Fleetingness

¿Qué es la vida en sí?
Existimos, venimos a este mundo sin ningún fin más que el de transmitir nuestros genes. No somos nada, ni una mota de polvo, para el universo.
Somos frágiles, efímeros. Nos damos más importancia de la que tenemos, y nos duele descubrir que nuestras ínfimas vidas pueden acabar, que podemos sufrir, que nos puede pasar cualquier cosa. No queremos darnos cuenta de que todo lo malo es parte de la vida, de que no hay nada más. No hay suerte, no hay nadie jugando con nosotros. Nada se oculta tras lo que llamamos trascendental. Por eso además siempre nos pilla por sorpresa el que la vida nos ataque con algo.
Además, creamos lazos entre nosotros. Lazos que, en el fondo, no son más que trucos de la evolución para perpetuar la especie. Y sufrimos por ellos.
Hoy me siento muy pequeña; insignificante. Me paro a pensar y encuentro que todo carece de sentido, incluso esta reflexión. Siento que todo lo que pienso, que el mundo, que la existencia en sí, que todo lo que me rodea es algo casi intangible, fugaz. Algo que morirá conmigo.

Campos de fresas

Voy en un globo de aire caliente, surco el cielo.

Atravieso sueños, arcoíris, tormentas.

A veces el peso de mis decisiones me hace perder altura, y, preocupada, busco la manera de desprenderlo, pensando en que pronto se hará de noche. Olvidando mirar hacia adelante para descubrir los rayos de luz que se atreven aún a asomar tras un horizonte lejano cruzando el cielo naranja, despidiéndose del día.

Mi globo flota suavemente recortando su perfil en el cielo. Por debajo, grandes campos de fresas se extienden hasta donde alcanza la vista, bañando colinas y laderas de un verde tan cálido que se acentúa con la luz del atardecer, y me hacen sentir segura a pesar de la altura.

Sueño con bajar; parar en mi viaje y ser una niña, y tirarme rodando por las verdes faldas de las montañas riendo a carcajadas con una amiga. Correr y esconderme, apretarme mucho al piso para que nadie me vea y sentir el olor de la tierra y las fresas. Acabar acostada, boca arriba, mirando el lento desfile de las nubes de algodón rosado y encontrar que tienen forma de estrella, o de pato enorme. Y soñar. Sueño con soñar.

Mi globo flota suavemente en el cielo, y tengo todo un mundo por delante.

Lost in thought

Me desperté y sin saber muy bien por qué, sentí que había perdido algo. Y con los ojos cerrados y la mente aún sin despertar, navegué entre recuerdos ligeramente borrosos de un sueño. Entonces descubrí que fue sólo eso, un sueño.
Pero mientras dormía, mi realidad era esa. Había perdido algo.
Me sentí absurda por tener miedo de una pesadilla.
Era uno de esos días en los que sólo necesitaba que me abrazaran fuerte y me hicieran sentir segura, y me trajeran un té calentito con leche y miel a la cama, y ver una película estúpida.
Ese día yo era una niña perdida en un mundo de adultos.
Y así como me sentía, tan pequeña, no fue fácil recuperarme. El miedo se me había metido ya en el cuerpo y se asentaba pasando a un plano más real, queriéndome hacer pensar algo así podría pasar.
Mantenía los ojos cerrados, muy apretados. Tuve miedo del mundo.
Me quedé así mucho tiempo. No sé cuanto. Con los ojos cerrados, el tiempo siempre transcurre de forma diferente.
Cuando me tranquilicé respiré profundamente y me dije a mí misma que no era real. Que cuando abriera los ojos, lo olvidaría. Se convertiría en una imagen cada vez más borrosa hasta que finalmente desaparecería, como suele pasar con los sueños.
Entonces abrí los ojos.
Y en ese momento descubrí que era verdad. Que el único sueño había sido pensar que era un sueño.
Y sentí la pérdida por segunda vez y como si fuera la primera.

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La verdad es que no sé muy bien de dónde ha salido este texto.
No es algo que me haya pasado, y encima ahora mismo tengo mil motivos para estar contenta. Y sin embargo hoy me desperté algo melancólica y mimosa y estúpida, y sólo me salía escribir esta cosa rara.
Supongo que en realidad sí que me gustaría que me abrazaran fuerte, y ver una película tonta con té calentito sin tener que decir nada de nada, y sentirme segura.

¿Cómo prepararnos?

Parece que en la vida, debemos situarnos de alguna manera en todo.
En un rol, en un lugar, en una relación. Todo debe de estar ordenado de alguna manera.
No vale escaparte sin más, no vale olvidar.
De hecho, nos acostumbramos a ello. Y es difícil salir del contexto. 
A veces es una aventura, emocionante. Te descolocas, te vuelves nada, y volviéndote nada, te vuelves tú mismo.
Sin embargo hay veces en las que te preguntas cuándo cambió...
Al tiempo, te encuentras de frente con la realidad sin estar mentalmente preparada... ¿Pero cómo se hace eso? ¡Y no sabes reaccionar! Y es que no es posible mentalizarte para algo así. Nunca sabes lo que pasará hasta que pase.
Yo estaba tan acostumbrada a todo, y a la vez no sabía acostumbrarme. Y cuando dejé atrás todo, no pensé en que tarde o temprano tendría que haber silencios incómodos, que sería todo tan desconcertante.
De hecho, en el momento te parece absurdo que las cosas no sean como eran, y tienes que esforzarte en recordar por qué tomaste las decisiones que tomaste.
Y encuentras la respuesta ¡claro! pero... La lógica a veces no es suficiente cuando te topas de frente con la vida. Siempre hay algo debajo de la piel que parece pensar por su cuenta, escapar y decidir por sí mismo.
Como una especie de fiera interior, como tener a un dragón bombeando la sangre, llenándola de llamas que te queman desde dentro. En ese momento respiras fuego. Pero te obligas a apagarte, y tragas aire, y agua, que apaga el fuego, y el humo te hiere por un ratito.
Es entonces cuando te das cuenta de que las cosas seguirán así.
Me gustaría que no hubiera salido todo de esta forma, que todo fuera para mejor.
Me gustaría poder solucionar asuntos que han quedado atrás.
Me gustaría ser capaz de abrir la boca y decir todo lo que tenga que decir, sin tapujos.
Pero las palabras nunca quisieron venir a mi mente, y si vinieron, se atascaron en mi garganta, o como mucho en mis labios, cortando la respiración. No quisieron salir, o no pudieron.
En fin, no hay que darle más vueltas. Ahora toca seguir, y de una manera u otra la vida se irá colocando sola a sí misma, asentándose, y para poner de mi parte no debo estancarme en lo que ya ha pasado.

Espera... ¡¡¿Cuánto tiempo has dicho?!!

¡No me puedo creer el tiempo que hace que no escribo aquí!
Dos meses. ¿Es posible que de verdad haya pasado tanto?
El tiempo pasa volando y a mí me ha ido quedando como un huequito vacío de no escribir en este sitio... Aunque tampoco es que haya estado de brazos cruzados.
Hace dos meses acababa de empezar el verano, y parece que fue hace una semana. No me esperaba que "ya" fuera "ya", no sé si me explico. Y ya queda menos para empezar el segundo curso de teatro y el primero de universidad...
Sin embargo, por ahora no estoy nerviosa. Me da la sensación que aún queda mucho para eso, aunque soy consciente de que entonces pensaré mi típico "¡¿YA ES HOY?!", y pensaré que el tiempo se me viene encima y que parece que me quiere atropellar.
Cambiando de tema, hoy quizás debería de hablar de las vacaciones, de lo que he aprendido y pensado... Pero no me siento lo que se dice inspirada.
Acabo de llegar de unas vacaciones en familia en Fuerteventura, y lo único que oigo es el partido Barça-Madrid por la tele, cosa que no ayuda mucho a la reflexión, y en realidad estoy cansada.
Ahora toca "re-conexión" con el mundo, ya que estar en una isla como esa, sin comunicarme con nadie y sin obligaciones hace que uno se olvide de todo.
Sin embargo, este relax me ha dado unas ganas enormes de escribir otro tipo de cosas, y creo que me pondré a ello. No creo que esos textos vean nunca la luz, pero algo he empezado y creo que he encontrado otra manera de expresar otro tipo de cosas.
Sin embargo toca decir, repetir y reafirmar que extrañaba este sitio. Quizás no tenga mucho sentido tener apego a un simple archivo online de mis desvaríos varios, pero no puedo evitar pensar que he encontrado una casa para mis ideas, como ya dije. Y aquí me siento segura y acogida.
También he estado pensando en postear aquí algunas fotos de mis vacaciones. Admito que la idea viene de Silvia, que comentó la idea de un blog de fotografía.
En mi caso no sería tanto como eso, pero creo que quiero compartir también ese trozo de mí que se esconde tras la cámara. Es otra manera de mostrar cómo veo el mundo.
Esta entrada es más de reencuentro que de otra cosa, de reencuentro con el blog y con la idea de poder poner en palabras mis pensamientos. De reencuentro con algún lector si queda, y de reencuentro con estar en casa.
Mañana, con la mente más clara, ya me pondré manos a la obra, ya que tanto tiempo sin escribir hace que tenga la cabeza llena de ideas que necesito sacar.
Me despido ya, con una sonrisa en la boca y la tranquilidad de estar de nuevo aquí.

James Dean

Dream as if you'll live forever. Live as if you'll die today.
James Dean


Sueña como si fueses a vivir para siempre. Vive como su fueras a morir hoy.
Es una de las frases más conocidas del actor estadounidense James Dean.
Hace un rato estaba enganchada a una pequeña parte de un documental acerca de él -que es lo que alcancé a ver cuando decidí acercarme por el salón a hablar con mi madre y me di cuenta de que lo estaba viendo-, y cuando al final del todo salió esta frase se me quedó grabada.
Creo que alguna vez la oí y/o leí, pero hoy concretamente creo haberla entendido un poco más.
La verdad es que me gusta la idea que transmite.
Para empezar, soñar sin límites. Ahora mismo creo que vivimos mejor soñando aunque sea imposible.
Supongo que lo expresa mucho mejor Eduardo Galeano -periodista y escritor uruguayo- cuando nos habla de la utopía. Él dice:
"La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar."
Esa es la imagen que tengo yo de los sueños. A veces se cumplen, y surgen otros. A veces te acercas y ellos se alejan. Pero por mucho que se alejen, cada paso que has dado, cada esfuerzo, todo te ha acercado a ello de una manera u otra, y te ha hecho avanzar en tu vida.
Y repito que no es que crea que todo es de color rosa -y no sólo porque el rosa no sea uno de mis colores favoritos, desde pequeña le tenía manía por parecer tan "Barbie"-, no es que sea una simple soñadora con la cabeza en las nubes, o al menos me gusta pensar que no lo soy.
Solamente creo que no es excusa decir que no sirve de nada soñar para no avanzar. 

Avanzar es importante. Tenemos que crear caminos, vivir.
Lo cual nos lleva a la segunda parte de la frase. Vivir, como si murieras hoy.
Tampoco es que me aferre al no pensar en el mañana. Hay gente que malinterpreta ese Carpe Diem como si tuvieras que vivir autodestruyéndote y gastándote todo el dinero sin pensar en tu futuro.
Eso en mi opinión es una interpretación muy mala de un ideal tan bonito como el de querer vivir cada minuto de tu vida.

¿No sería precioso poder irnos a dormir cada día pensando que ha valido la pena despertarse?
Lo que quiero decir es que no estaría mal hacer un esfuerzo e intentar transformar hasta el día más inútil y poco productivo, pesado, triste y demás, de nuestras vidas en uno en el que haya valido la pena vivir.

Claro que no siempre es posible ya que todos tenemos días malos. Y estar triste no está prohibido por muy optimista que seas.
Pero mientras podamos deberíamos de tener esto en mente: hacer que cada día valga la pena.
Porque ya tenemos la suerte de sobrevivir. No todos la tienen. Y como he dicho mil veces, y lo seguiré diciendo -qué pesada que soy-, nadie muere hasta que muere.
No hay que estancarse en la mala energía, en la autocompasión... porque es muy tentador, y muy fácil. 
Hay que hacer un esfuerzo y reírnos, y mandar al mundo a la mierda por un ratito para disfrutar de la vida, y luego volver con fuerza.
Y con nuestros sueños en el horizonte, por supuesto.

Educación.

Cada día me doy más cuenta de la mala educación que se nos da.
Tampoco digo que yo tenga la solución definitiva ni que pueda salvar el mundo, pero miro atrás y lo veo claro, la mayor parte de las veces quieren que memoricemos sin importar que aprendamos.
Nos enseñan las cosas de manera desordenada, sin tener en cuenta qué es lo importante de cada cosa. La información se nos presenta como algo a memorizar, un montón de palabras que recordar en el orden correcto, ya que ni siquiera se suelen escribir de manera que la información tenga un sentido completo.
No hay conexiones de un párrafo al siguiente en muchos de los libros de texto, lo cual deja más que claro que la intención no es entender lo que dice, sino que lo "aprendas" -entre comillas, por no repetir la palabra memorizar.
Memorizamos listas, tablas, párrafos, pero jamás se nos pide que apliquemos el conocimiento.
Nos preparan para exámenes, no para entender. No nos preparan para ser críticos, para razonar, para pensar por nosotros mismos.
Por expresarlo de otra manera, digamos que nos exigen las tablas de multiplicar de memoria sin hacernos entender qué significa multiplicar, de qué es realmente el resultado de la operación. ¿De qué sirve entonces? Si lo único que hiciera falta es el resultado, para eso es más sencillo coger una calculadora y ya está.
Y por eso pasa que entonces el estudiante se hace un lío y no piensa en lo que está escribiendo, y escribe cosas como que 8x8=48, y al profesor en el examen no le importa más que eso y le tacha esa pequeña parte del ejercicio, o el ejercicio entero, qué más da.
Pero el docente parece que no se plantea por qué el niño ha pensado algo tan absurdo. Y es que resulta que el niño no lo ha pensado, simplemente ha recordado mal y ha repetido mal.

Pero no piensa lo que ha escrito. No se ha planteado que 8 sumado 8 veces no puede dar ese resultado.
No ha buscado una solución ni lo ha comprobado porque ha aprendido de memoria y simplemente le ha fallado, y ya está.

Ese es el alumno que se educa hoy en día, al menos en el sistema que yo conozco, y no sólo a nivel de tablas de multiplicar. Lo mismo pasa en el resto de asignaturas que van enfocadas a superar un examen y no a crecer como personas.
Y no digo que deba de enseñarse menos, u otras cosas. Pero sería fantástico que lo que importara no fuera el conocimiento de memoria, sino el conocimiento aplicado.
Sería fantástico que nos formaran como personas con una mínima cultura en la educación que es obligatoria, que todo ciudadano tuviera derecho a tener capacidad crítica y de razonamiento.
Que se fomentara el mejorar las capacidades de todos, y no marginar a algunos por no tener ganas de romperse la cabeza buscando cómo llegar hasta ellos.

Lo que pasa es que eso implicaría que toda la gente que se dedicara a la enseñanza tuviera interés en su trabajo. En hacerlo bien, en llegar a todos y no simplemente ocupar su silla delante de una clase de alumnos desmotivados que de ellos sólo puedan aprender lo mismo que del libro, como mucho.
Sin embargo, parece que muchos, no todos, se decantan por la enseñanza por el dinero y las vacaciones. Y no se dan cuenta del papel tan importante que tienen en la sociedad.
¡Me indigna tantísimo!
Y lo peor es que parece que lo que interesa es que la educación sea así. Porque un pueblo no crítico y muy desinformado es un pueblo débil que no se plantea la información que le dan.
Es un pueblo que cree todo, que acepta todo, que cae en las trampas de los peces gordos...



Esto no se quedará en lo que escribo. Algún día espero poder poner mi granito de arena en el mundo de la enseñanza, y aunque no sea un cambio radical, al menos haré mi parte. Eso como mínimo. Y si puedo más, haré más.

¡Gracias por leer mis estupideces!