Yo soy de las que creen que, de alguna manera, somos nosotros mismos quienes construimos nuestras vidas, al menos hasta cierto punto.
También creo que influye mucho, claro está, nuestro entorno. Quiero decir, cómo es lo que nos rodea social y materialmente, las circunstancias que se nos han presentado, las personas que están alrededor de nosotros...
Hay toda una serie de factores interminable que nos convierte en lo que somos, sí. Pero lo que quiero decir es que no somos sujetos pasivos ante el mundo. No es sólo lo de fuera lo que cuenta, importa también lo que nosotros hacemos ante tales circunstancias, cómo reaccionamos, aunque incluso nuestro comportamiento se derive en gran parte de éstas.
Eso es lo que hace que seamos diferentes entre nosotros, que la vida sea interesante. Y no vale justificarse sólo con lo que hemos vivido, pero sí que ayuda a que entendamos qué pasa por la mente de los otros.
Dicho esto, hay que decir que a veces en nuestra vida tenemos que tomar decisiones. A veces es una idiotez, como simplemente irte, o decir algo. A veces va más allá.
Supongo que todos nos hemos hecho, de manera consciente o inconsciente, preguntas como: ¿qué tipo de persona queremos ser? ¿cómo nos gustaría -si es que nos gustaría- influir en el mundo y en nuestro entorno? ¿cómo queremos vivir? ¿cómo seremos en unos años?... Y de alguna manera tomamos la decisión de seguir nuestros planes. Y si no te lo has preguntado, es interesante hacerlo... Lo cumplas o no, creo que es una manera de echar una ojeada a lo que somos realmente, de conocernos un poco más. Incluso, si eres sincero, puede que la respuesta te llegue a sorprender, pero hay que hacerlo sin miedo. Es lo que somos.
En cuanto a las decisiones más banales, a veces cambian tu vida aunque no lo esperes en absoluto. De repente, con el tiempo, cobran importancia. Por poner un ejemplo, yo cuando era aún una cría -más que ahora, ¡que sólo tengo 18 años!- de 13 años me atreví a comentar que no estaría mal hacer teatro.
Antes no lo habría hecho jamás por vergüenza. Yo era mil veces más tímida que ahora, pero por una vez me atreví a decir un poco lo que pensaba y gracias a eso, poco después se enteró el que por aquel entonces daba teatro en mi instituto y prácticamente me apuntó. Y por una vez, sorprendiéndome a mí misma, me atreví. Y eso cambió mi vida hasta un punto que si en ese momento me llegan a decir que a los 18 no viviría en casa de mis padres y estaría en Madrid estudiando teatro no me lo hubiera creído ni por un segundo.
Pero el caso es que me arriesgué, y si no lo hubiera hecho no sólo no estaría aquí, sino que no habría conocido a la gente más importante para mí fuera de mi familia, no habría perdido al menos una parte de mi vergüenza, no conocería el valor del riesgo, no sería quien soy hoy, no me hubiera enganchado con el teatro... y todo lo que esto trajo a mi vida.
Vamos, que me habría perdido demasiadas cosas. Probablemente, a día de hoy estaría en casa y sería una persona totalmente diferente. Mucho más encerrada en mí misma (y eso es mucho decir) y más solitaria. Y dudo seriamente que fuera feliz -tampoco es que mi vida sea maravillosa, pero hay por donde tirar-.
Esto es sólo una reflexión de la importancia de nosotros mismos en nuestras vidas, incluso en lo más pequeño de todo, y que me surgió por un tema que nada tiene que ver con esto.
Sólo quiero que lo pienses, quien seas. Que tengas en cuenta que la vida no te va a comer, que te actives, que vale la pena arriesgarse y que hasta la más mínima cosa que hagas puede cambiarte drásticamente.
Y que no hay que tener miedo.
¡De vuelta al mundo real!
Bueno, aquí estoy, ¡de vuelta al mundo real!
Si a alguien le importa, ¡perdón por la falta de actualización estos días!
Este fin de semana no he escrito porque he tenido la suerte de hacerme un cortísimo (en serio, para mí ha sido extremadamente corto) viaje a Bilbao. Y he tenido la suerte también de contar con un pobre desdichado que me ha alojado, me ha llevado de "turismo" y me ha aguantado tooooooodo el tiempo ¡pobrecito!
Además he asistido al Fant, una sesión de cortos en la Alhóndiga, de fantasía/terror que me ha gustado bastante, he conocido un poco la gente, el ambiente de allí, y tengo que decir que me ha gustado muchísimo todo. Vamos, me ha dado muchísima pena tener que volverme tan pronto.
Así que ya estoy en Madrid, después de cinco horas de viaje, aproximadamente, alucinando por la ventana de ver estos paisajes, ya que no suelo hacer viajes largos por tierra, y menos por la península... Escribiendo en el bus, y haciendo mis deberes de inglés, e intentando recordar todos los momentitos que me han encantado del viaje.
Sinceramente, me he quedado con ganas de más y espero volver. Y por supuesto, recomiendo ir. Además, es genial salirse durante un fin de semana de la rutina y conocer algo nuevo. ¡Pena que dependa tantísimo del dinero!
Pero a veces hace falta despejarse un poco, y esto ha ayudado a disfrutar al fin de un fin de semana sin estar rallada, preocupada, blablablabla....Así que, nada, me dispongo a actualizar el blog para quedarme tranquila y poder ponerme a ensayar un poco.
¡Gracias por leer!
Madrid
Vivir en la "gran ciudad" es, para mí, bastante raro. Es como si... no sé, como que hay tanto ruido que apenas se puede oír la respiración propia.
Y todas las calles están como invadidas por una energía enorme, todo es movimiento, todo es bullicio. Todo el mundo va de aquí para allá, sin detenerse. Todo el mundo tiene prisa. Y quien no tiene prisa, se contagia de la prisa del resto. Cuando te das cuenta, estás saltándote semáforos aunque vayas con media hora de antelación, o aunque no tengas nada que hacer allí donde vas. Y adelantando a los pocos valientes que se atreven a ir a otro ritmo.
A veces me paro a mí misma, sorprendida al ver que hago estas cosas. Y pienso ¿por qué tanta prisa? Hace un día estupendo, está genial para estar en la calle, y me veo prácticamente corriendo a mi piso. Es absurdo. Y ¿qué problema hay en esperar 20 segundos para que el semáforo esté en verde, y poder cruzar? Absurdo, absurdo, absurdo. De hecho, puede que te estés jugando la vida en un momento determinado por cruzar un poco antes. No digo que no me salte los semáforos, pero hay veces que simplemente no hay necesidad.
Además, está el metro. Algo que yo casi ni conocía hasta ahora. En Gran Canaria no tenemos metro, claro está.
Pero es un lugar fantástico para observar gente. Y es que son toneladas de seres humanos -en hora punta- de los cuales la mayoría son currantes cabizbajos que viajan solos, señoras mayores, o estudiantes. A veces la cosa se pone incluso territorial. Mujeres con tacones de aguja -y cara de sufrimiento-, señoras mayores y trabajadores cansados y descontentos que van de pie parecen tener controlado todo el vagón. Como si tuviesen un radar y supieran quién se bajará en la próxima parada para ir -muchísimo más rápido de lo que te esperas, ya sea por tener los pies destrozados, por su pinta de cansancio o simplemente por parecer ancianitas frágiles- directos al asiento que queda libre antes de que otros viajeros más distraídos puedan siquiera ver lo que ha pasado.
Yo suelo viajar de pie, apoyada a una puerta y mirando disimuladamente lo que ocurre. Tampoco es que haga trayectos largos, y desde ahí tengo una buena visión en general. A veces descubro gente interesante. Otras veces... regreso a mi iPod, con mi música y lo que esté leyendo en ese momento, para esperar el momento de salir. Yo, como soy bajita, suelo quedar bastante oculta y perdida entre la multitud hasta que consigo llegar afuera de la estación y tomar el aire. El metro, en realidad, agobia un poco... Pero es barato y rápido. Dicho así, en realidad se ajusta bastante a este estilo de vida rápido, en el que lo que importa es llegar cuanto antes en vez de pararse en mitad de la calle a disfrutar del día.
Y todas las calles están como invadidas por una energía enorme, todo es movimiento, todo es bullicio. Todo el mundo va de aquí para allá, sin detenerse. Todo el mundo tiene prisa. Y quien no tiene prisa, se contagia de la prisa del resto. Cuando te das cuenta, estás saltándote semáforos aunque vayas con media hora de antelación, o aunque no tengas nada que hacer allí donde vas. Y adelantando a los pocos valientes que se atreven a ir a otro ritmo.
A veces me paro a mí misma, sorprendida al ver que hago estas cosas. Y pienso ¿por qué tanta prisa? Hace un día estupendo, está genial para estar en la calle, y me veo prácticamente corriendo a mi piso. Es absurdo. Y ¿qué problema hay en esperar 20 segundos para que el semáforo esté en verde, y poder cruzar? Absurdo, absurdo, absurdo. De hecho, puede que te estés jugando la vida en un momento determinado por cruzar un poco antes. No digo que no me salte los semáforos, pero hay veces que simplemente no hay necesidad.
Además, está el metro. Algo que yo casi ni conocía hasta ahora. En Gran Canaria no tenemos metro, claro está.
Pero es un lugar fantástico para observar gente. Y es que son toneladas de seres humanos -en hora punta- de los cuales la mayoría son currantes cabizbajos que viajan solos, señoras mayores, o estudiantes. A veces la cosa se pone incluso territorial. Mujeres con tacones de aguja -y cara de sufrimiento-, señoras mayores y trabajadores cansados y descontentos que van de pie parecen tener controlado todo el vagón. Como si tuviesen un radar y supieran quién se bajará en la próxima parada para ir -muchísimo más rápido de lo que te esperas, ya sea por tener los pies destrozados, por su pinta de cansancio o simplemente por parecer ancianitas frágiles- directos al asiento que queda libre antes de que otros viajeros más distraídos puedan siquiera ver lo que ha pasado.
Yo suelo viajar de pie, apoyada a una puerta y mirando disimuladamente lo que ocurre. Tampoco es que haga trayectos largos, y desde ahí tengo una buena visión en general. A veces descubro gente interesante. Otras veces... regreso a mi iPod, con mi música y lo que esté leyendo en ese momento, para esperar el momento de salir. Yo, como soy bajita, suelo quedar bastante oculta y perdida entre la multitud hasta que consigo llegar afuera de la estación y tomar el aire. El metro, en realidad, agobia un poco... Pero es barato y rápido. Dicho así, en realidad se ajusta bastante a este estilo de vida rápido, en el que lo que importa es llegar cuanto antes en vez de pararse en mitad de la calle a disfrutar del día.
Seguir, seguir y seguir.
Hay algunos días en los que sin más, es difícil encontrar un sentido a seguir.
Por un segundo, siento que no entiendo qué hago aquí, en Madrid, haciendo lo que hago. Por un segundo me entran dudas y no veo sentido a seguir adelante. No tengo ganas de dar un salto y presentarme en clase como todos los días. Pienso que quizás no es mi sitio, que quizás no es mi profesión, que quizás no valga, que quizás no encontraré mi sitio, que quizás deba renunciar, y que quizás y quizás y quizás....
Y que si me importa algo ahora es simplemente mi familia, y esa gente con quien no comparto sangre pero sí unos lazos fortísimos.
Y que si me importa algo ahora es simplemente mi familia, y esa gente con quien no comparto sangre pero sí unos lazos fortísimos.
Pero sin darme tiempo a pensar, me levanto, voy a clase, ensayo, pruebo, me esfuerzo, juego, actúo lo mejor que puedo. Disfruto. Me entrego. No me paro a pensar en si estoy satisfecha con lo que he hecho por miedo. Y sigo sin darme tiempo a pensar y voy a clases de inglés, y preparo el ejercicio de técnica, y el ensayo que tenga al día siguiente, y sigo adelante. Y sigo y sigo y sigo. Hasta agotarme.
Y me doy cuenta de que, a pesar de lo que pueda costarme, de todas las inseguridades, los días malos, la frustración, el peso de todo... Sigo aquí. Y no podría irme.
Es como una relación amor-odio con lo que hago.
Pero encuentro que aunque haya días que esté desmotivada, hay días increíbles en los que simplemente me doy cuenta de que vale la pena, cuando veo que a alguien le ha llegado el trabajo que hemos hecho, cuando veo cosas increíbles suceder en clase como por primera vez, cuando trabajo en algo a fondo, y me he pasado semanas sin pensar en otra cosa que en mi personaje y mi escena, y sin dormir, y veo que sirve de algo, que hay un cambio... Cuando se me enciende la bombilla y por fin entiendo a mi personaje completamente, cuando no pienso en nada y me dejo llevar por la escena, cuando termino y estoy aturdida y no sé qué he hecho... O simplemente cuando miro atrás y me doy cuenta de todo lo que he aprendido del teatro y de todo.
Es que me estoy quedando corta con todo lo bonito que tiene el teatro para mí. Supongo que es cuestión del día.
Hoy escribo esto para recordarme a mí misma por qué sigo, por qué no abandono aunque a veces parezca que todo es... una mierda. O peor, que me deja casi indiferente.
Porque hay días en los que simplemente parece que nada vale la pena.
Los sueños no viven siempre en el futuro
Hay momentos en los que desearía que no existiese un mañana.
Momentos en los que todo cambiaría si no hubiera que pensar en el futuro, en qué pasará, en qué cambiará... Simplemente vivir el momento, el minuto, el segundo. Seguir lo que sientes y olvidar todo el pasado, todo el futuro.
Vivir el presente.
Gritar al mundo, salir corriendo, abrazar a alguien, decir lo que quieras, apretar una mano, ...
Cosas que generalmente cuestan tanto.
Es una idea preciosa. Pero.. no siempre se puede. Casi nunca se puede.
Y suele ser mejor no hacerlo, a la larga.
Además, imaginar el futuro tampoco está tan mal. Yo evidentemente es algo que también hago mucho.
Y hacer planes, y querer sacar partido a tu vida, y prepararte para cosas que aún no puedes hacer, sea por lo que sea, y soñar, e imaginarte un futuro mejor... también es precioso. Siempre y cuando tengas las ganas y la fuerza de llevar a cabo tus planes cuando llegue el momento. Aunque no salgan bien.
Pero resulta exaperante guardarse todos esas ganas de hacer algo en un momento determinado. Parece que se acumulan en cada uno, como si cada segundo que pasásemos aguantándonos nos hincháramos más y más, como un globo, una burbuja.
A veces puedes sentir que vas a explotar. Es más, a veces dan ganas de explotar, de arrasar con todo.
Pero no soy tan ilusa como para creer que no importa, que se puede. Sin embargo sí que lo soy para seguir soñando.
Y a eso dedico esos momentos antes de dormir -siempre que no esté a punto de morir de un ataque de nervios gracias a las escenas/impros del día siguiente, ¡claro!-, a olvidar que existe un mañana y dejar volar mi imaginación.
A pasar noches bajo las estrellas sin preocupaciones, a viajar desde mi cama al mundo entero. Al instante que quiera.
Y eso es lo que hago cuando me quedo como una idiota mirando y escuchando la lluvia, cuando sólo se oyen las gotas golpear las calles, y el mundo está borroso.
Momentos en los que todo cambiaría si no hubiera que pensar en el futuro, en qué pasará, en qué cambiará... Simplemente vivir el momento, el minuto, el segundo. Seguir lo que sientes y olvidar todo el pasado, todo el futuro.
Vivir el presente.
Gritar al mundo, salir corriendo, abrazar a alguien, decir lo que quieras, apretar una mano, ...
Cosas que generalmente cuestan tanto.
Es una idea preciosa. Pero.. no siempre se puede. Casi nunca se puede.
Y suele ser mejor no hacerlo, a la larga.
Además, imaginar el futuro tampoco está tan mal. Yo evidentemente es algo que también hago mucho.
Y hacer planes, y querer sacar partido a tu vida, y prepararte para cosas que aún no puedes hacer, sea por lo que sea, y soñar, e imaginarte un futuro mejor... también es precioso. Siempre y cuando tengas las ganas y la fuerza de llevar a cabo tus planes cuando llegue el momento. Aunque no salgan bien.
Pero resulta exaperante guardarse todos esas ganas de hacer algo en un momento determinado. Parece que se acumulan en cada uno, como si cada segundo que pasásemos aguantándonos nos hincháramos más y más, como un globo, una burbuja.
A veces puedes sentir que vas a explotar. Es más, a veces dan ganas de explotar, de arrasar con todo.
Pero no soy tan ilusa como para creer que no importa, que se puede. Sin embargo sí que lo soy para seguir soñando.
Y a eso dedico esos momentos antes de dormir -siempre que no esté a punto de morir de un ataque de nervios gracias a las escenas/impros del día siguiente, ¡claro!-, a olvidar que existe un mañana y dejar volar mi imaginación.
A pasar noches bajo las estrellas sin preocupaciones, a viajar desde mi cama al mundo entero. Al instante que quiera.
Y eso es lo que hago cuando me quedo como una idiota mirando y escuchando la lluvia, cuando sólo se oyen las gotas golpear las calles, y el mundo está borroso.
Hoy soy así
Hoy tampoco tengo nada claro acerca de qué escribir. Así que tras varios intentos insatisfactorios he decidido escribir y dejar que surja, sin más. Sin juzgar lo que escribo, lo que siento...
Quizás hoy tampoco haya sido el día perfecto, pero al menos ha sido bastante agradable en general.
A veces me sorprendo a mí misma olvidándolo todo y sonriendo sin más. Y otras veces me sorprendo a mí misma recordándolo todo...
Me he dicho una y mil veces que es hora de mirar adelante, a pesar de que no ha pasado tanto tiempo... y olvidar. No quiero seguir en esta energía, auto-compadeciéndome y sintiéndome como una idiota. No vale la pena desperdiciar así mi vida, ahogándome en un vaso de agua de lo que no fue. Ya es hora de beberlo y olvidarlo, no al revés, que un vaso me beba y siga recordando.
Me niego. Y aunque ahora me cueste sé que más adelante agradeceré esta decisión.
Porque me he dado cuenta de que muchas veces no queremos escapar del todo de este tipo de situaciones. Que nos aferramos como si nos fuera la vida en ello a un simple recuerdo, a una brisa, a una noche. Pero no vale la pena, al menos hoy no.
Duele hasta pensarlo.
Pero como siempre, siempre, siempre, la vida sigue. Y yo he decidido seguir con ella, y disfrutarla.
No quiero volver a detenerme en este punto. No es justo.
Hace tiempo que estas cosas me rondaban la cabeza y creo que me ha sentado bien sacar un poco afuera. Y hoy me da igual si alguien lo lee, lo mal que he escrito, el poco sentido que tiene. Hoy escribo porque yo soy esto que he escrito. Quizás soy demasiado complicada, y en realidad no debería de meterme en estas situaciones. Pero hoy me atrevo a decirlo, porque estoy harta de dejarme alienar en cierta forma por el mundo. Quiero simplemente decir sin vergüenza que soy esta idiota que está escribiendo gilipolleces sin sentido a las tantas en su blog. Igual que soy otras mil personas. Más de mil. Una para cada día que viva.
Y no me importa más. Hoy no.
Quizás hoy tampoco haya sido el día perfecto, pero al menos ha sido bastante agradable en general.
A veces me sorprendo a mí misma olvidándolo todo y sonriendo sin más. Y otras veces me sorprendo a mí misma recordándolo todo...
Me he dicho una y mil veces que es hora de mirar adelante, a pesar de que no ha pasado tanto tiempo... y olvidar. No quiero seguir en esta energía, auto-compadeciéndome y sintiéndome como una idiota. No vale la pena desperdiciar así mi vida, ahogándome en un vaso de agua de lo que no fue. Ya es hora de beberlo y olvidarlo, no al revés, que un vaso me beba y siga recordando.
Me niego. Y aunque ahora me cueste sé que más adelante agradeceré esta decisión.
Porque me he dado cuenta de que muchas veces no queremos escapar del todo de este tipo de situaciones. Que nos aferramos como si nos fuera la vida en ello a un simple recuerdo, a una brisa, a una noche. Pero no vale la pena, al menos hoy no.
Duele hasta pensarlo.
Pero como siempre, siempre, siempre, la vida sigue. Y yo he decidido seguir con ella, y disfrutarla.
No quiero volver a detenerme en este punto. No es justo.
Hace tiempo que estas cosas me rondaban la cabeza y creo que me ha sentado bien sacar un poco afuera. Y hoy me da igual si alguien lo lee, lo mal que he escrito, el poco sentido que tiene. Hoy escribo porque yo soy esto que he escrito. Quizás soy demasiado complicada, y en realidad no debería de meterme en estas situaciones. Pero hoy me atrevo a decirlo, porque estoy harta de dejarme alienar en cierta forma por el mundo. Quiero simplemente decir sin vergüenza que soy esta idiota que está escribiendo gilipolleces sin sentido a las tantas en su blog. Igual que soy otras mil personas. Más de mil. Una para cada día que viva.
Y no me importa más. Hoy no.
Oscar Wilde. Vivir o existir.
"Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo."
Oscar Wilde.
Miro a mi alrededor y me impresiona ver la poca gente que de verdad guarda entusiasmo en la vida. En lograr sus sueños.
Me parece como si la sociedad que me rodea en general ya no tuviera interés en arreglar el mundo, en sacarlo adelante, en luchar contra las injusticias y en favor de mejorar las cosas.
Incluso en luchar por sus sueños. Hoy en día parece que está mal visto soñar.
La gente se cree mejor por buscar un trabajo estable y no hacer nada por seguir sus sueños.
No quiero decir que me parezca mal tener un trabajo estable y aburrido. A veces aunque no sea lo que más te apasione, es necesario.
Y tampoco quiero decir que todos los oficinistas, por ejemplo, tengan que estar descontentos con su vida... Puede que les encante su trabajo.
Lo que quiero decir es que si tu sueño es otro, ¿por qué no haces nada por lograrlo, ahora que ya tienes tu vida resuelta?
¿Por qué no te arriesgas para ser feliz de una vez?
Pero no, porque es inútil. Porque no da dinero. ¡DINERO! Venga ya. ¿De verdad es tan importante?
Vale que de algo hay que vivir. Que no soy estúpida por querer ser actriz ¿vale? No significa que no piense en el futuro, que crea que me va a caer del cielo una casa en la que vivir y alimento que comer (qué escena tan gore... eso de la casa cayendo sobre mí es un poco violento... bueno, pero se entiende lo que quiero decir, ¿no?).
Pero si ya tienes tu vida arreglada, ¿por qué no haces algo por hacerla mejor, al margen del dinero? ¿Por qué no estudias esa carrera que siempre quisiste pero supiste que no tenía salidas, o por qué no ahorras para hacer el viaje que siempre soñaste? ¿Por qué no vas a clases de lo que sea que más te apetezca, por qué no te entrenas para lograr tu meta? ¡¿Por qué no tienes la fuerza suficiente como para vivir tu vida, y no para sobrevivir en ella?!
¡La vida es bella!
Vale, la vida no es fácil. Puede que ni tenga ningún sentido, que simplemente existamos por existir. Pero... ¡Estás vivo! Aprovecha tu vida. No digo que todo vaya a salir bien. Puede que salga estrepitosamente mal. Pero... ¿no es peor no intentarlo siquiera? ¿Quedarte perteneciendo a la masa, insatisfecho con tu vida y fingiendo que estás satisfecho por hacer lo que todos esperan de ti?
¿Por qué la gente no tiene fuerza para vivir? ¡¿Qué pasa?!
¡Que soñar no es de idiotas!
¡Que no siempre hay que hacer lo que se espera de ti!
¡Que existir no es suficiente!
¡Que podemos cambiar las cosas mucho más de lo que creemos!
Por favor, dad una oportunidad a vuestros sueños. Con conciencia, sí, pero... en serio, vale la pena.
Quizás soy demasiado idealista, quizás soy una simple joven demasiado idealista... Pero sinceramente, vale la pena vivir.
Oscar Wilde.
Miro a mi alrededor y me impresiona ver la poca gente que de verdad guarda entusiasmo en la vida. En lograr sus sueños.
Me parece como si la sociedad que me rodea en general ya no tuviera interés en arreglar el mundo, en sacarlo adelante, en luchar contra las injusticias y en favor de mejorar las cosas.
Incluso en luchar por sus sueños. Hoy en día parece que está mal visto soñar.
La gente se cree mejor por buscar un trabajo estable y no hacer nada por seguir sus sueños.
No quiero decir que me parezca mal tener un trabajo estable y aburrido. A veces aunque no sea lo que más te apasione, es necesario.
Y tampoco quiero decir que todos los oficinistas, por ejemplo, tengan que estar descontentos con su vida... Puede que les encante su trabajo.
Lo que quiero decir es que si tu sueño es otro, ¿por qué no haces nada por lograrlo, ahora que ya tienes tu vida resuelta?
¿Por qué no te arriesgas para ser feliz de una vez?
Pero no, porque es inútil. Porque no da dinero. ¡DINERO! Venga ya. ¿De verdad es tan importante?
Vale que de algo hay que vivir. Que no soy estúpida por querer ser actriz ¿vale? No significa que no piense en el futuro, que crea que me va a caer del cielo una casa en la que vivir y alimento que comer (qué escena tan gore... eso de la casa cayendo sobre mí es un poco violento... bueno, pero se entiende lo que quiero decir, ¿no?).
Pero si ya tienes tu vida arreglada, ¿por qué no haces algo por hacerla mejor, al margen del dinero? ¿Por qué no estudias esa carrera que siempre quisiste pero supiste que no tenía salidas, o por qué no ahorras para hacer el viaje que siempre soñaste? ¿Por qué no vas a clases de lo que sea que más te apetezca, por qué no te entrenas para lograr tu meta? ¡¿Por qué no tienes la fuerza suficiente como para vivir tu vida, y no para sobrevivir en ella?!
¡La vida es bella!
Vale, la vida no es fácil. Puede que ni tenga ningún sentido, que simplemente existamos por existir. Pero... ¡Estás vivo! Aprovecha tu vida. No digo que todo vaya a salir bien. Puede que salga estrepitosamente mal. Pero... ¿no es peor no intentarlo siquiera? ¿Quedarte perteneciendo a la masa, insatisfecho con tu vida y fingiendo que estás satisfecho por hacer lo que todos esperan de ti?
¿Por qué la gente no tiene fuerza para vivir? ¡¿Qué pasa?!
¡Que soñar no es de idiotas!
¡Que no siempre hay que hacer lo que se espera de ti!
¡Que existir no es suficiente!
¡Que podemos cambiar las cosas mucho más de lo que creemos!
Por favor, dad una oportunidad a vuestros sueños. Con conciencia, sí, pero... en serio, vale la pena.
Quizás soy demasiado idealista, quizás soy una simple joven demasiado idealista... Pero sinceramente, vale la pena vivir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)