Hay personas que aparecen en tu vida y lo cambian todo. Desde el punto en que aparecen en tu vida, todo se detiene un segundo y tu camino toma un sentido totalmente diferente al que hubiera esperado cualquiera.
A día de hoy, puedo decir que gracias a este tipo de personas soy afortunada. Muy, muy afortunada. He cometido errores, pero las cosas no han salido mal del todo al final. Y quien ha querido permanecer, ha permanecido conmigo. Simplemente a mi lado, sin que los cambios cambien nada -valga la redundancia.
Es como mirar a un horizonte de mar y atardecer naranja, con el sol calentando tu piel y una brisa abrazándote. Y girarte un segundo y encontrarte con que no estás solo, que hay alguien a tu lado mirando fijamente al frente sin apartarse un segundo de ti.
Se me hace imposible pensar que existan mejores personas en el mundo, al menos para mí y para mi mundo.
Yo que tengo un mundo tan interior y tan extraño, lleno de parajes inimaginables, de dudas, de cielos de todos los colores, repleto de estrellas inalcanzables y de una melodía cambiante y dulce. Y de agua, mucha agua reflejando la luz que queda.
Es increíble ver cómo han entrado sin miedo, o, al menos, sin demasiado miedo. Cómo se han metido de lleno y no han salido corriendo al descubrir lo que hay dentro. Cómo han aceptado mis rarezas como parte de mí, y no se han avergonzado ante el mundo de compartirlas.
Y cómo me han dejado entrar en sus mundos, y compartirlos. E imaginar cosas juntos, como si no hubiera tiempo del que preocuparnos.
No puedo evitar sentir como si tuviera un hogar interior vaya a donde vaya en donde estas personas tienen cabida. Un lugar cálido como un abrazo que siempre me acompaña, incluso en el día más solitario. Admito que he sido capaz de olvidarlo por instantes, pero en cuanto vuelvo a encontrar un resquicio, me inunda por completo.
Me han hecho entender tantas cosas, y crecer tanto. Me han hecho comprender qué es querer, qué es la amistad y la familia.
Quisiera con todas mis fuerzas poder darles las gracias, pero no hay nada que sea suficiente para que entiendan qué han hecho por mí.
Hoy estoy extrañamente cursi -lo cual hace que me odie un poco por dentro-, pero sólo quería hacer llegar este mensaje y a veces cuesta menos escribir idioteces así que decirlo sin más. A quienes dirijo estas palabras son personas muy, muy importantes. Espero que sepan por sí mismas quiénes son. Y que sigo aquí, que aunque haya que aguantarme seré incondicional. Quiero darles lo mejor de mí, porque me demuestran que me dan lo mejor de sí cada día.
Bueno, acabo ya con mi ñoñería. Espero que haya quedado claro.
Un segundo antes.
Decir adiós suavemente a lo que fue o lo que pudo ser. Como si cerraras una cajita de recuerdos para guardarla bien y no pensar en ella hasta que vuelvas a encontrarla, casi por casualidad, cuando ya has olvidado que existe.
Abrazar unos recuerdos y unos sueños por última vez, antes de dejarlos atrás, bien escondidos bajo la cama.
Y hacerlo en paz, sin pena. Si acaso, con algo de nostalgia, pero sin dejarte hundir. Pues la vida sigue, y llenarás mil cajas como esta de momentos inigualables.
Dejar atrás y no anclarse en las posibilidades, porque sabes que es lo mejor.
En la milésima de segundo en que terminas de cerrar la tapa, casi notas en la piel el tacto de lo que guardas. Una caricia fantasma, fugaz... perdida allá lejos, en el tiempo. En el raro, corto, largo tiempo.
Quisieras quedarte en ese segundo para siempre, pero ya has decidido. Sabes que ha sucedido lo que debía, sabes que las cosas seguirán su curso y que la vida continúa.
Mejor no preguntarse más por las posibilidades. No serviría de nada, lo único que conseguirías con ello en estos casos es confundir más lo que te rodea. Volverlo todo más borroso. Más imágenes que se juntan sin sentido.
Ya está cerrada. Te preguntas cómo harás para continuar sin pensar en todo lo que hay dentro. Qué harás cuando sin quererlo, recuerdes. Cómo eres capaz de cerrarla y ya está.
Sin embargo, está ahora todo tan claro dentro de la confusión, estás tan seguro de que has hecho bien que lo dejas estar.
En mi caso me doy cuenta de que a veces corto más los hilos que me atan a todo esto más de lo que debería. Intento fingir que no sucede nada, y que no ha cambiado nada, pero levanto una barrera invisible para el mundo ante los recuerdos. Y sigo adelante.
Alguna vez me arrepiento, porque se pierden cosas. Es como si abriera las manos al viento, y dejara que se llevara lo que hay en ellas, cerrando los ojos para no ver que está sucediendo eso. Pero por mucho que no mire, noto el viento rozando la piel, revolviéndome el pelo, haciendo volar las memorias. Y respiro hondo para olvidarlo todo.
Mi problema es que no sé hacerlo de otra manera.
Abrazar unos recuerdos y unos sueños por última vez, antes de dejarlos atrás, bien escondidos bajo la cama.
Y hacerlo en paz, sin pena. Si acaso, con algo de nostalgia, pero sin dejarte hundir. Pues la vida sigue, y llenarás mil cajas como esta de momentos inigualables.
Dejar atrás y no anclarse en las posibilidades, porque sabes que es lo mejor.
En la milésima de segundo en que terminas de cerrar la tapa, casi notas en la piel el tacto de lo que guardas. Una caricia fantasma, fugaz... perdida allá lejos, en el tiempo. En el raro, corto, largo tiempo.
Quisieras quedarte en ese segundo para siempre, pero ya has decidido. Sabes que ha sucedido lo que debía, sabes que las cosas seguirán su curso y que la vida continúa.
Mejor no preguntarse más por las posibilidades. No serviría de nada, lo único que conseguirías con ello en estos casos es confundir más lo que te rodea. Volverlo todo más borroso. Más imágenes que se juntan sin sentido.
Ya está cerrada. Te preguntas cómo harás para continuar sin pensar en todo lo que hay dentro. Qué harás cuando sin quererlo, recuerdes. Cómo eres capaz de cerrarla y ya está.
Sin embargo, está ahora todo tan claro dentro de la confusión, estás tan seguro de que has hecho bien que lo dejas estar.
En mi caso me doy cuenta de que a veces corto más los hilos que me atan a todo esto más de lo que debería. Intento fingir que no sucede nada, y que no ha cambiado nada, pero levanto una barrera invisible para el mundo ante los recuerdos. Y sigo adelante.
Alguna vez me arrepiento, porque se pierden cosas. Es como si abriera las manos al viento, y dejara que se llevara lo que hay en ellas, cerrando los ojos para no ver que está sucediendo eso. Pero por mucho que no mire, noto el viento rozando la piel, revolviéndome el pelo, haciendo volar las memorias. Y respiro hondo para olvidarlo todo.
Mi problema es que no sé hacerlo de otra manera.
¡Despierta!
Estoy harta de esta pasividad social casi contagiosa. El mundo va fatal, y todos tan tranquilos.
En días como hoy, sólo me apetece tomar las calles y hacer algo. Algo que sirva. Protestar y remover conciencias, hacer entender a la masa que lo que se ve en las noticias no sólo es una mínima parte de lo que sucede en realidad, sino que es REAL, que no es simplemente una imagen en nuestros televisores que está tan lejos de nosotros y que no nos afecta.
Que no debemos, que no podemos desentendernos, que si no somos parte de la solución estamos siendo parte del problema.
¡Qué impotencia más grande! Y yo aquí, escribiendo. Cada segundo que paso sin hacer algo me parece un desperdicio.
En esta sociedad parece que estamos atolondrados.
Lo que no da un resultado inmediato no se aprecia, así que no hacemos nada. No cambiamos nada.
Y eso es lo que falta. ¡Faltan ganas de cambiar el mundo! ¡Falta sangre en las venas! ¿Qué nos pasa?
Todas las generaciones babeando frente a la tele, y el mundo se nos va al garete. ¿Dónde han quedado las ganas de luchar? ¿Dónde el apoyo del pueblo al pueblo? ¿Dónde?
Fijamos la vista en la propia nariz y olvidamos que hay algo más allá de nosotros mismos.
Luego nos da "penita" la pequeña parte de información que nos llega por el telediario acerca de las guerras, el hambre, la contaminación, ... Y a cambiar de canal, que no pasa nada, que está la Esteban en el otro canal.
Y luego están las ONGs -no todas- que se estafan, como mínimo, la mitad de lo que sacan haciendo sentir culpable a la gente. Se aprovechan de las ganas de mejorar el mundo, o al menos, de las conciencias de alguna gente. Hay que ser cabrones.
Y así seguimos, con los ojos entrecerrados, sin querer mirar a lo evidente.
Todos víctimas sin poner oposición de lobotomías sociales.
Y hablo de "nosotros" porque en el fondo ¡nos afecta a todos! Aunque no queramos, aunque nos neguemos. Así es, nos afecta, nos aliena.
Sólo pido a quien lea esto que recupere algo de su sangre, algo de fuerza, de opinión, de ganas de luchar y de cambiar las cosas. Y que no abandone, aunque la cosa esté para tirarla. Que aunque parezca que no hay nada que hacer, todo cuenta, que lo peor es no hacer nada.
Y que si nos unimos, siempre podemos hacer algo, aunque parezca poco.
En días como hoy, sólo me apetece tomar las calles y hacer algo. Algo que sirva. Protestar y remover conciencias, hacer entender a la masa que lo que se ve en las noticias no sólo es una mínima parte de lo que sucede en realidad, sino que es REAL, que no es simplemente una imagen en nuestros televisores que está tan lejos de nosotros y que no nos afecta.
Que no debemos, que no podemos desentendernos, que si no somos parte de la solución estamos siendo parte del problema.
¡Qué impotencia más grande! Y yo aquí, escribiendo. Cada segundo que paso sin hacer algo me parece un desperdicio.
En esta sociedad parece que estamos atolondrados.
Lo que no da un resultado inmediato no se aprecia, así que no hacemos nada. No cambiamos nada.
Y eso es lo que falta. ¡Faltan ganas de cambiar el mundo! ¡Falta sangre en las venas! ¿Qué nos pasa?
Todas las generaciones babeando frente a la tele, y el mundo se nos va al garete. ¿Dónde han quedado las ganas de luchar? ¿Dónde el apoyo del pueblo al pueblo? ¿Dónde?
Fijamos la vista en la propia nariz y olvidamos que hay algo más allá de nosotros mismos.
Luego nos da "penita" la pequeña parte de información que nos llega por el telediario acerca de las guerras, el hambre, la contaminación, ... Y a cambiar de canal, que no pasa nada, que está la Esteban en el otro canal.
Y luego están las ONGs -no todas- que se estafan, como mínimo, la mitad de lo que sacan haciendo sentir culpable a la gente. Se aprovechan de las ganas de mejorar el mundo, o al menos, de las conciencias de alguna gente. Hay que ser cabrones.
Y así seguimos, con los ojos entrecerrados, sin querer mirar a lo evidente.
Todos víctimas sin poner oposición de lobotomías sociales.
Y hablo de "nosotros" porque en el fondo ¡nos afecta a todos! Aunque no queramos, aunque nos neguemos. Así es, nos afecta, nos aliena.
Sólo pido a quien lea esto que recupere algo de su sangre, algo de fuerza, de opinión, de ganas de luchar y de cambiar las cosas. Y que no abandone, aunque la cosa esté para tirarla. Que aunque parezca que no hay nada que hacer, todo cuenta, que lo peor es no hacer nada.
Y que si nos unimos, siempre podemos hacer algo, aunque parezca poco.
Blogger FAIL!,
Bueno, al parecer la pobre gente de Blogger ha tenido unas 20h y pico bastante duras intentando restaurar el sistema, que tuvo un fallo después del mantenimiento técnico rutinario y blablabla...
Así que yo, que por una vez había escrito mi entrada NO en el límite de tiempo -cosa que pasa una vez cada 70 y pico años, en plan Cometa Halley- ¡no la había podido subir hasta ahora!
Aclarado esto, me dispongo a subirla y a desear con todas mis fuerzas que se restaure correctamente el sistema, deje de hacer líos con las etiquetas de mis posts, y me devuelva los comentarios -las entradas parecen estar ya a salvo.
¡Gracias por leer!
Así que yo, que por una vez había escrito mi entrada NO en el límite de tiempo -cosa que pasa una vez cada 70 y pico años, en plan Cometa Halley- ¡no la había podido subir hasta ahora!
Aclarado esto, me dispongo a subirla y a desear con todas mis fuerzas que se restaure correctamente el sistema, deje de hacer líos con las etiquetas de mis posts, y me devuelva los comentarios -las entradas parecen estar ya a salvo.
¡Gracias por leer!
Inútil
Muchas veces me planteo lo inútil que soy en muchos sentidos. No es que esté en plan depresivo-auto-compasivo (creo), sino que simplemente, lo siento así. Como por ejemplo cuando me piden consejo, o en esos momentos en los que ves cómo alguien que aprecias muchísimo se viene abajo, y no sabes hacer nada por detenerlo.
Me pasa a menudo, y no lo soporto. Pienso que merecen a alguien mejor que sea capaz de sacarlos adelante, que sea capaz de tirar de ellos, de darles una idea genial, y no aguanto no ser capaz de ser esa persona que hace falta, capaz de sacar una sonrisa, como hacen ellos conmigo. De animar las cosas, de hacer que no parezca tan grave, o incluso de abrirles los ojos si es necesario, como hicieron conmigo en su momento. De aliviarlo todo por un segundo y que la vida no parezca la mierda que está siendo entonces, o que al menos tenga mejor pinta. Aunque sea un poco.
Pero una y otra vez me pasa lo mismo, que me siento una completa estúpida, una inútil. Comprender no es suficiente. Y lo que importa no es eso, que me sienta idiota. Sino que me da la sensación de que realmente no soy capaz de devolverles lo que ellos me han dado.
Quizás es una gilipollez, pero últimamente no paro de pensarlo. Me siento como una imbécil emocional -creo que estos días, más de uno me lo ha oído un par de veces.
Y no me apetece que me digan que no es así. No quiero. Lo único que me apetece es tener la solución a sus problemas, o al menos la clave para hacerles sentir mejor. ¡Joder! Simplemente hacer por ellos lo que hacen por mí, como mínimo. Para sentir que mi amistad les vale de algo, para verles sonreír un poco. Yo que sé. Para hacerles entender lo que me importan, y conseguir mejorar un poquito sus vidas, como hacen conmigo.
Es tantísimo lo que tengo que agradecerles que me parece fatal por mi parte no poder ofrecerles como mínimo, lo mismo.
Y sin embargo, aquí estoy, perdida y sin saber por dónde buscar la solución...
Supongo que algo aprenderé de ellos, de mis amigos, de mi familia, con el tiempo.
Hasta entonces intentaré todo lo que pueda, aunque sea torpe y, sinceramente, se me de fatal.
Aguantadme hasta entonces, ¡si podéis! Espero que en este caso, la intención cuente.
---
PD: Joder, ¡bien de tacos que he escrito hoy! ¿De dónde han salido?
Me pasa a menudo, y no lo soporto. Pienso que merecen a alguien mejor que sea capaz de sacarlos adelante, que sea capaz de tirar de ellos, de darles una idea genial, y no aguanto no ser capaz de ser esa persona que hace falta, capaz de sacar una sonrisa, como hacen ellos conmigo. De animar las cosas, de hacer que no parezca tan grave, o incluso de abrirles los ojos si es necesario, como hicieron conmigo en su momento. De aliviarlo todo por un segundo y que la vida no parezca la mierda que está siendo entonces, o que al menos tenga mejor pinta. Aunque sea un poco.
Pero una y otra vez me pasa lo mismo, que me siento una completa estúpida, una inútil. Comprender no es suficiente. Y lo que importa no es eso, que me sienta idiota. Sino que me da la sensación de que realmente no soy capaz de devolverles lo que ellos me han dado.
Quizás es una gilipollez, pero últimamente no paro de pensarlo. Me siento como una imbécil emocional -creo que estos días, más de uno me lo ha oído un par de veces.
Y no me apetece que me digan que no es así. No quiero. Lo único que me apetece es tener la solución a sus problemas, o al menos la clave para hacerles sentir mejor. ¡Joder! Simplemente hacer por ellos lo que hacen por mí, como mínimo. Para sentir que mi amistad les vale de algo, para verles sonreír un poco. Yo que sé. Para hacerles entender lo que me importan, y conseguir mejorar un poquito sus vidas, como hacen conmigo.
Es tantísimo lo que tengo que agradecerles que me parece fatal por mi parte no poder ofrecerles como mínimo, lo mismo.
Y sin embargo, aquí estoy, perdida y sin saber por dónde buscar la solución...
Supongo que algo aprenderé de ellos, de mis amigos, de mi familia, con el tiempo.
Hasta entonces intentaré todo lo que pueda, aunque sea torpe y, sinceramente, se me de fatal.
Aguantadme hasta entonces, ¡si podéis! Espero que en este caso, la intención cuente.
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PD: Joder, ¡bien de tacos que he escrito hoy! ¿De dónde han salido?
Cambios
Estoy a poco más de un mes de acabar mi primer curso en la escuela de teatro. A poco más de un mes de mi primer curso viviendo fuera de casa -y digo "casa" porque sigue siendo mi hogar".
Es increíble lo rápido que ha pasado el tiempo, aunque a la vez me da la sensación de que mi vida allí hace más o menos un año, queda increíblemente lejos. Tengo una sensación temporal muy, muy rara. Como si no terminara de creerme ni que esta sea mi vida ahora, ni que esa lo fuera hace tan poco tiempo -ni tanto.
Esto suena muy raro, quizás es difícil de entender cuando no lo has vivido.
Pero han habido tantos cambios en este tiempo que apenas me reconozco, pero sigo siendo la misma. Incluso cuando vuelvo a la isla hay momentos en los que parece que el tiempo no ha pasado, y momentos en los que estoy fuera de lugar por todo lo que he cambiado.
A veces recuerdo cómo era hace un año y pienso "¡era gilipollas!". Dando prioridad a nimiedades, preocupándome por estupideces. Otras veces pienso "Joder, pero cómo molaba todo", cuando me vienen a la mente imágenes de momentos con las personas más cercanas. Momentos que no sólo son irrepetibles, sino que aquí, hoy por hoy, son inimitables al no estar ellos cerca. Después reflexiono más y me acuerdo de que por estas fechas el año pasado ya estaba empezando a cambiar. Había madurado un poco, había reflexionado acerca de algunos temas en los que llevaba bloqueada muchísimo tiempo... Y en realidad tampoco era tan gilipollas. Pero cuando recuerdo los arranques idiotas de adolescencia no sé qué pensar. Y cosas de mi entorno que no entendí en su momento, hoy están claras y las agradezco muchísimo.
Bueno, y eso que sigo siendo adolescente, claro, pero... ¡venga ya! Nunca había sido tan adolescente como cuando estuve a punto de empezar a dejar atrás un poco de mi adolescencia.
Sin embargo, supongo que debía de pasar por esas cosas. Y tampoco es que ahora esté hecha toda una mujer -ni mucho menos, ¡por favor!-, ni que tenga las cosas totalmente claras, ni que sea el colmo de la madurez. Pero tantos cambios en tan poco tiempo me han hecho diferente en algunos aspectos...
Tampoco me arrepiento de cómo fui. Ahora no sirve de nada.
Y ahora, después de escribir todo esto, me encantaría ver mi cara en un futuro si vuelvo a leerlo unos cuantos años después, o puede que no tantos. Seguramente vuelva a pensar que era bastante idiota...
Es increíble lo rápido que ha pasado el tiempo, aunque a la vez me da la sensación de que mi vida allí hace más o menos un año, queda increíblemente lejos. Tengo una sensación temporal muy, muy rara. Como si no terminara de creerme ni que esta sea mi vida ahora, ni que esa lo fuera hace tan poco tiempo -ni tanto.
Esto suena muy raro, quizás es difícil de entender cuando no lo has vivido.
Pero han habido tantos cambios en este tiempo que apenas me reconozco, pero sigo siendo la misma. Incluso cuando vuelvo a la isla hay momentos en los que parece que el tiempo no ha pasado, y momentos en los que estoy fuera de lugar por todo lo que he cambiado.
A veces recuerdo cómo era hace un año y pienso "¡era gilipollas!". Dando prioridad a nimiedades, preocupándome por estupideces. Otras veces pienso "Joder, pero cómo molaba todo", cuando me vienen a la mente imágenes de momentos con las personas más cercanas. Momentos que no sólo son irrepetibles, sino que aquí, hoy por hoy, son inimitables al no estar ellos cerca. Después reflexiono más y me acuerdo de que por estas fechas el año pasado ya estaba empezando a cambiar. Había madurado un poco, había reflexionado acerca de algunos temas en los que llevaba bloqueada muchísimo tiempo... Y en realidad tampoco era tan gilipollas. Pero cuando recuerdo los arranques idiotas de adolescencia no sé qué pensar. Y cosas de mi entorno que no entendí en su momento, hoy están claras y las agradezco muchísimo.
Bueno, y eso que sigo siendo adolescente, claro, pero... ¡venga ya! Nunca había sido tan adolescente como cuando estuve a punto de empezar a dejar atrás un poco de mi adolescencia.
Sin embargo, supongo que debía de pasar por esas cosas. Y tampoco es que ahora esté hecha toda una mujer -ni mucho menos, ¡por favor!-, ni que tenga las cosas totalmente claras, ni que sea el colmo de la madurez. Pero tantos cambios en tan poco tiempo me han hecho diferente en algunos aspectos...
Tampoco me arrepiento de cómo fui. Ahora no sirve de nada.
Y ahora, después de escribir todo esto, me encantaría ver mi cara en un futuro si vuelvo a leerlo unos cuantos años después, o puede que no tantos. Seguramente vuelva a pensar que era bastante idiota...
Run through the rain
Hoy tampoco sé muy bien de qué escribir, pero lo que me pasa por la cabeza es esto.
Por alguna extraña razón me gustaría que estuviese lloviendo ahora mismo con fuerza, como la semana pasada. Fue extraño, pero sin saber muy bien por qué me sentaba bien oír la lluvia pegando con fuerza en el suelo de la calle. Sólo tenía ganas de meterme de lleno bajo ella sin que importara acabar empapada, y dar un paseo con el sonido de las gotas golpeando las aceras como única música.
Y todo esto viendo cómo la gente corría por las calles a refugiarse bajo cualquier techo, como si cayera ácido en vez de agua. La mayoría parecía pensar que se les había arruinado el día, pero a mí por alguna razón me parecía perfecto que ocurriera.
De hecho, ese día la lluvia era preciosa. Sonaban truenos a lo lejos, y poco se podía ver porque caía tanta agua y con tanta fuerza que parecía que quería hundir la tierra. Lo inundaba todo, hasta el aire. Hasta el ruido estridente de la ciudad se veía azorado por el potente estruendo de la tormenta.
Comenzó estando yo en clase, y mezclada con las notas de piano que sonaban y la coreografía simplemente era para perder el aliento.
Y lo mismo me pasa ahora. Esta noche parece demasiado vacía sin esa lluvia fuerte, de gotas enormes que hacen muchísimo ruido, y que consiguen que la gente se refugie dejando la calle para un par de nostálgicos que queramos disfrutarla. Para salir un rato de aquí a caminar y al volver, ver una película con una manta y una taza de té. Bueno, y ya para rematar faltaría una buena compañía, pero eso es aún más difícil, estando en donde estoy, que el hecho de que llueva.
Lo sé, soy rara, extremadamente rara. No me importa admitirlo, creo que es mucho peor que se tenga que descubrir el pastel más adelante. Y en realidad, tampoco me importa serlo... Al menos creo que la vida se me hace más interesante siendo así.
Pero a veces me harto un poco a mí misma al ver lo complicada que soy. Me cuesta entenderme a mí misma, y entiendo que al resto pueda costarle muchísimo más. De hecho, hay días en que realmente no comprendo cómo hay quien permanece a mi lado después de conocerme. Aunque también alejo gente.
Y me siento tan estúpida e incomprensible que abrirme a los demás me parece absurdo.
Pero no es eso de lo que quiero escribir ahora.
Ahora simplemente quisiera que lloviera e irme a correr bajo la tormenta sin pensar en mañana.
Por alguna extraña razón me gustaría que estuviese lloviendo ahora mismo con fuerza, como la semana pasada. Fue extraño, pero sin saber muy bien por qué me sentaba bien oír la lluvia pegando con fuerza en el suelo de la calle. Sólo tenía ganas de meterme de lleno bajo ella sin que importara acabar empapada, y dar un paseo con el sonido de las gotas golpeando las aceras como única música.
Y todo esto viendo cómo la gente corría por las calles a refugiarse bajo cualquier techo, como si cayera ácido en vez de agua. La mayoría parecía pensar que se les había arruinado el día, pero a mí por alguna razón me parecía perfecto que ocurriera.
De hecho, ese día la lluvia era preciosa. Sonaban truenos a lo lejos, y poco se podía ver porque caía tanta agua y con tanta fuerza que parecía que quería hundir la tierra. Lo inundaba todo, hasta el aire. Hasta el ruido estridente de la ciudad se veía azorado por el potente estruendo de la tormenta.
Comenzó estando yo en clase, y mezclada con las notas de piano que sonaban y la coreografía simplemente era para perder el aliento.
Y lo mismo me pasa ahora. Esta noche parece demasiado vacía sin esa lluvia fuerte, de gotas enormes que hacen muchísimo ruido, y que consiguen que la gente se refugie dejando la calle para un par de nostálgicos que queramos disfrutarla. Para salir un rato de aquí a caminar y al volver, ver una película con una manta y una taza de té. Bueno, y ya para rematar faltaría una buena compañía, pero eso es aún más difícil, estando en donde estoy, que el hecho de que llueva.
Lo sé, soy rara, extremadamente rara. No me importa admitirlo, creo que es mucho peor que se tenga que descubrir el pastel más adelante. Y en realidad, tampoco me importa serlo... Al menos creo que la vida se me hace más interesante siendo así.
Pero a veces me harto un poco a mí misma al ver lo complicada que soy. Me cuesta entenderme a mí misma, y entiendo que al resto pueda costarle muchísimo más. De hecho, hay días en que realmente no comprendo cómo hay quien permanece a mi lado después de conocerme. Aunque también alejo gente.
Y me siento tan estúpida e incomprensible que abrirme a los demás me parece absurdo.
Pero no es eso de lo que quiero escribir ahora.
Ahora simplemente quisiera que lloviera e irme a correr bajo la tormenta sin pensar en mañana.
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