejor que sea capaz de sacarlos adelante, que sea capaz de tirar de ellos, de darles una idea genial, y no aguanto no ser capaz de ser esa persona que hace falta, capaz de sacar una sonrisa, como hacen ellos conmigo. De animar las cosas, de hacer que no parezca tan grave, o incluso de abrirles los ojos si es necesario, como hicieron conmigo en su momento. De aliviarlo todo por un segundo y que la vida no parezca la mierda que está siendo entonces, o que al menos tenga mejor pinta. Aunque sea un poco.
Pero una y otra vez me pasa lo mismo, que me siento una completa estúpida, una inútil. Comprender no es suficiente. Y lo que importa no es eso, que me sienta idiota. Sino que me da la sensación de que realmente no soy capaz de devolverles lo que ellos me han dado. 
Quizás es una gilipollez, pero últimamente no paro de pensarlo. Me siento como una imbécil emocional -creo que estos días, más de uno me lo ha oído un par de veces. 
Y no me apetece que me digan que no es así. No quiero. Lo único que me apetece es tener la solución a sus problemas, o al menos la clave para hacerles sentir mejor. ¡Joder! Simplemente hacer por ellos lo que hacen por mí, como mínimo. Para sentir que mi amistad les vale de algo, para verles sonreír un poco. Yo que sé. Para hacerles entender lo que me importan, y conseguir mejorar un poquito sus vidas, como hacen conmigo.
Es tantísimo lo que tengo que agradecerles que me parece fatal por mi parte no poder ofrecerles como mínimo, lo mismo.
Y sin embargo, aquí estoy, perdida y sin saber por dónde buscar la solución...
Supongo que algo aprenderé de ellos, de mis amigos, de mi familia, con el tiempo.
Hasta entonces intentaré todo lo que pueda, aunque sea torpe y, sinceramente, se me de fatal.
Aguantadme hasta entonces, ¡si podéis! Espero que en este caso, la intención cuente.
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PD: Joder, ¡bien de tacos que he escrito hoy! ¿De dónde han salido?

¡Gracias por leer mis estupideces!