Un ejercicio en clase me ha dejado pensando. Consistía simplemente en dejarte caer hacia atrás desde una mesa, y el resto te sujetaban antes de llegar al suelo. Al principio da miedo, pero en el momento simplemente te inclinas y sucede. Y no pasa nada.
Me hace replantearme cosas.
Por un instante me gustaría dejarme caer al vacío de espaldas, con confianza. Sin pensar en nada.
Sólo sentir el vértigo recorriendo cada centímetro de mi piel durante el instante en que me decida a caer. Ese seguramente es el momento que más miedo da. El resto viene solo.
Cerrar los ojos.
Y sentir la caída, la ingravidez. La adrenalina activando todo tu cuerpo.
No importa qué pueda pasar, no importa cómo aterrices. Nada. Lo único que existe es el momento, la caída, el viento golpeando contra el cuerpo como si quisiera detenerlo y no tuviera fuerza suficiente.
Pero no tengo paracaídas.
Y ataca otra vez mi miedo a no cometer errores. Ese que últimamente me invade tanto en algunos aspectos de mi vida. Ese que parece que está día y noche picando en mi cabeza, haciendo mella, sin detenerse.
Es curioso, porque en otras cosas casi lo he perdido... pero es como si a medida que disminuye por un lado, por el otro aumenta.
Quiero decir que no puedo evitar sentirme responsable, muy responsable, de cómo puede influir lo que yo haga en el resto del mundo...
Me conozco, y sé la tendencia que tengo a estropear las cosas... Y no quiero tener que arrepentirme, pero me arrepiento. A veces incluso antes de hacer nada.
Soy partidaria de que no hay que arrepentirse de lo pasado, de que si las cosas salen así quizás no sea por nada, pero simplemente es lo que ocurre y hay que seguir. Sin embargo en estos momentos estoy hecha un lío....
Quizás le de demasiada importancia. Quizás me doy demasiada importancia incluso a mí misma...
Me doy cuenta de que hoy soy tan humana que soy increíblemente absurda.