No hay absolutamente nada más inconsistente que la realidad.
Qué certeza hay si nuestra percepción regula y cambia el mundo a cada segundo. Qué certeza hay si cada recuerdo es una deformación abstracta de la percepción ya de por sí cambiada de lo que se supone que existe fuera. Y ese "fuera", esa supuesta realidad para los seres humanos que no es más que una convención inevitable para poder construir una sociedad,...
¿existe?
Mi consciencia no es más que un cúmulo de impresiones tratando de encontrar un orden a un caos indescifrable. Intentando inculcar una narrativa, una línea temporal que marque y dé sentido a mi existencia, a mi forma de afrontar el mundo.
¡Una línea temporal! Como si el tiempo fuera una verdad universal fuera de nuestra subjetividad.
Es simplemente absurdo.
Aquí me encuentro, desprovista de la realidad en sus cuatro dimensiones.
Me gustaría renegar de todo. Aceptar la inexistencia del pasado, del futuro, y la instantaneidad del presente. Aceptar que ya no es, no está en el mundo lo que es pasado, eso de lo que solo conservo una informe huella construida de imágenes sensitivas.
Pero sin embargo, es todo lo que me queda de ella.
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas
Hoy, no sé
Me siento incapaz de escribir hoy.
Ha sido un día de agotamiento en todos los sentidos, demasiadas cosas en la cabeza y poco consultar con la almohada...
Mucha reflexión, pero no soy capaz de traducir lo que pasa por mi cabeza en palabras, ni siquiera en gestos. Puede que ni en la mirada.
Sin embargo he hecho que mi día fuera diferente, y de eso no me arrepiento.
Puede que el mundo empiece a darse cuenta de que soy una chalada, pero poco importa.
Es más, es liberador. No quiero expectativas sobre mí. No quiero convenciones sociales.
No quiero perder años intentando dejar claro quién soy por timidez, o por encontrarme tan fuera de sitio.
En fin, no tengo mucho más que contar por hoy.
Disculpe aquel a quien le importa, ¡si a alguien le importa!
Ha sido un día de agotamiento en todos los sentidos, demasiadas cosas en la cabeza y poco consultar con la almohada...
Mucha reflexión, pero no soy capaz de traducir lo que pasa por mi cabeza en palabras, ni siquiera en gestos. Puede que ni en la mirada.
Sin embargo he hecho que mi día fuera diferente, y de eso no me arrepiento.
Puede que el mundo empiece a darse cuenta de que soy una chalada, pero poco importa.
Es más, es liberador. No quiero expectativas sobre mí. No quiero convenciones sociales.
No quiero perder años intentando dejar claro quién soy por timidez, o por encontrarme tan fuera de sitio.
En fin, no tengo mucho más que contar por hoy.
Disculpe aquel a quien le importa, ¡si a alguien le importa!
Desaparecer
¿No tienes días en los que simplemente quisieras desaparecer del mapa?
Apagar todo. Ordenador. Móvil.
Y caminar hasta que desaparezca atrás todo lo que conoces. Hasta que no puedas más.
Ir a la montaña o al campo, a respirar aire por fin.
Dejar todo atrás sin preocuparse de nada.
Un día. Con eso bastaría.
Deshacerse de todo el peso que te carga el mundo.
Tener tiempo para pensar sin más.
Sin juzgarte. Sin prisa.
Y tumbarte en el suelo simplemente a esperar la noche, mirando al cielo. Viendo cómo cambia de color, cómo se lleva todos los problemas, toda la impotencia, todos los gritos en silencio que el mundo se ha tragado.
Y al mirar la luna creciente, pensar que ella te observa igual, con su media sonrisa. Y estar en paz.
Pero es un deseo muy egoísta y muy imposible. Y hay cosas más urgentes y más importantes a las que atender.
Y hay problemas más grandes en el mundo como para centrarse en algo tan simple.
Sin embargo cuando pienso en escribir en lo que siento y teniendo en cuenta que es domingo...
Recapitulo en la semana, y quitando el "subidón" de la manifestación, que fue increíble... Lo que queda es esto.
Esta sensación que me aplasta, me agobia y me ahoga.
Esta sensación de haber gastado toda tu energía emocional durante la semana y no haber podido estallar, y sentirlo de golpe el último día. Sólo queda cansancio y ganas de olvidar y alejarse de todo.
Pero mañana comienza la vida de nuevo. Hay que madrugar y hacer lo de siempre, retando al mundo para no caer en la rutina.
Luchar otra vez con energías renovadas, que no sé muy bien de dónde voy a sacar.
Supongo que no seré la única, así que a todo el que lea esto le envío todos mis ánimos para empezar la semana.
Yo me he propuesto no dejar que sea una semana más en mi vida, llena de monotonía y obligaciones. Cambiar mi manera de ver las cosas. ¿Qué harás tú?
Apagar todo. Ordenador. Móvil.
Y caminar hasta que desaparezca atrás todo lo que conoces. Hasta que no puedas más.
Ir a la montaña o al campo, a respirar aire por fin.
Dejar todo atrás sin preocuparse de nada.
Un día. Con eso bastaría.
Deshacerse de todo el peso que te carga el mundo.
Tener tiempo para pensar sin más.
Sin juzgarte. Sin prisa.
Y tumbarte en el suelo simplemente a esperar la noche, mirando al cielo. Viendo cómo cambia de color, cómo se lleva todos los problemas, toda la impotencia, todos los gritos en silencio que el mundo se ha tragado.
Y al mirar la luna creciente, pensar que ella te observa igual, con su media sonrisa. Y estar en paz.
Pero es un deseo muy egoísta y muy imposible. Y hay cosas más urgentes y más importantes a las que atender.
Y hay problemas más grandes en el mundo como para centrarse en algo tan simple.
Sin embargo cuando pienso en escribir en lo que siento y teniendo en cuenta que es domingo...
Recapitulo en la semana, y quitando el "subidón" de la manifestación, que fue increíble... Lo que queda es esto.
Esta sensación que me aplasta, me agobia y me ahoga.
Esta sensación de haber gastado toda tu energía emocional durante la semana y no haber podido estallar, y sentirlo de golpe el último día. Sólo queda cansancio y ganas de olvidar y alejarse de todo.
Pero mañana comienza la vida de nuevo. Hay que madrugar y hacer lo de siempre, retando al mundo para no caer en la rutina.
Luchar otra vez con energías renovadas, que no sé muy bien de dónde voy a sacar.
Supongo que no seré la única, así que a todo el que lea esto le envío todos mis ánimos para empezar la semana.
Yo me he propuesto no dejar que sea una semana más en mi vida, llena de monotonía y obligaciones. Cambiar mi manera de ver las cosas. ¿Qué harás tú?
Spanish Revolution!
Hoy la ciudad es otra, la gente es otra, el país es otro.
Por una vez, parece que la gente se levanta y se decide a protestar en favor de sus derechos.
Y no sólo eso. Además se está haciendo con una increíble muestra de civismo.
He ido a Sol, y el ambiente de lucha y de unión popular era contagioso, increíble.
Lo primero que llama la atención es, por supuesto, la multitud. Es enorme, bestial. Un montón de gente unida para luchar por una causa. Gente variada, de todas las edades. Desde familias con hijos a jóvenes con vestimenta punk. Todos juntos, sin peleas, sin botellones.
Simplemente protestando pacíficamente, con respeto pero con energía y sin descanso.
Fue impresionante ver la implicación de todos para que hubiera limpieza y todo tipo de servicios básicos: comida, bebida, lavabos, una especia de enfermería, zona de descanso, zona infantil...
Todo ello bien separado, y organizado, incluso un mapa representaba a qué se destinaba cada zona.
También en los altavoces resonaban discursos de los líderes y de más ciudadanos de a pie, que manifestaban sus opiniones, sus propuestas.
El público estaba implicadísimo, escuchaba en silencio y al acabar, aplaudía fervientemente.
Era emocionante.
Por momentos toda la plaza del Sol se llenaba de gritos al unísono al estilo de "¡El pueblo unido jamás será vencido!", que comenzaban en alguna parte y pronto se extendían a todas partes. La sensación era de pueblo, de unión. Éramos uno, y a la vez miles de voces, todos juntos.
Otras veces toda la plaza se llenaba de silencio, y el aplauso era mudo.
Pronto perdí la cuenta de las veces que me arrepentí de ser tan torpe de llevar mi cámara sin batería, pero no quise volver a casa.
Cada segundo allí era impresionante, a pesar de que la multitud pudiera ser agobiante.
No tenía desperdicio. Por fin la revolución de las mentes, por fin los ciudadanos se levantan.
Hemos traspasado fronteras. Por fin hemos hecho algo grande, y se está haciendo bien.
Por primera vez me siento orgullosa de este país, porque estaba harta de tanta pasividad.
Todo lo que sé es que ha sido lo más bonito que he vivido en el sentido social.
Ahora no podemos abandonar. ¡Tenemos que lograr que esto sirva de algo! ¡Que no se pierda en el tiempo!
Hemos hecho historia, y es precioso estar viviendo este momento.
¡Arriba el pueblo!
¡Democracia real, ya!
----
PD: Ayer no escribí por falta de inspiración y de tiempo >.< Si a alguien le ha importado, ¡lo siento!
¡Un abrazo!
Por una vez, parece que la gente se levanta y se decide a protestar en favor de sus derechos.
Y no sólo eso. Además se está haciendo con una increíble muestra de civismo.
He ido a Sol, y el ambiente de lucha y de unión popular era contagioso, increíble.
Lo primero que llama la atención es, por supuesto, la multitud. Es enorme, bestial. Un montón de gente unida para luchar por una causa. Gente variada, de todas las edades. Desde familias con hijos a jóvenes con vestimenta punk. Todos juntos, sin peleas, sin botellones.
Simplemente protestando pacíficamente, con respeto pero con energía y sin descanso.
Fue impresionante ver la implicación de todos para que hubiera limpieza y todo tipo de servicios básicos: comida, bebida, lavabos, una especia de enfermería, zona de descanso, zona infantil...
Todo ello bien separado, y organizado, incluso un mapa representaba a qué se destinaba cada zona.
También en los altavoces resonaban discursos de los líderes y de más ciudadanos de a pie, que manifestaban sus opiniones, sus propuestas.
El público estaba implicadísimo, escuchaba en silencio y al acabar, aplaudía fervientemente.
Era emocionante.
Por momentos toda la plaza del Sol se llenaba de gritos al unísono al estilo de "¡El pueblo unido jamás será vencido!", que comenzaban en alguna parte y pronto se extendían a todas partes. La sensación era de pueblo, de unión. Éramos uno, y a la vez miles de voces, todos juntos.
Otras veces toda la plaza se llenaba de silencio, y el aplauso era mudo.
Pronto perdí la cuenta de las veces que me arrepentí de ser tan torpe de llevar mi cámara sin batería, pero no quise volver a casa.
Cada segundo allí era impresionante, a pesar de que la multitud pudiera ser agobiante.
No tenía desperdicio. Por fin la revolución de las mentes, por fin los ciudadanos se levantan.
Hemos traspasado fronteras. Por fin hemos hecho algo grande, y se está haciendo bien.
Por primera vez me siento orgullosa de este país, porque estaba harta de tanta pasividad.
Todo lo que sé es que ha sido lo más bonito que he vivido en el sentido social.
Ahora no podemos abandonar. ¡Tenemos que lograr que esto sirva de algo! ¡Que no se pierda en el tiempo!
Hemos hecho historia, y es precioso estar viviendo este momento.
¡Arriba el pueblo!
¡Democracia real, ya!
----
PD: Ayer no escribí por falta de inspiración y de tiempo >.< Si a alguien le ha importado, ¡lo siento!
¡Un abrazo!
El viejo y el mar.
"Un hombre puede ser destruido,pero no derrotado."
Ernest Hemingway
Hace alrededor de un año que leí "El viejo y el mar". Es una lectura que recomiendo muchísimo. Para mí es uno de esos libros que cuando se terminan de leer gustan más de lo que se esperaba.
Sobre todo por el mensaje que expresa -o al menos lo que yo he entendido-, pero soy también consciente de que éste sólo se puede entender cuando estemos preparados y cuando queramos entenderlo.
Quiero decir, que es de esas cosas que nos han dicho toda la vida y nos suenan a tópico, pero no terminamos de entenderlas hasta que comprobamos que no son una estupidez.
Como eso de que la vida sigue pase lo que pase. Al menos a mí, me lo dices hace unos años y pienso: "Ya, ¿y qué? Si ni siquiera vale la pena".
Sin embargo tarde o temprano te das cuenta de que es verdad. De que hasta que no estás muerto, la vida sigue y hay que aguantar, llevarla adelante con el peso de todo lo vivido cargado a las espaldas. Que los problemas que no tienen solución no deben de detenernos porque no vale la pena, y los que sí la tienen no son problemas, sólo algo que hay que resolver.
Es un error quedarnos estancados en un punto de nuestra vida durante mucho tiempo. Claro que los malos momentos dejan cicatrices, pero dejar que la vida nos pase por encima no hace más que hacerlas más profundas para cuando al final descubras que sigues vivo y has desperdiciado tu tiempo.
Y claro que cuando recibes un golpe necesitas detenerte un momento para recuperar la compostura, y si te caes has de levantarte primero. Pero aunque de miedo al principio, hay que continuar el camino.
Hay quien dice que la vida es bella. Otra frase que antes me sonaba siempre a tópico. A la mínima salía algo mal, pensaba "¿y esto es bello?". Ahora he entendido que es verdad. Claro que la vida es bella, la vida es maravillosa. Otra cosa es que sea fácil... Pero siendo sincera, me parece mucho más interesante que una vida de color rosa -quitando el hecho de que el rosa no es uno de mis colores predilectos.
Me doy cuenta de que a veces me complico, pienso, me confundo... en vez de ser consciente que mi vida es mucho más simple. Hoy entiendo que no sé qué hago aquí, pero estoy viva. Y ya que lo estoy, tengo el derecho y casi el deber a aprovecharlo lo mejor que pueda.
Porque a veces me desperté y no entendí por qué amanecía. Pero amanecía.
Ernest Hemingway
Hace alrededor de un año que leí "El viejo y el mar". Es una lectura que recomiendo muchísimo. Para mí es uno de esos libros que cuando se terminan de leer gustan más de lo que se esperaba.
Sobre todo por el mensaje que expresa -o al menos lo que yo he entendido-, pero soy también consciente de que éste sólo se puede entender cuando estemos preparados y cuando queramos entenderlo.
Quiero decir, que es de esas cosas que nos han dicho toda la vida y nos suenan a tópico, pero no terminamos de entenderlas hasta que comprobamos que no son una estupidez.
Como eso de que la vida sigue pase lo que pase. Al menos a mí, me lo dices hace unos años y pienso: "Ya, ¿y qué? Si ni siquiera vale la pena".
Sin embargo tarde o temprano te das cuenta de que es verdad. De que hasta que no estás muerto, la vida sigue y hay que aguantar, llevarla adelante con el peso de todo lo vivido cargado a las espaldas. Que los problemas que no tienen solución no deben de detenernos porque no vale la pena, y los que sí la tienen no son problemas, sólo algo que hay que resolver.
Es un error quedarnos estancados en un punto de nuestra vida durante mucho tiempo. Claro que los malos momentos dejan cicatrices, pero dejar que la vida nos pase por encima no hace más que hacerlas más profundas para cuando al final descubras que sigues vivo y has desperdiciado tu tiempo.
Y claro que cuando recibes un golpe necesitas detenerte un momento para recuperar la compostura, y si te caes has de levantarte primero. Pero aunque de miedo al principio, hay que continuar el camino.
Hay quien dice que la vida es bella. Otra frase que antes me sonaba siempre a tópico. A la mínima salía algo mal, pensaba "¿y esto es bello?". Ahora he entendido que es verdad. Claro que la vida es bella, la vida es maravillosa. Otra cosa es que sea fácil... Pero siendo sincera, me parece mucho más interesante que una vida de color rosa -quitando el hecho de que el rosa no es uno de mis colores predilectos.
Me doy cuenta de que a veces me complico, pienso, me confundo... en vez de ser consciente que mi vida es mucho más simple. Hoy entiendo que no sé qué hago aquí, pero estoy viva. Y ya que lo estoy, tengo el derecho y casi el deber a aprovecharlo lo mejor que pueda.
Porque a veces me desperté y no entendí por qué amanecía. Pero amanecía.
¡Despierta!
Estoy harta de esta pasividad social casi contagiosa. El mundo va fatal, y todos tan tranquilos.
En días como hoy, sólo me apetece tomar las calles y hacer algo. Algo que sirva. Protestar y remover conciencias, hacer entender a la masa que lo que se ve en las noticias no sólo es una mínima parte de lo que sucede en realidad, sino que es REAL, que no es simplemente una imagen en nuestros televisores que está tan lejos de nosotros y que no nos afecta.
Que no debemos, que no podemos desentendernos, que si no somos parte de la solución estamos siendo parte del problema.
¡Qué impotencia más grande! Y yo aquí, escribiendo. Cada segundo que paso sin hacer algo me parece un desperdicio.
En esta sociedad parece que estamos atolondrados.
Lo que no da un resultado inmediato no se aprecia, así que no hacemos nada. No cambiamos nada.
Y eso es lo que falta. ¡Faltan ganas de cambiar el mundo! ¡Falta sangre en las venas! ¿Qué nos pasa?
Todas las generaciones babeando frente a la tele, y el mundo se nos va al garete. ¿Dónde han quedado las ganas de luchar? ¿Dónde el apoyo del pueblo al pueblo? ¿Dónde?
Fijamos la vista en la propia nariz y olvidamos que hay algo más allá de nosotros mismos.
Luego nos da "penita" la pequeña parte de información que nos llega por el telediario acerca de las guerras, el hambre, la contaminación, ... Y a cambiar de canal, que no pasa nada, que está la Esteban en el otro canal.
Y luego están las ONGs -no todas- que se estafan, como mínimo, la mitad de lo que sacan haciendo sentir culpable a la gente. Se aprovechan de las ganas de mejorar el mundo, o al menos, de las conciencias de alguna gente. Hay que ser cabrones.
Y así seguimos, con los ojos entrecerrados, sin querer mirar a lo evidente.
Todos víctimas sin poner oposición de lobotomías sociales.
Y hablo de "nosotros" porque en el fondo ¡nos afecta a todos! Aunque no queramos, aunque nos neguemos. Así es, nos afecta, nos aliena.
Sólo pido a quien lea esto que recupere algo de su sangre, algo de fuerza, de opinión, de ganas de luchar y de cambiar las cosas. Y que no abandone, aunque la cosa esté para tirarla. Que aunque parezca que no hay nada que hacer, todo cuenta, que lo peor es no hacer nada.
Y que si nos unimos, siempre podemos hacer algo, aunque parezca poco.
En días como hoy, sólo me apetece tomar las calles y hacer algo. Algo que sirva. Protestar y remover conciencias, hacer entender a la masa que lo que se ve en las noticias no sólo es una mínima parte de lo que sucede en realidad, sino que es REAL, que no es simplemente una imagen en nuestros televisores que está tan lejos de nosotros y que no nos afecta.
Que no debemos, que no podemos desentendernos, que si no somos parte de la solución estamos siendo parte del problema.
¡Qué impotencia más grande! Y yo aquí, escribiendo. Cada segundo que paso sin hacer algo me parece un desperdicio.
En esta sociedad parece que estamos atolondrados.
Lo que no da un resultado inmediato no se aprecia, así que no hacemos nada. No cambiamos nada.
Y eso es lo que falta. ¡Faltan ganas de cambiar el mundo! ¡Falta sangre en las venas! ¿Qué nos pasa?
Todas las generaciones babeando frente a la tele, y el mundo se nos va al garete. ¿Dónde han quedado las ganas de luchar? ¿Dónde el apoyo del pueblo al pueblo? ¿Dónde?
Fijamos la vista en la propia nariz y olvidamos que hay algo más allá de nosotros mismos.
Luego nos da "penita" la pequeña parte de información que nos llega por el telediario acerca de las guerras, el hambre, la contaminación, ... Y a cambiar de canal, que no pasa nada, que está la Esteban en el otro canal.
Y luego están las ONGs -no todas- que se estafan, como mínimo, la mitad de lo que sacan haciendo sentir culpable a la gente. Se aprovechan de las ganas de mejorar el mundo, o al menos, de las conciencias de alguna gente. Hay que ser cabrones.
Y así seguimos, con los ojos entrecerrados, sin querer mirar a lo evidente.
Todos víctimas sin poner oposición de lobotomías sociales.
Y hablo de "nosotros" porque en el fondo ¡nos afecta a todos! Aunque no queramos, aunque nos neguemos. Así es, nos afecta, nos aliena.
Sólo pido a quien lea esto que recupere algo de su sangre, algo de fuerza, de opinión, de ganas de luchar y de cambiar las cosas. Y que no abandone, aunque la cosa esté para tirarla. Que aunque parezca que no hay nada que hacer, todo cuenta, que lo peor es no hacer nada.
Y que si nos unimos, siempre podemos hacer algo, aunque parezca poco.
Inútil
Muchas veces me planteo lo inútil que soy en muchos sentidos. No es que esté en plan depresivo-auto-compasivo (creo), sino que simplemente, lo siento así. Como por ejemplo cuando me piden consejo, o en esos momentos en los que ves cómo alguien que aprecias muchísimo se viene abajo, y no sabes hacer nada por detenerlo.
Me pasa a menudo, y no lo soporto. Pienso que merecen a alguien mejor que sea capaz de sacarlos adelante, que sea capaz de tirar de ellos, de darles una idea genial, y no aguanto no ser capaz de ser esa persona que hace falta, capaz de sacar una sonrisa, como hacen ellos conmigo. De animar las cosas, de hacer que no parezca tan grave, o incluso de abrirles los ojos si es necesario, como hicieron conmigo en su momento. De aliviarlo todo por un segundo y que la vida no parezca la mierda que está siendo entonces, o que al menos tenga mejor pinta. Aunque sea un poco.
Pero una y otra vez me pasa lo mismo, que me siento una completa estúpida, una inútil. Comprender no es suficiente. Y lo que importa no es eso, que me sienta idiota. Sino que me da la sensación de que realmente no soy capaz de devolverles lo que ellos me han dado.
Quizás es una gilipollez, pero últimamente no paro de pensarlo. Me siento como una imbécil emocional -creo que estos días, más de uno me lo ha oído un par de veces.
Y no me apetece que me digan que no es así. No quiero. Lo único que me apetece es tener la solución a sus problemas, o al menos la clave para hacerles sentir mejor. ¡Joder! Simplemente hacer por ellos lo que hacen por mí, como mínimo. Para sentir que mi amistad les vale de algo, para verles sonreír un poco. Yo que sé. Para hacerles entender lo que me importan, y conseguir mejorar un poquito sus vidas, como hacen conmigo.
Es tantísimo lo que tengo que agradecerles que me parece fatal por mi parte no poder ofrecerles como mínimo, lo mismo.
Y sin embargo, aquí estoy, perdida y sin saber por dónde buscar la solución...
Supongo que algo aprenderé de ellos, de mis amigos, de mi familia, con el tiempo.
Hasta entonces intentaré todo lo que pueda, aunque sea torpe y, sinceramente, se me de fatal.
Aguantadme hasta entonces, ¡si podéis! Espero que en este caso, la intención cuente.
---
PD: Joder, ¡bien de tacos que he escrito hoy! ¿De dónde han salido?
Me pasa a menudo, y no lo soporto. Pienso que merecen a alguien mejor que sea capaz de sacarlos adelante, que sea capaz de tirar de ellos, de darles una idea genial, y no aguanto no ser capaz de ser esa persona que hace falta, capaz de sacar una sonrisa, como hacen ellos conmigo. De animar las cosas, de hacer que no parezca tan grave, o incluso de abrirles los ojos si es necesario, como hicieron conmigo en su momento. De aliviarlo todo por un segundo y que la vida no parezca la mierda que está siendo entonces, o que al menos tenga mejor pinta. Aunque sea un poco.
Pero una y otra vez me pasa lo mismo, que me siento una completa estúpida, una inútil. Comprender no es suficiente. Y lo que importa no es eso, que me sienta idiota. Sino que me da la sensación de que realmente no soy capaz de devolverles lo que ellos me han dado.
Quizás es una gilipollez, pero últimamente no paro de pensarlo. Me siento como una imbécil emocional -creo que estos días, más de uno me lo ha oído un par de veces.
Y no me apetece que me digan que no es así. No quiero. Lo único que me apetece es tener la solución a sus problemas, o al menos la clave para hacerles sentir mejor. ¡Joder! Simplemente hacer por ellos lo que hacen por mí, como mínimo. Para sentir que mi amistad les vale de algo, para verles sonreír un poco. Yo que sé. Para hacerles entender lo que me importan, y conseguir mejorar un poquito sus vidas, como hacen conmigo.
Es tantísimo lo que tengo que agradecerles que me parece fatal por mi parte no poder ofrecerles como mínimo, lo mismo.
Y sin embargo, aquí estoy, perdida y sin saber por dónde buscar la solución...
Supongo que algo aprenderé de ellos, de mis amigos, de mi familia, con el tiempo.
Hasta entonces intentaré todo lo que pueda, aunque sea torpe y, sinceramente, se me de fatal.
Aguantadme hasta entonces, ¡si podéis! Espero que en este caso, la intención cuente.
---
PD: Joder, ¡bien de tacos que he escrito hoy! ¿De dónde han salido?
Cambios
Estoy a poco más de un mes de acabar mi primer curso en la escuela de teatro. A poco más de un mes de mi primer curso viviendo fuera de casa -y digo "casa" porque sigue siendo mi hogar".
Es increíble lo rápido que ha pasado el tiempo, aunque a la vez me da la sensación de que mi vida allí hace más o menos un año, queda increíblemente lejos. Tengo una sensación temporal muy, muy rara. Como si no terminara de creerme ni que esta sea mi vida ahora, ni que esa lo fuera hace tan poco tiempo -ni tanto.
Esto suena muy raro, quizás es difícil de entender cuando no lo has vivido.
Pero han habido tantos cambios en este tiempo que apenas me reconozco, pero sigo siendo la misma. Incluso cuando vuelvo a la isla hay momentos en los que parece que el tiempo no ha pasado, y momentos en los que estoy fuera de lugar por todo lo que he cambiado.
A veces recuerdo cómo era hace un año y pienso "¡era gilipollas!". Dando prioridad a nimiedades, preocupándome por estupideces. Otras veces pienso "Joder, pero cómo molaba todo", cuando me vienen a la mente imágenes de momentos con las personas más cercanas. Momentos que no sólo son irrepetibles, sino que aquí, hoy por hoy, son inimitables al no estar ellos cerca. Después reflexiono más y me acuerdo de que por estas fechas el año pasado ya estaba empezando a cambiar. Había madurado un poco, había reflexionado acerca de algunos temas en los que llevaba bloqueada muchísimo tiempo... Y en realidad tampoco era tan gilipollas. Pero cuando recuerdo los arranques idiotas de adolescencia no sé qué pensar. Y cosas de mi entorno que no entendí en su momento, hoy están claras y las agradezco muchísimo.
Bueno, y eso que sigo siendo adolescente, claro, pero... ¡venga ya! Nunca había sido tan adolescente como cuando estuve a punto de empezar a dejar atrás un poco de mi adolescencia.
Sin embargo, supongo que debía de pasar por esas cosas. Y tampoco es que ahora esté hecha toda una mujer -ni mucho menos, ¡por favor!-, ni que tenga las cosas totalmente claras, ni que sea el colmo de la madurez. Pero tantos cambios en tan poco tiempo me han hecho diferente en algunos aspectos...
Tampoco me arrepiento de cómo fui. Ahora no sirve de nada.
Y ahora, después de escribir todo esto, me encantaría ver mi cara en un futuro si vuelvo a leerlo unos cuantos años después, o puede que no tantos. Seguramente vuelva a pensar que era bastante idiota...
Es increíble lo rápido que ha pasado el tiempo, aunque a la vez me da la sensación de que mi vida allí hace más o menos un año, queda increíblemente lejos. Tengo una sensación temporal muy, muy rara. Como si no terminara de creerme ni que esta sea mi vida ahora, ni que esa lo fuera hace tan poco tiempo -ni tanto.
Esto suena muy raro, quizás es difícil de entender cuando no lo has vivido.
Pero han habido tantos cambios en este tiempo que apenas me reconozco, pero sigo siendo la misma. Incluso cuando vuelvo a la isla hay momentos en los que parece que el tiempo no ha pasado, y momentos en los que estoy fuera de lugar por todo lo que he cambiado.
A veces recuerdo cómo era hace un año y pienso "¡era gilipollas!". Dando prioridad a nimiedades, preocupándome por estupideces. Otras veces pienso "Joder, pero cómo molaba todo", cuando me vienen a la mente imágenes de momentos con las personas más cercanas. Momentos que no sólo son irrepetibles, sino que aquí, hoy por hoy, son inimitables al no estar ellos cerca. Después reflexiono más y me acuerdo de que por estas fechas el año pasado ya estaba empezando a cambiar. Había madurado un poco, había reflexionado acerca de algunos temas en los que llevaba bloqueada muchísimo tiempo... Y en realidad tampoco era tan gilipollas. Pero cuando recuerdo los arranques idiotas de adolescencia no sé qué pensar. Y cosas de mi entorno que no entendí en su momento, hoy están claras y las agradezco muchísimo.
Bueno, y eso que sigo siendo adolescente, claro, pero... ¡venga ya! Nunca había sido tan adolescente como cuando estuve a punto de empezar a dejar atrás un poco de mi adolescencia.
Sin embargo, supongo que debía de pasar por esas cosas. Y tampoco es que ahora esté hecha toda una mujer -ni mucho menos, ¡por favor!-, ni que tenga las cosas totalmente claras, ni que sea el colmo de la madurez. Pero tantos cambios en tan poco tiempo me han hecho diferente en algunos aspectos...
Tampoco me arrepiento de cómo fui. Ahora no sirve de nada.
Y ahora, después de escribir todo esto, me encantaría ver mi cara en un futuro si vuelvo a leerlo unos cuantos años después, o puede que no tantos. Seguramente vuelva a pensar que era bastante idiota...
Decisiones
Yo soy de las que creen que, de alguna manera, somos nosotros mismos quienes construimos nuestras vidas, al menos hasta cierto punto.
También creo que influye mucho, claro está, nuestro entorno. Quiero decir, cómo es lo que nos rodea social y materialmente, las circunstancias que se nos han presentado, las personas que están alrededor de nosotros...
Hay toda una serie de factores interminable que nos convierte en lo que somos, sí. Pero lo que quiero decir es que no somos sujetos pasivos ante el mundo. No es sólo lo de fuera lo que cuenta, importa también lo que nosotros hacemos ante tales circunstancias, cómo reaccionamos, aunque incluso nuestro comportamiento se derive en gran parte de éstas.
Eso es lo que hace que seamos diferentes entre nosotros, que la vida sea interesante. Y no vale justificarse sólo con lo que hemos vivido, pero sí que ayuda a que entendamos qué pasa por la mente de los otros.
Dicho esto, hay que decir que a veces en nuestra vida tenemos que tomar decisiones. A veces es una idiotez, como simplemente irte, o decir algo. A veces va más allá.
Supongo que todos nos hemos hecho, de manera consciente o inconsciente, preguntas como: ¿qué tipo de persona queremos ser? ¿cómo nos gustaría -si es que nos gustaría- influir en el mundo y en nuestro entorno? ¿cómo queremos vivir? ¿cómo seremos en unos años?... Y de alguna manera tomamos la decisión de seguir nuestros planes. Y si no te lo has preguntado, es interesante hacerlo... Lo cumplas o no, creo que es una manera de echar una ojeada a lo que somos realmente, de conocernos un poco más. Incluso, si eres sincero, puede que la respuesta te llegue a sorprender, pero hay que hacerlo sin miedo. Es lo que somos.
En cuanto a las decisiones más banales, a veces cambian tu vida aunque no lo esperes en absoluto. De repente, con el tiempo, cobran importancia. Por poner un ejemplo, yo cuando era aún una cría -más que ahora, ¡que sólo tengo 18 años!- de 13 años me atreví a comentar que no estaría mal hacer teatro.
Antes no lo habría hecho jamás por vergüenza. Yo era mil veces más tímida que ahora, pero por una vez me atreví a decir un poco lo que pensaba y gracias a eso, poco después se enteró el que por aquel entonces daba teatro en mi instituto y prácticamente me apuntó. Y por una vez, sorprendiéndome a mí misma, me atreví. Y eso cambió mi vida hasta un punto que si en ese momento me llegan a decir que a los 18 no viviría en casa de mis padres y estaría en Madrid estudiando teatro no me lo hubiera creído ni por un segundo.
Pero el caso es que me arriesgué, y si no lo hubiera hecho no sólo no estaría aquí, sino que no habría conocido a la gente más importante para mí fuera de mi familia, no habría perdido al menos una parte de mi vergüenza, no conocería el valor del riesgo, no sería quien soy hoy, no me hubiera enganchado con el teatro... y todo lo que esto trajo a mi vida.
Vamos, que me habría perdido demasiadas cosas. Probablemente, a día de hoy estaría en casa y sería una persona totalmente diferente. Mucho más encerrada en mí misma (y eso es mucho decir) y más solitaria. Y dudo seriamente que fuera feliz -tampoco es que mi vida sea maravillosa, pero hay por donde tirar-.
Esto es sólo una reflexión de la importancia de nosotros mismos en nuestras vidas, incluso en lo más pequeño de todo, y que me surgió por un tema que nada tiene que ver con esto.
Sólo quiero que lo pienses, quien seas. Que tengas en cuenta que la vida no te va a comer, que te actives, que vale la pena arriesgarse y que hasta la más mínima cosa que hagas puede cambiarte drásticamente.
Y que no hay que tener miedo.
También creo que influye mucho, claro está, nuestro entorno. Quiero decir, cómo es lo que nos rodea social y materialmente, las circunstancias que se nos han presentado, las personas que están alrededor de nosotros...
Hay toda una serie de factores interminable que nos convierte en lo que somos, sí. Pero lo que quiero decir es que no somos sujetos pasivos ante el mundo. No es sólo lo de fuera lo que cuenta, importa también lo que nosotros hacemos ante tales circunstancias, cómo reaccionamos, aunque incluso nuestro comportamiento se derive en gran parte de éstas.
Eso es lo que hace que seamos diferentes entre nosotros, que la vida sea interesante. Y no vale justificarse sólo con lo que hemos vivido, pero sí que ayuda a que entendamos qué pasa por la mente de los otros.
Dicho esto, hay que decir que a veces en nuestra vida tenemos que tomar decisiones. A veces es una idiotez, como simplemente irte, o decir algo. A veces va más allá.
Supongo que todos nos hemos hecho, de manera consciente o inconsciente, preguntas como: ¿qué tipo de persona queremos ser? ¿cómo nos gustaría -si es que nos gustaría- influir en el mundo y en nuestro entorno? ¿cómo queremos vivir? ¿cómo seremos en unos años?... Y de alguna manera tomamos la decisión de seguir nuestros planes. Y si no te lo has preguntado, es interesante hacerlo... Lo cumplas o no, creo que es una manera de echar una ojeada a lo que somos realmente, de conocernos un poco más. Incluso, si eres sincero, puede que la respuesta te llegue a sorprender, pero hay que hacerlo sin miedo. Es lo que somos.
En cuanto a las decisiones más banales, a veces cambian tu vida aunque no lo esperes en absoluto. De repente, con el tiempo, cobran importancia. Por poner un ejemplo, yo cuando era aún una cría -más que ahora, ¡que sólo tengo 18 años!- de 13 años me atreví a comentar que no estaría mal hacer teatro.
Antes no lo habría hecho jamás por vergüenza. Yo era mil veces más tímida que ahora, pero por una vez me atreví a decir un poco lo que pensaba y gracias a eso, poco después se enteró el que por aquel entonces daba teatro en mi instituto y prácticamente me apuntó. Y por una vez, sorprendiéndome a mí misma, me atreví. Y eso cambió mi vida hasta un punto que si en ese momento me llegan a decir que a los 18 no viviría en casa de mis padres y estaría en Madrid estudiando teatro no me lo hubiera creído ni por un segundo.
Pero el caso es que me arriesgué, y si no lo hubiera hecho no sólo no estaría aquí, sino que no habría conocido a la gente más importante para mí fuera de mi familia, no habría perdido al menos una parte de mi vergüenza, no conocería el valor del riesgo, no sería quien soy hoy, no me hubiera enganchado con el teatro... y todo lo que esto trajo a mi vida.
Vamos, que me habría perdido demasiadas cosas. Probablemente, a día de hoy estaría en casa y sería una persona totalmente diferente. Mucho más encerrada en mí misma (y eso es mucho decir) y más solitaria. Y dudo seriamente que fuera feliz -tampoco es que mi vida sea maravillosa, pero hay por donde tirar-.
Esto es sólo una reflexión de la importancia de nosotros mismos en nuestras vidas, incluso en lo más pequeño de todo, y que me surgió por un tema que nada tiene que ver con esto.
Sólo quiero que lo pienses, quien seas. Que tengas en cuenta que la vida no te va a comer, que te actives, que vale la pena arriesgarse y que hasta la más mínima cosa que hagas puede cambiarte drásticamente.
Y que no hay que tener miedo.
Madrid
Vivir en la "gran ciudad" es, para mí, bastante raro. Es como si... no sé, como que hay tanto ruido que apenas se puede oír la respiración propia.
Y todas las calles están como invadidas por una energía enorme, todo es movimiento, todo es bullicio. Todo el mundo va de aquí para allá, sin detenerse. Todo el mundo tiene prisa. Y quien no tiene prisa, se contagia de la prisa del resto. Cuando te das cuenta, estás saltándote semáforos aunque vayas con media hora de antelación, o aunque no tengas nada que hacer allí donde vas. Y adelantando a los pocos valientes que se atreven a ir a otro ritmo.
A veces me paro a mí misma, sorprendida al ver que hago estas cosas. Y pienso ¿por qué tanta prisa? Hace un día estupendo, está genial para estar en la calle, y me veo prácticamente corriendo a mi piso. Es absurdo. Y ¿qué problema hay en esperar 20 segundos para que el semáforo esté en verde, y poder cruzar? Absurdo, absurdo, absurdo. De hecho, puede que te estés jugando la vida en un momento determinado por cruzar un poco antes. No digo que no me salte los semáforos, pero hay veces que simplemente no hay necesidad.
Además, está el metro. Algo que yo casi ni conocía hasta ahora. En Gran Canaria no tenemos metro, claro está.
Pero es un lugar fantástico para observar gente. Y es que son toneladas de seres humanos -en hora punta- de los cuales la mayoría son currantes cabizbajos que viajan solos, señoras mayores, o estudiantes. A veces la cosa se pone incluso territorial. Mujeres con tacones de aguja -y cara de sufrimiento-, señoras mayores y trabajadores cansados y descontentos que van de pie parecen tener controlado todo el vagón. Como si tuviesen un radar y supieran quién se bajará en la próxima parada para ir -muchísimo más rápido de lo que te esperas, ya sea por tener los pies destrozados, por su pinta de cansancio o simplemente por parecer ancianitas frágiles- directos al asiento que queda libre antes de que otros viajeros más distraídos puedan siquiera ver lo que ha pasado.
Yo suelo viajar de pie, apoyada a una puerta y mirando disimuladamente lo que ocurre. Tampoco es que haga trayectos largos, y desde ahí tengo una buena visión en general. A veces descubro gente interesante. Otras veces... regreso a mi iPod, con mi música y lo que esté leyendo en ese momento, para esperar el momento de salir. Yo, como soy bajita, suelo quedar bastante oculta y perdida entre la multitud hasta que consigo llegar afuera de la estación y tomar el aire. El metro, en realidad, agobia un poco... Pero es barato y rápido. Dicho así, en realidad se ajusta bastante a este estilo de vida rápido, en el que lo que importa es llegar cuanto antes en vez de pararse en mitad de la calle a disfrutar del día.
Y todas las calles están como invadidas por una energía enorme, todo es movimiento, todo es bullicio. Todo el mundo va de aquí para allá, sin detenerse. Todo el mundo tiene prisa. Y quien no tiene prisa, se contagia de la prisa del resto. Cuando te das cuenta, estás saltándote semáforos aunque vayas con media hora de antelación, o aunque no tengas nada que hacer allí donde vas. Y adelantando a los pocos valientes que se atreven a ir a otro ritmo.
A veces me paro a mí misma, sorprendida al ver que hago estas cosas. Y pienso ¿por qué tanta prisa? Hace un día estupendo, está genial para estar en la calle, y me veo prácticamente corriendo a mi piso. Es absurdo. Y ¿qué problema hay en esperar 20 segundos para que el semáforo esté en verde, y poder cruzar? Absurdo, absurdo, absurdo. De hecho, puede que te estés jugando la vida en un momento determinado por cruzar un poco antes. No digo que no me salte los semáforos, pero hay veces que simplemente no hay necesidad.
Además, está el metro. Algo que yo casi ni conocía hasta ahora. En Gran Canaria no tenemos metro, claro está.
Pero es un lugar fantástico para observar gente. Y es que son toneladas de seres humanos -en hora punta- de los cuales la mayoría son currantes cabizbajos que viajan solos, señoras mayores, o estudiantes. A veces la cosa se pone incluso territorial. Mujeres con tacones de aguja -y cara de sufrimiento-, señoras mayores y trabajadores cansados y descontentos que van de pie parecen tener controlado todo el vagón. Como si tuviesen un radar y supieran quién se bajará en la próxima parada para ir -muchísimo más rápido de lo que te esperas, ya sea por tener los pies destrozados, por su pinta de cansancio o simplemente por parecer ancianitas frágiles- directos al asiento que queda libre antes de que otros viajeros más distraídos puedan siquiera ver lo que ha pasado.
Yo suelo viajar de pie, apoyada a una puerta y mirando disimuladamente lo que ocurre. Tampoco es que haga trayectos largos, y desde ahí tengo una buena visión en general. A veces descubro gente interesante. Otras veces... regreso a mi iPod, con mi música y lo que esté leyendo en ese momento, para esperar el momento de salir. Yo, como soy bajita, suelo quedar bastante oculta y perdida entre la multitud hasta que consigo llegar afuera de la estación y tomar el aire. El metro, en realidad, agobia un poco... Pero es barato y rápido. Dicho así, en realidad se ajusta bastante a este estilo de vida rápido, en el que lo que importa es llegar cuanto antes en vez de pararse en mitad de la calle a disfrutar del día.
Oscar Wilde. Vivir o existir.
"Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo."
Oscar Wilde.
Miro a mi alrededor y me impresiona ver la poca gente que de verdad guarda entusiasmo en la vida. En lograr sus sueños.
Me parece como si la sociedad que me rodea en general ya no tuviera interés en arreglar el mundo, en sacarlo adelante, en luchar contra las injusticias y en favor de mejorar las cosas.
Incluso en luchar por sus sueños. Hoy en día parece que está mal visto soñar.
La gente se cree mejor por buscar un trabajo estable y no hacer nada por seguir sus sueños.
No quiero decir que me parezca mal tener un trabajo estable y aburrido. A veces aunque no sea lo que más te apasione, es necesario.
Y tampoco quiero decir que todos los oficinistas, por ejemplo, tengan que estar descontentos con su vida... Puede que les encante su trabajo.
Lo que quiero decir es que si tu sueño es otro, ¿por qué no haces nada por lograrlo, ahora que ya tienes tu vida resuelta?
¿Por qué no te arriesgas para ser feliz de una vez?
Pero no, porque es inútil. Porque no da dinero. ¡DINERO! Venga ya. ¿De verdad es tan importante?
Vale que de algo hay que vivir. Que no soy estúpida por querer ser actriz ¿vale? No significa que no piense en el futuro, que crea que me va a caer del cielo una casa en la que vivir y alimento que comer (qué escena tan gore... eso de la casa cayendo sobre mí es un poco violento... bueno, pero se entiende lo que quiero decir, ¿no?).
Pero si ya tienes tu vida arreglada, ¿por qué no haces algo por hacerla mejor, al margen del dinero? ¿Por qué no estudias esa carrera que siempre quisiste pero supiste que no tenía salidas, o por qué no ahorras para hacer el viaje que siempre soñaste? ¿Por qué no vas a clases de lo que sea que más te apetezca, por qué no te entrenas para lograr tu meta? ¡¿Por qué no tienes la fuerza suficiente como para vivir tu vida, y no para sobrevivir en ella?!
¡La vida es bella!
Vale, la vida no es fácil. Puede que ni tenga ningún sentido, que simplemente existamos por existir. Pero... ¡Estás vivo! Aprovecha tu vida. No digo que todo vaya a salir bien. Puede que salga estrepitosamente mal. Pero... ¿no es peor no intentarlo siquiera? ¿Quedarte perteneciendo a la masa, insatisfecho con tu vida y fingiendo que estás satisfecho por hacer lo que todos esperan de ti?
¿Por qué la gente no tiene fuerza para vivir? ¡¿Qué pasa?!
¡Que soñar no es de idiotas!
¡Que no siempre hay que hacer lo que se espera de ti!
¡Que existir no es suficiente!
¡Que podemos cambiar las cosas mucho más de lo que creemos!
Por favor, dad una oportunidad a vuestros sueños. Con conciencia, sí, pero... en serio, vale la pena.
Quizás soy demasiado idealista, quizás soy una simple joven demasiado idealista... Pero sinceramente, vale la pena vivir.
Oscar Wilde.
Miro a mi alrededor y me impresiona ver la poca gente que de verdad guarda entusiasmo en la vida. En lograr sus sueños.
Me parece como si la sociedad que me rodea en general ya no tuviera interés en arreglar el mundo, en sacarlo adelante, en luchar contra las injusticias y en favor de mejorar las cosas.
Incluso en luchar por sus sueños. Hoy en día parece que está mal visto soñar.
La gente se cree mejor por buscar un trabajo estable y no hacer nada por seguir sus sueños.
No quiero decir que me parezca mal tener un trabajo estable y aburrido. A veces aunque no sea lo que más te apasione, es necesario.
Y tampoco quiero decir que todos los oficinistas, por ejemplo, tengan que estar descontentos con su vida... Puede que les encante su trabajo.
Lo que quiero decir es que si tu sueño es otro, ¿por qué no haces nada por lograrlo, ahora que ya tienes tu vida resuelta?
¿Por qué no te arriesgas para ser feliz de una vez?
Pero no, porque es inútil. Porque no da dinero. ¡DINERO! Venga ya. ¿De verdad es tan importante?
Vale que de algo hay que vivir. Que no soy estúpida por querer ser actriz ¿vale? No significa que no piense en el futuro, que crea que me va a caer del cielo una casa en la que vivir y alimento que comer (qué escena tan gore... eso de la casa cayendo sobre mí es un poco violento... bueno, pero se entiende lo que quiero decir, ¿no?).
Pero si ya tienes tu vida arreglada, ¿por qué no haces algo por hacerla mejor, al margen del dinero? ¿Por qué no estudias esa carrera que siempre quisiste pero supiste que no tenía salidas, o por qué no ahorras para hacer el viaje que siempre soñaste? ¿Por qué no vas a clases de lo que sea que más te apetezca, por qué no te entrenas para lograr tu meta? ¡¿Por qué no tienes la fuerza suficiente como para vivir tu vida, y no para sobrevivir en ella?!
¡La vida es bella!
Vale, la vida no es fácil. Puede que ni tenga ningún sentido, que simplemente existamos por existir. Pero... ¡Estás vivo! Aprovecha tu vida. No digo que todo vaya a salir bien. Puede que salga estrepitosamente mal. Pero... ¿no es peor no intentarlo siquiera? ¿Quedarte perteneciendo a la masa, insatisfecho con tu vida y fingiendo que estás satisfecho por hacer lo que todos esperan de ti?
¿Por qué la gente no tiene fuerza para vivir? ¡¿Qué pasa?!
¡Que soñar no es de idiotas!
¡Que no siempre hay que hacer lo que se espera de ti!
¡Que existir no es suficiente!
¡Que podemos cambiar las cosas mucho más de lo que creemos!
Por favor, dad una oportunidad a vuestros sueños. Con conciencia, sí, pero... en serio, vale la pena.
Quizás soy demasiado idealista, quizás soy una simple joven demasiado idealista... Pero sinceramente, vale la pena vivir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)